Política

Lo que el revisionismo se quiere llevar

El primer ministro británico dice que es "absurdo y vergonzoso" que haya que proteger la estatua de Churchill, el líder del antifascismo

Lo que el viento se llevó

Escena de 'Lo que el viento se llevó'.

Las estatuas de Leopoldo II en Bélgica, Cristóbal Colón en América o de Winston Churchill en el Reino Unido corren peligro. También clásicos del cine como Lo que el viento se llevó, que ha desaparecido del catálogo de HBO Max. No es apta para el momento revisionista que vivimos.

En Oxford los estudiantes piden la caída de la estatua de Cecil Rhodes, supremacista pero también benefactor de la Universidad donde estudió. En Londres se teme un fin de semana caliente de choques entre los defensores de los monumentos a Churchill y los que consideran al primer ministro más admirado de la Historia del Reino Unido como otro racista más. El primer ministro británico, Boris Johnson, ha asegurado que retirar las estatuas de personajes contradictorios es «mentir sobre nuestra historia».

Lo que el viento se llevó fue rodada en 1939, relata la historia de Scarlett O’Hara y Rhett Butler durante la Guerra Civil estadounidense. Es un clásico del cine y una de las películas más vistas de la Historia. Hattie McDaniel, la actriz que da vida al personaje de Mammie, la criada de Scarlett O’Hara, fue la primera afroamericana en ganar un Oscar en 1940. Aún así, sufrió la segregación racial y luchó en contra durante su vida. Falleció en Los Angeles en 1952.

Su entierro no pudo tener lugar en el cementerio de la ciudad porque aún entonces los afroamericanos tenían vetada su inhumación en los mismos camposanto que los blancos. En 1999 se erigió en ese mismo lugar un cenotafio en su recuerdo.

‘Lo que el viento se llevó’ glorifica el Sur de antes de la guerra. Perpetúa algunos de los estereotipos más dolorosos sobre las personas de color», escribió John Ridley, guionista de ‘Doce años de esclavitud’

«Es una película que glorifica el sur de antes de la guerra. Este filme se detiene solo en perpetuar algunos de los estereotipos más dolorosos de las personas de color”, escribió el guionista John Ridley, el oscarizado autor de Doce años de esclavitud en Los Angeles Times. Pedía que se retirara del catálogo «un tiempo respetuoso» y se reintroduzca con otros películas que complementen la visión de la Historia.

HBO Max ha hecho caso. Cuando vuelva al catálogo, Lo que el viento «regresará con una discusión de su contexto histórico y una denuncia de esas mismas representaciones».

Corrió tiempo atrás el mismo destino Canción del Sur, de 1946, excluida del catálogo de Disney+, por considerarla «ofensiva». Son relatos, con un tono racista, inspirados en las historias de esclavos afroamericanos.

Little Britain (2003) es otra serie que se eliminado de los catálogos de Netflix, BritBox y BBC iPlayer la comedia de sketches creada por David Walliams y Matt Lucas, en la que los protagonistas se disfrazan para interpretar personajes de distintos orígenes étnicos. Netflix también retiró Come Fly With Me, de Walliams y Lucas.

Matt Lucas ya decía en 2017 que si hiciera de nuevo Little Britain, «no lo haría igual, no haría esos chistes sobre travestis, ni interpretaría a personaje negros. Hicimos un tipo de comedia más cruel de lo que ahora me gustaría escenificar».

¿Necesitamos que nos expliquen que lo que se refleja en la ficción en estas películas no responde a la realidad?

Movilización de la ultraderecha

Después del pasado fin de semana, cuando algunos manifestantes en apoyo del movimiento Black Lives Matter (las vidas de los negros importan) derribaron estatuas y pintaron monumentos, simpatizantes de la ultraderecha se preparan para movilizarse el próximo sábado.

Están llamando a defender los memoriales y han convocado un acto de «unidad patriótica» en la estatua de Winston Churchill en Westminster, la misma que apareció pintada con la palabra «racista» tras las marchas antiracistas.

Suscriben estos llamamiento el grupo Britain First y el activista de ultraderecha Tommy Robinson, según informa The Guardian. La propaganda de estas marchas muestra la imagen de Churchill manchada con esa acusación de racismo. Para evitar daños este viernes la estatua del legendario primer ministro ha amanecido totalmente cubierta.

Está convocada por la Alianza del Fútbol Democrático, una red que surgió como consecuencia de los ataques terroristas de 2017 en Inglaterra, que se considera ultraderechista por los activistas antiracistas.

Boris Johnson, gran admirador de Winston Churchill, ha señalado en su cuenta de Twitter que entiende el clamor por la injusticia del racismo, pero eso no justifica los destrozos que algunos manifestantes han realizado en estatuas de personajes históricos, ni los deseos de retirarlas.

«No podemos intentar revisar o censurar nuestro pasado. No podemos fingir que tenemos una historia deferente. Las estatuas de nuestras ciudades y pueblos fueron erigidas por generaciones anteriores. Tenían diferentes perspectivas y diferentes concepciones de lo que es correcto y lo que no lo es. Pero esos monumentos nos enseñan sobre nuestro pasado, con todos sus errores. Echarlas abajo sería mentir sobre nuestra historia y empobrecer la educación de las próximas generaciones», ha dicho el primer ministro británico.

Gran admirador de Winston Churchill, sobre quien escribió El Factor Churchill, ha dicho el actual primer ministro: «Es absurdo y vergonzoso» que haya que proteger la estatua de Churchill, que es «un recordatorio permanente de su logro de salvar a este país, y a toda Europa, del fascismo y de la tiranía racista».

Ha añadido Johnson: «Algunas de sus opiniones ahora nos resultan inaceptables, cierto, pero fue un héroe y merece este monumento».

Resulta llamativo que sean los ultraderechistas quienes defienden la memoria de Winston Churchill. Su biógrafo, Andrew Roberts, autor de Churchill. La biografía (editorial Crítica) nos explicaba cómo el primer ministro británico que lideró al Reino Unido en la Segunda Guerra Mundial sobresale, especialmente, «por su resiliencia en defensa de la democracia contra todo aquello que podía amenazarla».  

Cristóbal Colón acusado de «genocida»

Tampoco se ha librado Cristóbal Colón, el descubridor de América, del vandalismo. En Richmond, Virginia, y en Boston, Massachusetts, los manifestantes pintaron el martes sendas estatuas del navegante que llegó a América en 1492 al servicio del imperio fundado por los Reyes Católicos.

Un millar de manifestantes se congregó ante el monumento a Colón en Richmond con el fin de expresar su solidaridad con los pueblos indígenas, según el Richmond Times Dispatch. «Derribémoslo», coreaban algunos de los allí presentes, de acuerdo con la agencia Efe.

«Colón representa el genocidio», pintaron en la base donde estaba el monumento. Arrancaron la estatua de bronce del pedestal y la dejaron en un estanque cercano.

La estatua de Colón, regalo de la comunidad italoamericana, se ha retirado finalmente del parque, donde fue erigida en los años 20. Aún no se sabe dónde se emplazará.

Tras el incidente, en el que no hubo detenciones, la estatua, erigida en la década de 1920 como regalo de la comunidad italoamericana, fue retirada hoy del estanque por el Departamento de Parques y Recreación, sin que se sepa dónde la han llevado.

A la par en Boston, el ayuntamiento se disponía a retirar este miércoles la estatua de Cristóbal Colón de piedra que hay en el parque que lleva el nombre del navegante, en el norte de la ciudad. Apareció decapitada. El alcalde de Boston, Marty Walsh, ha dicho que se va a estudiar dónde situar el monumento.

En el informe Columbus Day? Sí, gracias, elaborado por María Saavedra de The Hispanic Council, en octubre de 2019, la investigadora señala cómo «Colón no llegó a pisar a lo largo de su vida el territorio de lo que hoy son los EEUU. Además, Colón era un enviado de la Corona española y las leyes españolas desde los Reyes Católicos consideraban a los habitantes nativos de América en igualdad de derechos y obligaciones que los habitantes de la España peninsular».

En suma, María Saavedra concluye que «los ataques a la figura de Cristóbal Colón carecen de rigor histórico. Colón se ha convertido en el chivo expiatorio para los que intentan reescribir la historia de América y de Estados Unidos, por lo que se le atribuyen muchos sucesos que tuvieron lugar varios siglos después». 

El rey del colonialismo belga

En Bélgica el objetivo es el rey Leopoldo II (1835-1909), a quien se hace responsable del genocidio del imperialismo belga. Entre 10 y 15 millones de personas fueron asesinadas en la depredación del Congo belga, según el historiador Adam Hochschild, autor de Los fantasmas del rey de los belgas. Un holocausto olvidado.

El pasado fin de semana aparecieron con pintadas muchas estatuas del rey Leopoldo. Hay una recogida de firmas en marcha para retirarlas de la vida pública.

Los partidos mayoritarios en el Parlamento de Bruselas han solicitado que se forme un grupo de trabajo para descolonizar el espacio público. De llevarse a cabo, afectará no solo a estatuas, sino también a nombres de calles y plazas que tengan relación con el pasado colonial.

En pleno siglo XX, en 1958, dos años antes de la independencia del Congo, Bélgica exhibió a personas traídas del Congo en una especie de zoo humano.

Exhibición de personas procedentes del Congo en Bruselas, 1958. Fuente: Twitter @HugoClement

Bélgica explotó el Congo durante su época colonial. Extrajo recursos como el caucho y para ello sometió a trabajos forzados a su población, a quienes imponía severos castigos en caso de indisciplina. Es una de las páginas más vergonzantes de la historia de los belgas.

Qué hacer con las estatuas de supremacistas

Londres, liderada por Sadiq Khan, es uno de los 130 ayuntamientos laboristas que van a revisar todos los monumentos, y nombres de calles y de instituciones, dedicados a personajes históricos considerados supremacistas.

Una medida que puede ser la vía que pueden copiar otros alcaldes es la adoptada en Bristol, donde el ayuntamiento va a recuperar la estatua de Edward Colston, que los manifestantes arrojaron el sábado pasado al mar y la va a emplazar en un museo de historia de la ciudad donde se explique quién fue y qué hizo.

Es precisamente lo que propone el líder laborista, Keir Starmer, quien en pocos meses está dándose a conocer como un político pragmático y dialogante, muy distinto de su predecesor, Jeremy Corbyn.

Starmer considera que «no debería haberse derribado la estatua, y menos cómo se hizo», pero ha subrayado que entiende la indignación de las 100.000 personas que se han manifestado en el Reino Unido para denunciar el racismo y el abuso policial, a propósito del asesinato de George Floyd.

Ha añadido: «Hace tiempo que deberíamos haber retirado la estatua. No tiene sentido mantenerla en el siglo XXI: no podemos rendir homenaje a un esclavista. Pero debería haberse retirado y exponerla en un museo».

El historiador Julián Casanova, catedrático en la Universidad de Zaragoza, decía este miércoles en RNE que «cuando se plantean estas cuestiones es porque hay un pasado fragmentado (esclavitud, dictaduras, revoluciones…), memorias divididas, y cuando pasa algo es porque hay presentes divididos, es decir, cuando alguien usa políticamente ese pasado para llevarlo a su momento». Muchas veces esa reacción se produce porque algo lo activa, como ha sido en este caso la muerte de George Floyd, cuya agonía vemos todos en video.

La revisión que se plantea ahora obedece a un uso político: se trata de adaptar el pasado al presente que yo quiero», afirma el historiador Julián Casanova

«La revisión la hacen siempre los historiadores La revisión que se plantea ahora obedece a un uso político: adaptar el pasado al presente que yo quiero. El revisionismo ligado al continuo debate y profundización. Pero como se utiliza ahora es una invención de la historia, no importa el conocimiento porque no acuden a los historiadores. Esto se ve en todos los movimientos de ultraderecha en Europa. Quienes promueven este revisionismo solo buscan ganar más poder», decía Julián Casanova, especializado en Historia Contemporánea.

En Estados Unidos, cita Casanova, si el presidente no fuera divisivo, no activaría la reacción que se ha desatado en el Black Lives Matter.

Las bases no se tocan

Y Donald Trump va a seguir siendo Donald Trump hasta el final. La ligera mejoría en la economía le llevó el viernes a pronunciar un discurso triunfalista con intención de pasar página. Sin gran acierto porque llegó a decir que estaba seguro de que George Floyd, convertido en una bandera de la lucha contra el racismo, se alegraría de los buenos datos de empleo en Estados Unidos.

Ahora, con el renacer de la furia revisionista, se ha plantado a defender a ultranza los nombres de una decena de bases americanas, entre ellas Fort Hood, la más grande del mundo, y ha dicho en Twitter un «hasta-ahí-podríamos-llegar».

Trump incluso ha amenazado con vetar cualquier proyecto de ley que pretenda cambiar el nombre de los generales confederados por otros de la Unión. El republicano Abraham Lincoln, que abolió la esclavitud, lideraba a la Unión.

Lo curioso es que en algunos estados del Sur como Alabama y Virginia están empezando a retirar símbolos confederados después de las denuncias de racismo procedentes de Black Lives Matter.

El Pentágono llegó a estar dispuesto a debatir sobre el tema. Los activistas de derechos civiles consideran que enaltecen a generales que defendieron la esclavitud en la Guerra Civil de Estados Unidos (1861-1865). Aunque perdieron la guerra los estados del Sur, en toda la geografía de EEUU perviven los símbolos que enaltecen a figuras que defendían la esclavitud y la supremacía blanca.

Trump los defiende como parte de la Historia de Estados Unidos. Y es cierto que sus trayectorias explican el pasado de este pueblo. También Martin Luther King y el movimiento de derechos civiles, a los que Trump sigue ignorando.

Es la ignorancia lo que daña a los ciudadanos, más que una estatua o una película. Lo que el viento se llevó es una obra de ficción, producto de una época, no es un tratado de Historia. Hemos de situar a los personajes de nuestro pasado, con sus luces y sombras, en su contexto, sin que ello nos lleve a honrar a auténticos criminales. Pero no todo es lo mismo: si los británicos dejan que la ultraderecha monopolice la memoria de Churchill, se estará violando su memoria.

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