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Monarquías del siglo XXI: sexo, espías y maletines con dinero negro

La supervivencia de los reyes está ligada a su capacidad para unir al país y para ofrecer ejemplaridad

Ilustración: Carmen Vivas

Los reyes son una especie en extinción en el siglo XXI. «En unos años no habrá monarquías en el mundo», confiesa Jaime Peñafiel, el periodista español que lleva tratando a la realeza europea desde hace más de cinco décadas. Su supervivencia en la actualidad se basa en su poder unificador y su ejemplaridad. Los reyes están condenados a ser intachables para sobrevivir.

Quien fuera icono de la transición española, el rey emérito, está siendo investigado por presunto delito fiscal al no declarar en España los beneficios de una cuenta que abrió en un banco suizo a nombre de la fundación Lucum. Ahí había depositado los 64,8 millones de euros que le donó el rey saudí Abdul Aziz al Saud. La Fiscalía investiga si hubo irregularidades y si no es una donación, como mantiene Juan Carlos I, si no pago de comisiones por el contrato de la adjudicación de la ampliación del Ave a La Meca.

Todo se ha sabido por el testimonio de una de sus amantes, Corinna Larsen, a quien le gusta presentarse como Corinna zu Sayn-Wittgenstein, y del comisario Villarejo, que había espiado a la empresaria relacionada con el entonces rey.

Corinna Larsen es la «amiga especial», en sus propias palabras, que acompañaba al entonces rey Juan Carlos I en abril de 2012, cuando se cayó y se rompió la cadera en una residencia en Botsuana, donde estaba cazando elefantes cuando España estaba en plena crisis económica.

El 14 de abril de 2012, día en el que se conmemora la proclamación de la República, se supo que le habían operado en Madrid. Empezaba su descenso a los infiernos. El 2 de junio de 2014 Juan Carlos I anunciaba su abdicación en su hijo Felipe VI.

En 1936 también había renunciado al trono Eduardo VIII. El tío de la actual reina Isabel II abdicó para casarse con la mujer que amaba, Wallis Simpson, una estadounidense divorciada dos veces. En 1948 también cedió el testigo a su hija Beatriz la reina Juliana de los Países Bajos. A su vez, Beatriz abdicó en 2013 en su hijo Guillermo Alejandro, actual monarca, casado con la argentina Máxima Zorreguieta. En Bélgica ese mismo año se retiraba el príncipe Alberto, que tuvo que hacer frente a una reclamación de paternidad.

Es el mayor escándalo conocido en una monarquía europea porque afecta a quien fue titular de la Corona casi 39 años. No hay otro caso similar», dice Jaime Peñafiel

«Es el mayor escándalo conocido en una monarquía europea porque afecta a quien fue titular de la Corona casi 39 años. No hay otro caso similar», asegura a El Independiente Jaime Peñafiel, autor de Los 80 años de Sofía. A juicio del experto en Casas Reales, al rey emérito «solo le queda hacer mutis por el foro para no hacer más daño a la institución, pero el problema es quién lo echa. Solo podría hacerlo su hijo, Felipe. ¡Qué papel tan dramático el suyo!», exclama Peñafiel en la conversación telefónica.

La historia se repite con tintes cada vez más oscuros. El rey emérito, que llegó al trono elegido por el dictador Francisco Franco para sucederlo, tuvo que traicionar a su padre, el legítimo heredero de Alfonso XIII, para reinar. Don Juan estuvo tiempo sin hablarle pero terminó entendiendo que no había otra manera de restaurar, o instaurar, la monarquía.

Ahora el actual monarca se ve presionado a renunciar a su padre para intentar que la institución sobreviva unos años más. «Leonor [la actual heredera] no va a reinar», sostiene convencido Jaime Peñafiel.

Según Peñafiel, que trató de cerca con Juan Carlos I, especialmente cuando era heredero al trono, «en España la institución está en una situación muy delicada. El propio Felipe descalificó públicamente a su padre y a partir de ahí todo el mundo se vio con derecho a entrar en la vida de don Juan Carlos. No se lo merece pero él se lo ha buscado. Ha sido un gran rey, pero la pasión por el dinero y las mujeres le ha llevado a la perdición».

Sobreviven mejor las más ricas

En el mundo hay 44 países (incluidos los 16 a los que representa la reina Isabel) que tienen a un monarca como jefe de Estado. Solo dos naciones se han transformado en repúblicas en el siglo XXI: Samoa, por muerte del último rey, y Nepal, donde se dio una combinación letal de rebelión comunista, levantamiento popular y un príncipe sanguinario.

Hay varias naciones influyentes que aún son monarquías como el Reino Unido, Japón, Países Bajos, España, Tailandia y varios países de Oriente Próximo. La mayoría ejercen un poder representativo. Muchas de las monarquías que sobreviven son las más ricas como la saudí o la emiratí, y en Europa destacan por su excelente cartera de inversiones el gran duque Enrique de Luxemburgo, seguido por el príncipe Hans Adam II de Liechtenstein y el príncipe Alberto de Mónaco. La cuarta es la reina de Inglaterra. El rey emérito cuando ocupó el trono de España a la muerte del dictador distaba mucho de ser rico.

En 2016 la monarquía británica contaba con un apoyo de un 86%, mientras que en nuestro país el respaldo apenas llegaba a la mitad de la población, según una encuesta de la que se hacía eco The Economist. En los sondeos de diferentes medios se mantiene esa división casi en dos mitades entre monárquicos y republicanos, pero cada vez son más los que demandan un referéndum, algo que requeriría la disolución de las Cortes y la convocatoria de nuevas elecciones.

Desde 2015 el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) no evalúa el apoyo a la monarquía, que ese año suspendió en valoración de los españoles (4,34 sobre 10).

Es la primera vez que salen a la luz informaciones sobre maletines cargados con dinero negro que van a parar a las arcas de un monarca en Europa. Se trata de un rey que se vio obligado a abdicar, es decir, no sigue en el poder.

Lo que sí se han conocido son otros casos de miembros de las casas reales europeas que han hecho temblar los cimientos de esas monarquías, aunque no tanto como en España.

En otras latitudes hay casos incluso más llamativos como las mil y una amantes de las que se rodea el rey tailandés, Maha Vajiralongkorn, a quien describen como un auténtico depredador sexual, que ha pasado el confinamiento en un lujoso hotel del sur de Alemania con sus concubinas. Quien ofenda al rey se expone en Tailandia a penas de cárcel de 15 años.

Tremendas son las sospechas que pesan sobre el heredero saudí, Mohamed bin Salman, a quien se relaciona directamente con la muerte del periodista Adnan Kahshoggi, que pretendía casarse con su novia turca, cuando desapareció en el consulado saudí en Ankara. Opositor a Bin Salman, después de haber sido muy cercano al príncipe, la sospecha de su asesinato recae sobre el equipo de seguridad de Mohamend bin Salman, que se sabe que aterrizó en Turquía poco antes del crimen y salió poco después.

Más cerca, el rey de Marruecos, el excéntrico Mohamed VI, quien habría regalado una finca de 45.000 metros cuadrados al emérito. Mohamed VI ha dado que hablar últimamente por su estrecha amistad con los hermanos Azaitar, unos boxeadores que se pasean por los palacios del monarca como si fueran su propia casa, como contaba Ignacio Cembrero en Vanitatis. El rey alauí es amante del lujo: tiene 600 automóviles, 12 residencias y suele lucir en su muñeca un Patek Philippe de 1,2 millones de euros.

Las comisiones del consorte holandés

Por apenas un millón de dólares, de los 70 eso sí, la Casa Real de los Países Bajos se tambaleó. En 1976 el rey consorte, nacido Bernardo de Lippe, aceptó una comisión de un millón de dólares de la empresa aeronáutica Lockheed para que las Fuerzas Armadas holandesas adquirieran sus cazas. El príncipe era inspector general del Ejército y utilizó su puesto para conseguir que saliera adelante este contrato.

La reina Juliana, que había heredado el trono tras la abdicación de su madre, Guillermina, y se había casado muy enamorada del apuesto aristócrata de origen alemán, puso su cargo a disposición del Parlamento. La reina se mantuvo en el trono, pero su marido quedó relegado a un papel decorativo. Al príncipe Bernardo también se le relacionó con las SS, para las que habría trabajado como espía.

También se supo en 2003 que había sido padre de una hija, fruto de su relación con una baronesa holandesa. La entonces reina Beatriz permitió que su hermana y la amante de su padre se despidieran de él en su lecho de muerte.

El ‘enfant terrible’ de la familia real belga

Los escándalos en Bélgica tienen siempre al mismo protagonista: el príncipe Laurent, hermano del actual rey. En 2006 se reveló que había desviado fondos de la Armada belga para pagar las obras en su residencia de vacaciones. Tal fue el golpe a la imagen de la monarquía que el entonces rey, el actual emérito Alberto II, firmó un decreto para que pudieran sentarlo en el banquillo y hubo de devolver los 175.000 euros. Finalmente en el juicio quedó exonerado. Entonces Alberto II dijo: «Nadie está por encima de la ley y la justicia debe poder hacer su trabajo con total independencia».

Alberto II tuvo a su vez que hacer frente a una demanda de paternidad de la escultora Delphine Boëhl, hija de la baronesa Sybille de Selys Longchamps. Después de una pelea judicial de una década quedó demostrado que su padre era el rey Alberto II.

Sobre el díscolo Laurent también se supo de sus negocios con los hijos del coronel libio, Muamar Gadafi, y de sus viajes, supuestamente de trabajo al Congo. Intentó pasar como gastos de representación gastos personales, y suma y sigue. En declaraciones a la prensa, ha señalado que siempre lo trataron distinto que al heredero y eso hace que esté «harto» de su familia.

Recientemente ha salido en defensa del rey Leopoldo II, cuyas imágenes han sido destrozadas en varias ciudades belgas. El príncipe argumenta que su antecesor jamás estuvo en el Congo y por ello no es responsable de lo que allí pasara. «Había mucha gente que trabajaba para Leopoldo II y ellos abusaron. Pero él nunca fue al Congo así que no veo cómo puedo hacer sufrir a la gente de allí», ha dicho el príncipe díscolo.

Incluso la reina viuda Fabiola, la española que se casó con el rey Balduino, enrojeció a los belgas cuando decidió crear una fundación privada, Fons Pereos, para que sus herederos, sus sobrinos porque no tuvo hijos, heredaran su capital sin hacer frente al 70% de impuestos con el que se gravan las fortunas en Bélgica cuando no hay herederos directos. Charles Michel, ahora presidente del Consejo Europeo, y entonces líder de los liberales francófonos, declaró: «Este tipo de evasión del dinero público al extranjero me llama la atención». Fabiola dejó una fortuna de unos 27 millones de euros.

‘Andy, el cachondo’, favorito de la reina Isabel

La reina Isabel II de Inglaterra ha sobrevivido a varios anni horribili: desde la desafección generada por su frialdad cuando murió Lady Di, ya divorciada del heredero, convertida en princesa del pueblo por obra y gracia del hábil Tony Blair al escándalo en el que está inmerso su hijo favorito, el príncipe Andrés, vinculado al millonario pederasta Jeffrey Epstein, o el distanciamiento de su nieto Harry, tras casarse con una actriz estadounidense divorciada.

Tanto el príncipe Andrés, a quien lo conocían como Randy Andy (Andy, el cachondo) de jovencito, como el segundo hijo del heredero, el príncipe Harry, han sido apartados de la Casa Real. Así Harry puede vivir en Estados Unidos y dedicarse a otros asuntos, siempre y cuando no comprometa el buen nombre de los Windsor.

El arresto de Ghislaine Maxwell, la hija del magnate mediático Robert Maxwell, que conectó al príncipe Andrés con su entonces pareja, Jeffrey Epstein, puede complicar la vida al hijo favorito de la reina Isabel II. Al menos una de las jóvenes reclutadas por el círculo de Epstein asegura que mantuvo relaciones sexuales con el príncipe Andrés cuando tenía 17 años. Hay fotos del Duque de York con la joven, a quien rodea la cintura, y a la salida de una residencia de Epstein en Nueva York.

Su ex esposa, Sarah Ferguson, que lo defiende ciegamente, también estuvo acusada de obtener sustanciosas coimas a cuenta de establecer relaciones con su esposo y con la casa real.

Incluso se llegó a relacionar al príncipe Carlos, el heredero, con un banco de inversiones encabezado por un oligarca ruso que habría colaborado con varias obras de beneficencia vinculadas al primogénito de la reina Isabel II, según informaba en 2019 la BBC. Una red de empresas offshore habría transferido miles de millones de dólares a The Prince’s Charities Foudation.

Y Carlos mantuvo viva su relación con Camilla Parker-Bowles, también casada, mientras una jovencísima Lady Di se esforzaba por dar la talla como esposa del heredero. Sus ardientes conversaciones con Camilla se filtraron a los medios para sonrojo de su madre, tan estricta y tan protectora de su intimidad toda su vida. El amor con Camilla sobrevivió a todo tipo de percances y acabaron casándose en 2005.

A sus 94 años, Isabel II lleva más de 68 años en el trono. Como se comprobó en su intervención en el momento más crítico de la pandemia del coronavirus, ella es quien da unidad al reino.

La longeva reina sabe, como señala un artículo titulado Cómo sobrevivirán las monarquías a la modernidad de The Economist, que «las monarquías modernas son frágiles, y su supervivencia depende de la valoración que merezcan quien están a cargo». Y concluye el semanario: «Si la monarquía no existiera, nadie la inventaría hoy en día».

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