Quienes pintaron la estatua de Winston Churchill en Westminster con la palabra «racista» son «unos ignorantes». Andrew Roberts, autor de Churchill. La biografía (editorial Crítica), explica a El Independiente cómo a los manifestantes de la protesta antirracista en Londres les diría que «Churchill fue el mayor antifascista de la Historia. Sin Churchill, Adolf Hitler, un auténtico racista, habría matado a mucha más gente por motivos racistas». Unos seis millones de judíos fueron víctimas del Holocausto. Churchill defendió la participación británica en la Segunda Guerra Mundial con el fin de poner freno al régimen nazi.

La oleada de protestas en todo el mundo ha desembocado en algunas ciudades, como Londres o Bristol, y también ciudades belgas, en el derribo de estatuas de diferentes personajes históricos, a quienes los manifestantes vinculan con el racismo, como el tratante de esclavos Edward Colston, o el ataque con pintadas a los monumentos al ex primer ministro británico Winston Churchill o al rey belga Leopoldo II.

En Londres la estatua de Winston Churchill en Westminster ha aparecido con una pintada en la que se leía «racista». Un espontáneo ha quitado los papeles con insultos que habían pegado al monumento. Y la policía ha procedido a limpiarla y ya está de nuevo impoluta. El limpiador que se ha encargado del trabajo se llamaba Winston, según ha tuiteado Carl Dinnen, de ITV.

A juicio del historiador Andrew Roberts, más que vergonzoso se trata de una muestra de ignorancia. «Un racista busca imponerse a otras razas, algo que jamás hizo Churchill. De hecho, estaba orgulloso de que la incorporación de los nativos de las colonias permitiera la expansión del imperio británico. Estaba orgullo de que la esperanza de vida de los no blancos se duplicara bajo el poder británico en la India, algo que jamás haría un racista».

Un racista busca imponerse a otras razas, algo que jamás hizo Churchill. De hecho, estaba orgulloso de que la esperanza de vida de los no blancos se duplicara bajo el poder británico en la India», dice Roberts

Roberts, que se ha adentrado en la vida y obra de Churchill a través de su obra de casi 1.500 páginas en su traducción al español, asegura que el legendario primer ministro británico «reaccionaría con calma ante estos insultos y trataría de que quienes le califican de racista se formaran sobre la verdad, y que leyeran libros que expliquen lo que creía realmente, lo que dijo y lo que hizo».

A quienes evocan algunas alusiones de Churchill para justificar su supuesto racismo, Roberts les recuerda la época en la que vivió el primer ministro británico. «Era un niño cuando todavía vivía Darwin: entonces se consideraba probada científicamente la jerarquía racial, que ahora nos parece execrable». De ahí que Churchill expresara algunas ideas que hoy nos parecen incomprensibles sobre la «superioridad de los británicos» sobre «los bárbaros alemanes», o sobre «los salvajes» en la India.

Aniversario del Día D

Justo este fin de semana se cumplía el 76 aniversario del Día D, el mayor desembarco de la Historia que marcó el principio del fin del régimen nazi. Aquel 6 de junio de 1944 regía los destinos del Reino Unido el conservador Winston Churchill.

Ese martes, Churchill sorprendió a los Comunes: «Tengo que anunciar también a la Cámara que en el transcurso de esta noche, y a primeras horas de la mañana de hoy, se ha venido produciendo la primera gran oleada de una serie de desembarcos en la Europa continental». Los diputados sabían lo que significaban esas palabras. El órdago de los aliados a Hitler. Solo ese día de junio hubo 9.000 bajas, pero los pronósticos auguraban muchas más.

Desde que asumió el poder, en mayo de 1940, Churchill estaba comprometido en la lucha contra el nazismo. Así lo dejó claro en el más célebre de sus discursos, conocido por las palabras «sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas», el primero que pronunció como jefe del Gobierno británico.

Aviso a los manifestantes en Westminster: ensuciar la estatua de Churchill en el aniversario del Día D no es la mejor manera de defender vuestras ideas», escribe Piers Morgan

«Lo que tengo que decirle a la Cámara, como ya les he transmitido previamente a quienes componen este gobierno, es esto: ‘Nada tengo que ofrecer, salvo sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas‘. Nos espera una de las pruebas más penosas que cabe imaginar. Ante nosotros tenemos muchos, muchos y largos meses de lucha y sufrimiento. Sin duda os preguntaréis: ¿Cuál es nuestra política? Y yo os respondo: Nuestra política consiste en hacer la guerra por tierra, mar y aire con todas nuestras fuerzas y el vigor que Dios quiera otorgarnos; nuestra labor estriba en batallar contra una tiranía monstruosa que no conoce precedente alguno en el sombrío y desalentador panorama de la delincuencia humana. Esa es nuestra política», había dicho Winston Churchill, cuatro años antes del Día D.

Piers Morgan, del programa Good Morning Britain de la ITV, ha tuiteado, en recuerdo del aniversario del Día D: «Aviso a los manifestantes en Westminster: ensuciar la estatua de Churchill en el 76 aniversario del Día D no es la mejor manera de defender vuestras ideas». Y añadía en otro tuit: «Esto es repugnante. Churchill salvó a este país del peor racista de la Historia».

Sir Winston Churchill es el primer ministro británico más admirado en el Reino Unido, aunque perdiera las elecciones celebradas el 26 de julio de 1945, justo al finalizar la Segunda Guerra Mundial. En el editorial del Daily Mail podía leerse: «No les gusta el hecho de que un defensor del Imperio Británico sea tan admirado por tantos. Incluso ahora, los sondeos indican que es el más querido de todos los primeros ministros británicos».

La admiración que despierta en la mayoría de los británicos, incluido el primer ministro, Boris Johnson, se explica, a juicio de Andrew Roberts, «porque supo cómo hacer frente a las tres grandes amenazas de la democracia en el siglo XX: la Alemania guillermina, Hitler y los nazis, y el comunismo soviético de Stalin». Y añade el autor de Churchill. La biografía: «Lo hizo antes que nadie, y tuvo el coraje de no cambiar su mensaje a pesar de ser atacado por hacer lo que hizo».

Edward Colston derribado

En Bristol ha sido la estatua del tratante de esclavos Edward Colston la que ha derribada y arrojada al mar en el puerto de la ciudad del sur de Inglaterra. La imagen evocaba el derribo del monumento a Sadam Hussein, al caer Bagdad, en 2003.

Los manifestantes realizaron todo un ceremonial con Colston, a quien acusan de haberse enriquecido con la venta de esclavos. Nacido en una familia de comerciantes en el siglo XVII, Colston habría comerciado con más de 80.000 a través de la Compañía Real Africana.

En su época fue un personaje relevante en la ciudad, muy activo como donante, lo que explica que en Bristol haya un colegio con su nombre, una sala de conciertos, un edificio oficial, una calle y una avenida.

Tras echar el monumento al suelo, erigido en 1895, algunos participantes en la protesta colocaron su rodilla en el cuello de la estatua, emulando el brutal gesto del agente blanco Derek Chaubin con George Floyd, el afroamericano que se ha convertido en el emblema de toda la movilización antiracista.

La estatua en honor a Colston ha ido a parar cerca de Pero’s Brigde, el puente de Pero, un esclavo que vivió y murió en la ciudad a finales del siglo XVIII. El Reino Unido abolió el tráfico de esclavos en 1807, pero se siguió ejerciendo en las colonias británicas hasta 1834.

«Reino Unido no es racista»

El primer ministro británico actual, Boris Johnson, gran admirador de Churchill, ha dicho, a través de su portavoz, que el Reino Unido «no es un país racista». Según Johnson, «una cuestión es que haya discriminación y racismo, que lo hay aunque se haya avanzado, y otra cuestión es que los británicos seamos racistas».

En su cuenta de Twitter, Boris Johnson ha lamentando que las protestas legítimas han derivado en muchas ocasiones a puro vandalismo. «Tenemos el derecho a protestar de forma pacífica, siempre que se respete la distancia social, pero lo que no se puede hacer es atacar a la policía. Estas protestas han derivado en vandalismo, y por eso están traicionando a la causa a la que sirven. Los responsables tendrán que rendir cuentas».

En un video difundido este lunes, el primer ministro británico se refiere a la estremecedora muerte de George Floyd, que «ha despertado una ola de indignación en todo el mundo». Asegura: «Es una indignación por la injusticia del racismo, que muchas veces se basa en hechos fehacientes… Estoy orgulloso de encabezar el gobierno con mayor diversidad racial de la historia de este país… Ahora somos un país menos racista que en los 70 pero hemos de seguir esforzándonos».

Advierte del momento en que vive en el Reino Unido por los estragos del coronavirus, enfermedad que él ha sufrido en carne propia. «No apoyo a quienes se saltan las normas y violan la distancia social… Tampoco a quienes derriban los monumentos públicos o la propiedad pública. Vivimos en democracia. Estáis haciendo daño a la causa que representáis».

Boris Johnson se dirige al movimiento Black Lives Matter: «Tenéis razón, Black Lives Matter, estamos de acuerdo en que las vidas de los negros importan; y a aquellos que habéis elegido la vía pacífica para manifestaros, y habéis respetado la distancia social, os digo: Sí, por supuesto, os he escuchado, os comprendo».

Sobre las pintadas en la estatua de Winston Churchill, ha sido muy tajante la titular de Interior, Priti Patel, quien ha calificado a los autores como «repugnantes criminales». Ha añadido Pratel: «Winston Churchill es uno de los británicos más honorables de nuestra historia. Le hemos de agradecer por la libertad que tenemos ahora de poder manifestarnos y protestar. Los vándalos que han hecho esto pagarán por ello ante la Justicia».