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El reino saudí está desnudo

Internacional

El reino saudí está desnudo

Los ataques a instalaciones petroleras confirman cómo Arabia Saudí está lejos de ser una potencia regional imbatible

Arabia Saudí gastó 70.000 millones de dólares en armamento en 2018. Es el primer importador mundial de armas. Cuenta con la protección de la principal potencia del mundo, Estados Unidos. Sin embargo, nada pudo hacer para evitar los ataques del 14 de septiembre, ejecutados con drones y misiles, contra la mayor planta de procesamiento de petróleo del planeta, la refinería de Abqaiq, y el campo petrolífero de Khurais. El reino saudí quedó desnudo ante el mundo.

Los hutíes, la milicia proiraní contra la que combaten los protegidos de los saudíes en Yemen, reivindicaron estos ataques en el diario panárabe Rai al Youm. Aseguró un portavoz de los hutíes que lo hicieron con drones lentos, con motor de hélice, que no son detectados por los radares. Dijo que habían sido manejados desde Yemen. Reveló que habían sido ayudados por “aliados dentro de Arabia Saudí, incluso dentro del régimen”.

Lo último es su propuesta de parar los ataques contra Arabia Saudí, bien vista por el enviado especial de la ONU, Martin Griffiths, según informa The Guardian.

Sin embargo, saudíes y estadounidenses aseguraron, sin aportar pruebas, que Irán estaba detrás de estos atentados. El régimen de los ayatolás, enemigo acérrimo de Arabia Saudí, lo niega. Ya resulta ofensivo que Irán sea capaz de mostrar la vulnerabilidad saudí, pero si lo hubieran hecho los hutíes, a quienes combaten sin éxito desde hace cuatro años, sería humillante.

El secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, dijo en Yeda, donde se reunió con el heredero saudí, Mohamed bin Salman, que se trataba de “un acto de guerra”, si bien el presidente Donald Trump ha señalado que se van a tomar su tiempo. Suscribe esta tesis el reino saudí.

El Pentágono ha anunciado el viernes que se disponía a enviar tropas y misiles adicionales a Arabia Saudí y Emiratos Arabes Unidos. Irán ha subido el tono belicista este fin de semana, tras conocerse que Washington va a reforzar su presencia militar en la zona.

El presidente iraní, Hasan Rohani, ha advertido que la presencia de tropas extranjeras en el Golfo amenaza la seguridad de la región. Asegura que siempre han traído «dolor y miseria», y que no deben usarse en una carrera armamentística. Rohani ha anunciado que Irán va a presentar esta semana en la ONU una iniciativa de paz para el Golfo.

El comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria, Hossein Salami, ha advertido que cualquier país que ataque a Irán se convertirá en “un campo de batalla”, según informa Al Arabiya.

“Jamás permitiremos una guerra en el territorio de Irán”, ha añadido. Además ha recordado que derribarán cualquier dron que viole su espacio aéreo. Una escalada sería letal para la región y para todo el planeta.

EEUU y Arabia Saudí están aumentando la presión a un rival que domina la escalada. Irán sabe que puede hacer más daño a sus rivales que al contrario», afirma Félix Arteaga

“Los países del Golfo y los europeos buscan en la colaboración con EEUU una capacidad de disuasión. Esto se ha venido abajo. Quien tiene que ayudar a disuadir está provocando al agresor. EEUU y Arabia Saudí están aumentando la presión a un rival que domina la escalada. Sabe que puede hacer más daño a sus rivales que al contrario. Sabe que no habrá una respuesta muy contundente porque metería a EEUU y a Riad en un conflicto abierto”, explica Félix Arteaga, investigador especializado en Defensa y Seguridad, en el Real Instituto Elcano.

Saudíes y estadounidenses tienen presente cómo el régimen iraní aseguró que no iba a doblegarse ante la imposición de sanciones y que otros sufrirían las consecuencias de estas medidas punitivas. El presidente de EEUU, Donald Trump, decidió unilateralmente hace algo más de un año retirarse del Tratado Nuclear suscrito por EEUU y varios países de la UE con Irán. Desde entonces, ha restaurado las sanciones contra Teherán. Los efectos en la economía son devastadores.

Hasta ahora Irán se ha dedicado a hostigar a los barcos que atraviesan el estrecho de Ormuz. Es una señal que indica a EEUU y a sus aliados del Golfo que puede cerrar el paso cuando quiera. El incidente más grave hasta ahora fue el derribo de un dron de EEUU. Trump asegura que paró la represalia cuando el ataque ya estaba casi en marcha.

Arabia Saudí ha señalado que fueron 18 drones y siete misiles de crucero lanzados desde el norte los que impactaron en sus instalaciones petrolíferas. Desde Teherán hasta los reformistas se alegraban entre bambalinas al golpe perpetrado a los saudíes, que deja expuestas sus debilidades.

“Todo el mundo es consciente de que sería desastrosa una escalada bélica en esa zona, pero a la vez es muy fácil que se desencadene. Los iraníes llevan ganando este pulso desde 2006. Se aprovechan de los errores de los demás… No es que Irán gane, sino que los otros van perdiendo”, afirma Itxaso Domínguez, coordinadora para Oriente Próximo y Norte de África en la Fundación Alternativas.

Momento crucial para la imagen saudí

Los ataques a las instalaciones petrolíferas saudíes han dañado seriamente la reputación de Arabia Saudí en un momento crucial. La empresa estatal que gestiona la refinería de Abqaiq y el campo de Khurais, Aramco, estaba a punto de salir a Bolsa, y este golpe, el mayor en sus 87 años de historia, repercute en sus expectativas.

La producción, que se redujo al día siguiente a la mitad, se va a restablecer a finales de este mes, según informa Reuters. «Estamos más fuertes que nunca», afirma en un mensaje a los empleados su presidente, Amin Nasser.

Los precios del crudo subieron un 20%, un récord desde la invasión iraquí de Kuwait en 1990, al lunes siguiente a los atentados, pero esta reacción no se debe al temor por una supuesta falta de reservas. Arabia Saudí almacena reservas en el país, y también en macrodepósitos en Sidi Kerir, Okinawa y Rotterdam. EEUU también cuenta con producción suficiente. Era el temor a un conflicto y la incertidumbre que despierta que el reino saudí sea tan frágil.

Arabia Saudí es un país consciente de que gran parte de su economía depende del petróleo. Sigue sin tener un ejército bien estructurado, a pesar de las enormes compras de armas», señala Itxaso Domínguez

“Arabia Saudí siempre ha sido vulnerable. Es un país consciente de que gran parte de su economía depende del petróleo. Sigue teniendo un ejército débilmente estructurado, que no ha demostrado sus competencias, a pesar de las enormes compras de armas”, afirma Itxaso Domínguez. “Es una gran potencia en algunos sentidos, un hegemón en la región, dentro del bloque pro occidental conservador. Pero desde el punto de vista militar es muy vulnerable”, añade la experta.

Arabia Saudí, de hecho, lleva cuatro años mostrando su vulnerabilidad en Yemen. Los rebeldes hutíes, de confesión chií como los ayatolás, avanzaron hacia la capital, Saná, en 2014. El 26 de marzo de 2015 Arabia Saudí, en una coalición con Emiratos, Egipto, Marruecos y Sudán, empezó sus operaciones militares en Yemen.

A finales de 2018, los combates habían provocado 10.000 muertos, unos 60.000 heridos y 4,8 millones desplazados en una población de 30,5 millones. Unos 24 millones de yemeníes precisan asistencia de la ONU. Es la peor crisis humanitaria del planeta, según la ONU.

Amnistía Internacional, Human Rights Watch, la Campaña contra el Comercio de Armas, entre otras ONG, han denunciado cómo Arabia Saudí y Emiratos utilizan armas en este conflicto procedentes de sus compras a EEUU y diversos países europeos, entre ellos Francia, Reino Unido, Alemania, Italia, Bulgaria, y España.

A pesar de su aparente superioridad bélica, Arabia Saudí sigue empantanada en el conflicto yemení. Si se retirarse, sería otra muestra más de su vulnerabilidad.

Según Félix Arteaga, Mohamed bin Salman, el príncipe heredero saudí, “ha demostrado que quiere liderar a los países del Golfo frente a Irán, pero es incapaz de utilizar el poder militar y económico para acabar con la guerra de Yemen, por la vía militar y la diplomática. Ha optado por una política de fuerza que poco a poco se le vuelve en su contra. El conflicto está empantanado”.

Lo que ha quedado evidente para el mundo con los ataques a las instalaciones petrolíferas ya lo sabían los ayatolás. “Irán sabe que su rival no tiene la potencia militar de la que presume. No ha sido capaz de combatir a unas milicias mal armadas y con poca ayuda exterior. Es un fracaso en el juego de rivalidad regional”, añade el experto del Real Instituto Elcano.

El poder de Emiratos Árabes Unidos

El heredero saudí ya sufrió un duro golpe cuando fue señalado por la comunidad internacional como el autor intelectual de la muerte del disidente Jamal Kashoggi, asesinado en la embajada saudí en Estambul, el 2 de octubre de 2018.

Su campaña de imagen, en la que trataba de vender al mundo una Arabia Saudí más moderna, con cambios de cara a la galería como permitir que conduzcan las mujeres, se desmoronó como un castillo de naipes.

Ahora, justo cuando la joya de la corona, Aramco, salía a Bolsa el mundo ha visto cuán frágil es el poder petrolífero sobre el que se asienta el reino de los Saud. La población ya sabía que corría riesgos, pues Riad ha sido objeto de ataques desde Yemen, pero ahora también es consciente de que incluso las instalaciones petrolíferas están expuestas.

“Mohamed bin Salman sabe que la estrategia para garantizarse el futuro consiste en profesionalizarse, también desde el punto de vista militar. Es el objetivo del plan de diversificación económica. Bin Salman es consciente de que hay que acometer cambios drásticos”, explica Itxaso Domínguez.

El ejemplo es Emiratos Árabes Unidos. “Son los que más claros tienen qué tiene que hacer y cuáles son sus limitaciones. Están claras sus prioridades. Privilegian el interés nacional. Han diversificado su economía y también llevan la delantera desde el punto de vista militar. A la vez son muy pragmáticos. Aparentemente, Irán es el enemigo común, pero por Dubai pasa gran parte del dinero iraní”, afirma la experta de la Fundación Alternativas.

Menos conocido en Occidente que Mohamed bin Salman es el jeque Mohamed bin Zayed, heredero de Abu Dabi, y mentor de Mohamed bin Salman. Maneja el fondo soberano de Emiratos Árabes Unidos, el más rico del mundo, tiene a sus pies el 6% de las reservas de petróleo del mundo, y es quien mueve los hilos entre bambalinas en la Península Arábiga.

Igual recibe al Papa Francisco, a principios de 2019, que crea una sucursal del Louvre, paga los salarios de la guerrilla kurda, o compra tierras en Sudán del Sur dos años antes de su independencia. Quédense con el nombre. Mohamed bin Zayed.