Rememoró Pedro Sánchez a Winston Churchill en aquel impresionante discurso pronunciado el 4 de junio de 1940 en la BBC tras la derrota de Francia y la retirada de los soldados aliados de Dunkerque. El primer ministro británico quería preparar a su pueblo para una eventual invasión de las tropas de Hitler: «Lucharemos en las playas, lucharemos en los campos, en las calles, lucharemos en las colinas… We shall never surrender!». «No nos rendiremos jamas», ha dicho el presidente del Gobierno con una solemnidad que, por primera vez, no pareció impostada.

Por fin hemos visto determinación, conciencia del enorme reto al que nos enfrentamos. Aunque el camino a seguir lo marcó el lunes Emmanuel Macron (con su plan de 300.000 millones), el presidente se ha olvidado de las medias tintas, de las dudas que mostró la semana pasada, y ha cogido al toro por los cuernos.

Las medidas parecen suficientes como para evitar el cierre masivo de empresas

Le pedimos una respuesta contundente desde estas páginas y Sánchez no se ha quedado corto: 200.000 millones (casi el 20% del PIB) para hacer frente a una situación sin precedentes, que puede provocar una profunda recesión, el cierre de miles de empresas y el despido de cientos de miles de trabajadores.

El riesgo que tenía el Gobierno era quedarse corto, o bien que que su plan fuera destinado fundamentalmente a paliar los efectos de la crisis en los más desfavorecidos (la tentación de Pablo Iglesias). Naturalmente, hay que proteger a las principales víctimas del tsunami económico que acompaña al coronavirus, y me parecen bien las medidas de aplazar el pago de hipotecas o de facilitar el cobro del desempleo a los que no hayan acumulado tiempo suficiente para recibir la prestación, pero lo más importante es salvaguardar la continuidad de las empresas, impedir que se vean obligadas a cerrar.

Destinar 117.000 millones de euros a dar liquidez (hay otros 83.000 millones que tiene que salir del sector privado) es una medida adecuada para que las empresas puedan capear el temporal. No olvidemos que casi el 85% del tejido productivo en España lo componen pequeñas y medianas empresas que van a ver reducidas sus ventas de manera muy significativa en las próximas semanas. Garantizarles liquidez es garantizarles la vida.

El paquete aprobado este martes es, como dijo el presidente, el mayor que se ha puesto en práctica en nuestra democracia. Yo diría que en nuestra historia. Pero la única forma de hacer creíble aquello de «haremos lo que haga falta» era poner sobre la mesa un plan contundente, inapelable.

Para que se hagan una idea, 200.000 millones significan casi la mitad del Presupuesto y 50.000 millones más de los que gasta el Estado en pensiones. Es también el 20% de nuestra deuda pública.

Mi única duda sobre este decreto es cómo van a quedar los autónomos. Me temo que sus demandas no han sido tomadas en cuenta -al menos las más relevantes sobre el aplazamiento en el pago de impuestos y cotizaciones- y van a ser las victimas de un plan que, por lo demás, parece sólido.

No sabemos cómo va a afectar este decreto al déficit y a la deuda, ya que dependerá del tiempo que dure la crisis, pero Bruselas tiene que permitir que los países del euro se defiendan de una recesión que amenaza con ser tan dañina como lo fue la crisis financiera que comenzó en 2008 tras la caída de Lehman Brothers.

El decreto del estado de alarma y, sobre todo, el de medidas económicas demuestran que el presidente le ha tomado el pulso a la situación

Entre las medidas que aprobó el Consejo de Ministro está la limitación para que empresas extranjeras puedan lanzarse a comprar gangas en la Bolsa española aprovechando los bajos precios. El Ibex dio su aprobación al decreto y reaccionó con fuerza subiendo un 6,4%. Telefónica (una de las empresas opables) se disparó un 17,8%.

Durante los últimos días hemos criticado en El Independiente a Sánchez por su lentitud y torpeza para afrontar la crisis del coronavirus. En situaciones como estas es cuando se ve la capacidad de liderazgo.

Pues bien, la aprobación del decreto del estado de alarma y, sobre todo, la aprobación del decreto de medidas económicas demuestran que el presidente le ha tomado el pulso a la situación. Ahora falta el consenso. Esperemos al debate sobre Presupuestos.