Política 70 ancianos fallecieron en Elder

Los trabajadores de la residencia de Tomelloso: "Una psicóloga se dedica sólo a atendernos"

Los propietarios del centro privado, intervenido aún por el Gobierno de Castilla-La Mancha, piden recuperar la gestión total

Fachada de la residencia Elder de Tomelloso. GOOGLE

La residencia Elder de Tomelloso (Ciudad Real) abrirá sus puertas el próximo lunes a los familiares de los ancianos que llevan tres meses sin salir al exterior ni recibir visitas por la crisis del coronavirus.

Ha sido una de las más castigados por el virus. Hasta 70 ancianos fallecieron allí, según los datos que manejan los trabajadores. Cuando se dieron los primeros contagios, antes de declararse el estado de alarma, había más de 150 residentes. De éstos, murió el 30% y el fatídico número total lo completan los mayores contagiados en otros centros o en hospitales que la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha trasladó a esta residencia para evitar que la situación se repitiera en otras.

Tanto los trabajadores como los ancianos empiezan a ver la luz. Sobre todo cuando saben que el lunes podrán ver a su familia. Fuentes de la Consejería de Sanidad, que intervino la residencia privada Elder cuando se desató la crisis y mantiene el control sobre ésta, trasladan a El Independiente que el próximo 22 publicarán una resolución por la que se permitirán «dos visitas semanales con una duración de una hora por cada residente libre de Covid, previa inscripción en un registro que estará gestionado por cada residencia [la resolución es para todos los centros de la región], tanto del visitante como de la persona que recibe la visita».

Fuentes laborales confirman a este diario que ya no hay ningún residente con síntomas graves y la mayoría de los que han recibido las pruebas de sus test han dado negativo. Atrás quedan las imágenes de «cuatro féretros saliendo al día por la puerta», que dejaron «abatida» a la plantilla de 118 trabajadores, como explican ellos mismos.

Una de las mujeres se estaba pintando las uñas cuando le llevamos la comida y a la hora de la cena la encontramos muerta

«Son nuestra familia, algunos nos tratan como si fuéramos sus hijos. Fue muy duro verles morir. Una de las mujeres se estaba pintando las uñas y hablando con su hija cuando le llevamos la comida. Tenía malestar general, ningún síntoma grave y a la hora de la cena la encontramos muerta», recuerda uno de los trabajadores del centro.

Cuatro psicólogos prestaban sus servicios para actividades no sólo de la residencia, sino de la Fundación Elder en distintas localidades de la provincia. Al decretarse el estado de alarma, trabajan únicamente dentro del centro. «Una psicóloga se dedica sólo a atendernos a nosotros, a los trabajadores. Esto nos ha dejado marcados. Algunas cosas que estamos viviendo son muy difíciles, como ver todas las pertenencias de los ancianos muertos, sus andadores, sillas de ruedas y demás, esperando a ser recogidas por sus familiares».

Los propietarios piden recuperar el control

Los contagios se dieron tan rápido entre la primera y la segunda semana de marzo en la residencia, entre ancianos y trabajadores, que hubo demasiadas bajas de golpe. Ante la falta de personal sanitario y las alertas de contagio que llegaban desde el exterior, el Servicio de Salud de Castilla-La Mancha intervino en el centro sanitariamente.

Desde entonces organiza los turnos del personal y también ha aportado a un médico procedente del Hospital de Alcázar de San Juan. En este momento son dos en la residencia. El Gobierno de Emiliano García-Page decidió dividir el centro en tres zonas: una para quienes tenían coronavirus, otra para quienes no y una última en la que se aisló a los sospechosos de tenerlo. El personal prestaba sus servicios en una u otra. Desde la Consejería de Sanidad consideran que «gracias a todas estas medidas adoptadas, la situación en la residencia ha mejorado mucho».

Por eso, y puesto que se aproxima el final del estado de alarma, los propietarios del centro piden a la Junta recuperar todas las competencias, puesto que, según explican, ellos tienen ya la gestión económica pero la organización del personal (también de limpieza y comedor) la hacen los responsables designados por el Gobierno para controlar la situación.

También hacen una valoración positiva de cómo se ha abordado la situación, pero afirman que al principio, «cuando se produjo la mayoría de contagios y ni siquiera el Hospital de Tomelloso sabía como actuar, se sintieron abandonados por la falta de protocolos».

El pueblo se queda sin fiestas ni piscina

La grave situación de la residencia Elder fue un reflejo del rápido contagio que se dio en la localidad de Tomelloso, con la tasa de mortalidad más alta de toda España.

La incidencia de una cepa muy virulenta (la misma que la del funeral de Haro, La Rioja), la proximidad con Madrid y la alta edad de la población fueron algunos de los elementos del trágico cóctel de la localidad entre marzo y abril, con casi 200 fallecidos según datos extraoficiales.

El 27 de marzo, el Hospital General de Tomelloso tenía 187 pacientes ingresados por coronavirus. Desde el día 16 de junio, ya no tiene ninguno. Ha recuperado las consultas externas para las patologías que no pueden demorarse ni ser atendidas por teléfono. En los dos centros de salud del municipio se prima la atención telefónica para dar cita a los pacientes, que no coincidan en las salas de espera y se hacen pruebas PCR a quienes presentan síntomas. En toda la región, según fuentes del Gobierno, se hacen 10.000 pruebas de este tipo al día.

El Ayuntamiento de la localidad, todavía con miedo, ha suspendido las fiestas patronales en honor a la Virgen de las Viñas que deberían tener lugar entre el 24 y el 30 de agosto. La piscina municipal no abrirá, las misas se celebran con un tercio de capacidad de la Iglesia y el mercadillo de los lunes aún no ha vuelto.

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, reprochó en una rueda de prensa un macro botellón celebrado en el pueblo hace pocas semanas. Fuentes del consistorio explican que, después del incidente, la alcaldesa publicó un bando con el que prohibió la venta de alcohol a partir de las 22 horas y recordó las sanciones del estado de alarma basadas en la Ley de Seguridad Ciudadana, así como reforzó la presencia de Policía Local y la colaboración con la Guardia Civil. En todo caso, puntualizan que «no hubo 3.000 personas como se afirmó, sino unas trescientas». Aseguran que el pueblo, por lo general, está cumpliendo y, a pesar de que «ha sufrido mucho, su carácter luchador le permitirá salir de esta».

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