Pedro Sánchez, presidente del gobierno de España, y Pablo Casado, líder de la oposición, han coincidido en recurrir a palabras del legendario Winston Churchill en sus discursos más trascendentales de esta semana crítica en la lucha contra el coronavirus. El primer ministro británico que estuvo al frente del Reino Unido en la fase crucial de la Segunda Guerra Mundial cuenta con un Nobel en su haber y no es el de la Paz. Ganó el Premio Nobel de Literatura en 1953. Es autor de muchos de los mejores discursos de la historia del siglo XX.

«Aunque nos abrumen las cifras de contagio, resistiremos. Aunque nos preocupe el impacto económico, que nos preocupa y ocupa, resistiremos. Aunque nos cueste mantener la moral en pie. Unidos resistiremos los golpes de la pandemia. Jamás nos rendiremos y venceremos», dijo Sánchez.

Así evocó a Winston Churchill, el ídolo del actual primer ministro, Boris Johnson, el líder del Partido Socialista y jefe del gobierno español, Pedro Sánchez, en su alocución a la nación del martes 17 de marzo. Tomó el púlpito 2.0 para explicar a los ciudadanos españoles las razones para declarar el estado de alarma con motivo de la expansión del Covid-19.

Evoca Pedro Sánchez las palabras de la mayor arenga que pronunció Churchill en su vida. El 4 de junio de 1940, cuando apenas llevaba apenas tres semanas como primer ministro británico, afronta el desafío de explicar en el Parlamento cómo las Fuerzas Armadas británicas, junto a franceses y belgas, han sufrido un golpe casi mortal en Dunkerque.

El 4 de junio había abandonado las playas de Dunkerque el último soldado británico: Harold Alexander. La Fuerza Expedicionaria Británica había perdido más de 40.000 combatientes, entre muertos, heridos y prisioneros de guerra. Desde el 10 de mayo la Royal Air Force (RAF) había perdido más de mil aviones y 1.127 efectivos, entre pilotos y miembros de la tripulación.

En la Operación Dinamo (evacuación) habían participado 933 barcos británicos, de los cuales 236 habían resultado aniquilados y otros 61 inservibles. Así lo explica Andrew Roberts en Churchill. La biografía. Al saber de semejante desastre, Churchill exclamó: «Parece que ya solo nos queda el Victoria & Albert (el buque real)». 

Primero Churchill expone los hechos, se refiere al avance alemán, el corte de las líneas de comunicación de la Fuerza Expedicionaria Británica con Amiens y Abbeville, y la Blitzkrieg ejecutada con perfección por el ejército de Adolf Hitler.

Las guerras no se ganan con evacuaciones. Pero esta liberación tiene algo de victoria, y así debe señalarse», dijo Churchill

«Hemos de poner el máximo cuidado para no caer en la trampa de adjudicar a esta liberación los atributos de una victoria. Las guerras no se ganan con evacuaciones. Pero esta liberación tiene algo de victoria, y así debe señalarse», dijo Churchill, en un discurso que, según el último de sus biógrafos, el historiador Andrew Roberts, es «un discurso comparable a los de Pericles y Abraham Lincoln».

Churchill califica lo sucedido como «un desastre militar de colosal magnitud» y advierte: «Hemos de ser conscientes de que solo nos cabe esperar que en breve se abata otro golpe similar sobre nosotros o sobre los franceses. Nos dicen que Herr Hitler ha fraguado un plan para invadir las islas británicas».

Sin ocultar la cruda realidad y los peligros que acechaban a los británicos, Churchill intenta transmitir confianza a su pueblo y a los diputados. «Si todos cumplimos con nuestro deber, si nada se deja al azar, y si se adoptan las mejores medidas, tal y como ya está ocurriendo, volveremos a demostrarnos a nosotros mismos que tenemos el ímpetu imprescindible para defender la isla que habitamos, para capear la tempestad bélica y para sobrevivir a la amenaza de la tiranía».

Defenderemos nuestra isla a cualquier precio, batallaremos en las playas, guerrearemos en los campos y en las calles, nos batiremos en las colinas. Nunca nos rendiremos», clamó ante los Comunes

Es entonces cuando llega la parte culminante de su discurso, la que toma como referencia Sánchez: «Llegaremos hasta el final, lucharemos en Francia, en los mares y en los océanos, pelearemos en el aire, combatiremos con confianza creciente y con fuerzas renovadas. Defenderemos nuestra isla a cualquier precio, batallaremos en las playas, guerrearemos en los aeródromos, lucharemos en los campos y en las calles, nos batiremos en las colinas. Nunca nos rendiremos (We will never surrender). Y aun en el caso, que ni por un instante veo posible, de que esta isla o gran parte de ella quede sometida y hambrienta, nuestro imperio, abierto al otro lado de los mares, armado y protegido por la flota británica, continuaría resistiendo hasta que Dios disponga llegado el momento de que el Nuevo Mundo, con todo su poder y su fuerza, dé un paso al frente y acusa en rescate y liberación del Viejo».

Incluso varios diputados laboristas se emocionaron. El laborista Harold Nicolson, escribió a su esposa, la escritora Vita Sackville-West: «Esta tarde, Winston Churchill ha pronunciado el mejor discurso que jamás se haya escuchado. La Cámara quedó profundamente conmovida».

Juan Manuel Vizuete Calafell, socio fundador de Retoria Formadores en Comunicación, afirma en un artículo publicado en la plataforma Beers & Politics: «Churchill está realizando tres cosas en esta última parte del discurso. La primera, está preparando los ánimos de su pueblo para el combate, para la lucha en todos los sentidos. La segunda es pedirle ayuda directamente a Estados Unidos (el nuevo mundo) para que les salve. La tercera ocurre con una anáfora y una gradación retórica: está trazando la estrategia de batalla a seguir durante la guerra».

«No es solo un discurso, es la exposición de una estrategia militar a la población para prevenirla ante el combate. Todo ello con un solo objetivo: No rendirse jamás», concluye Vizuete Calafell.

Sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas

El experto en comunicación política compara este discurso con el primero que pronunció Churchill como primer ministro, el 13 de mayo de 1940. El momento era también extraordinariamente difícil. Churchill había sucedido a Neville Chamberlain el 10 de mayo, que había perdido hasta el apoyo de gran parte de su partido por la sucesivas derrotas frente a la Wehrmacht. Alemania había invadido Polonia, Noruega y Dinamarca sin que los británicos pudieran evitarlo.

Churchill no era popular ni en su partido. Tenía una voz desagradable y pocos confiaban en que tuviera éxito. Con todo en contra, se presenta en los Comunes. Con la palabra les conquista y seduce a los británicos.

Lo que tengo que decirle a la Cámara… es esto: ‘Nada tengo que ofrecer, salvo sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas», recitó el primer ministro conservador

«Lo que tengo que decirle a la Cámara, como ya les he transmitido previamente a quienes componen este gobierno, es esto: ‘Nada tengo que ofrecer, salvo sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas‘. Nos espera una de las pruebas más penosas que cabe imaginar. Ante nosotros tenemos muchos, muchos y largos meses de lucha y sufrimiento. Sin duda os preguntaréis: ¿Cuál es nuestra política? Y yo os respondo: Nuestra política consiste en hacer la guerra por tierra, mar y aire con todas nuestras fuerzas y el vigor que Dios quiera otorgarnos; nuestra labor estriba en batallar contra una tiranía monstruosa que no conoce precedente alguno en el sombrío y desalentador panorama de la delincuencia humana. Esa es nuestra política», dijo Churchill.

Marina de Miguel, consultora y socia fundadora de RedComPol, explica en un artículo en Beers & Politics que Churchill ofrece «honestidad frente a promesas de un futuro brillante, el primer paso para convertirse en un líder. Algo que la ciudadanía valoró y que hizo que le escucharan. Supo poner ante los ciudadanos todo lo que tenía, su trabajo».

Ofrece honestidad frente a promesas de un futuro brillante, el primer paso para convertirse en un líder», escribe Marina de Miguel en Beers & Politics

A juicio de Marina de Miguel, demuestra que tiene «las ideas muy claras en cuanto a lo que debe hacer el Reino Unido… Demuestra, sobre todo, a los ingleses que al frente de la crisis había un líder».

A ese «blood, toil, tears and sweat (sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas)» se refirió el líder del Partido Popular, Pablo Casado, en su intervención este miércoles en el Parlamento, donde Sánchez expuso las razones del decreto sobre el estado de alarma.

«Aquel fue un discurso relativamente corto pero que apelaba directamente a los sentimientos de los ingleses, instándoles a que se preparasen para la guerra por tierra, mar y aire. Apelaba a la unión y la fuerza, luchando juntos contra un enemigo común. Sin embargo, en We shall never surrender es más largo con un peroratio realmente interesante», escribe Vizuete Calafell.

Cómo comunicar una crisis única

Todos nos movemos en un territorio desconocido. Es un escenario completamente nuevo. Los líderes políticos también. Resulta complejo saber cómo comunicar y a la vez es fundamental hacerlo bien.

La tentación de recurrir a la épica es difícil de resistir… y esa oratoria de tintes históricos puede ser incluso bien recibida en dosis moderadas», señala Luis Tejero

«En una situación excepcional como esta, con millones de españoles atrapados en sus casas y sentados irremediablemente ante sus pantallas, nuestros representantes son conscientes de que sus declaraciones públicas tienen una audiencia mayor que nunca. Ni siquiera durante los debates electorales consiguieron que sus palabras captaran la atención de tanta gente al mismo tiempo. La tentación de recurrir a la épica es difícil de resistir en medio de esta avalancha de noticias negativas, y esa oratoria con tintes históricos puede ser incluso bien recibida por la audiencia si se incorpora en dosis moderadas en los discursos», explica Luis Tejero, director de Asuntos Públicos de Grayling.

Sin embargo, hay que tener cuidado de no cometer errores. «A los comunicadores públicos en tiempos de crisis se les aconseja que sean prudentes, transparentes y empáticos y, en esta situación específica, que ofrezcan más seguridad que incertidumbre a unos ciudadanos que llevan días encerrados», añade Tejero.

Verónica Fumanal, presidenta de la Asociación de Comunicación Política, señala cómo este discurso «invita a la épica, al sacrificio… En comunicación de crisis para ser creíble y dar garantías de una situación hay que hacer una comunicación sin adornos, sin figuras retóricas para que los ciudadanos entiendan que estamos en una emergencia y sepan cuáles son los mensajes».

Algunos líderes políticos están abusando de ciertas retóricas y conceptos publicitarios. Intentan hacer épica y no retórica. Nos deberían hablar con crudeza», afirma Fumanal

Según Fumanal, algunos líderes políticos en España «están abusando de ciertas retóricas y conceptos publicitarios («esto lo pararemos unidos»). Están intentando hacer una épica y no una retórica. Los ciudadanos han de ver al Estado, no a un partido. Con metáforas, retóricas, intentan una memorabilidad que no es lo apropiado en esta crisis sanitaria. Nos deberían hablar con toda su crudeza. Para que estemos preparados para lo que viene, que creo que todavía no nos hemos hecho a la idea».

El referente de Churchill siempre es atractivo. Convenció y venció. Es el sueño de los líderes en la Segunda Guerra Mundial y en esta nueva guerra sanitaria.