«Si el Gobierno tiene alguna esperanza de reemprender el diálogo, antes tendrá que demostrar que tiene la firme voluntad de parar las hostilidades contra el movimiento independentista catalán» advirtió anoche Quim Torra en un mensaje institucional en el que dio por roto el incipiente diálogo con el Gobierno, después de que la justicia suspendiera la concesión del tercer grado a los condenados por el 1-O a petición de la Fiscalía.

Fue la Fiscalía Provincial de Barcelona la que ayer formalizó el recurso contra el tercer grado otorgado a los nueve condenados por el Tribunal Supremo -ayer se formalizaron de hecho seis recursos, están pendientes otros tres-. Mantenía así el criterio ya fijado con la concesión de otros beneficios penitenciarios. Pero esta vez, al tratarse de un grado penitenciario y no de la aplicación de medidas de tratamiento, el juez aplicó el automatismo de la suspensión.

Oriol Junqueras, Jordi Sánchez, Jordi Cuixart, Raül Romeva y Quim Forn ingresaron ayer tarde en el centro penitenciario Lledoners, sabiendo que no podrán abandonarlo este fin de semana, como han hecho en los dos últimos, para estar con sus familias.

Una medida que esperaban desde que el Tribunal Supremo se declaró competente para revisar las medidas aplicadas a los condenados por el 1-O, como había apuntado días atrás el propio Junqueras. Pero que incide de manera muy directa tanto en el calendario político catalán como en las expectativas del Gobierno de pactar, con la mayoría de la investidura, los próximos presupuestos generales.

Mesa de diálogo y presupuestos

La Mesa de diálogo, cuya convocatoria ha reclamado insistentemente Esquerra desde el pasado mes de junio, se había convertido ya un escollo importante. En las últimas semanas se ha hecho evidente que ni Sánchez ni Torra tenían excesivo interés en convocar un foro que se antoja extemporáneo para el Gobierno en plena pandemia, y que en el contexto catalán solo puede dar réditos a Esquerra. Pero los republicanos la han reclamado hasta el último momento.

Ahora, Torra tiene el argumento definitivo para negarse a convocarla. Con el regreso a prisión de Junqueras, los Jordis y los ex consellers condenados, la baraja puede darse por rota, como señaló anoche el president. En un Gobierno «que se vanagloria de controlar a la Fiscalía» los independentistas señalan a Sánchez y Pablo Iglesias como responsables directos de la actuación del ministerio público, pese a que poco habrá tenido que ver Dolores Delgado, Fiscal General y ex ministra de Justicia, en la decisión de la Fiscalía provincial de Barcelona.

Y sin Mesa, es imposible que los republicanos se sienten siquiera a negociar los presupuestos generales con el Gobierno. La geometría variable tejida por Pedro Sánchez durante el estado de alarma se queda coja ahora por la acción de la Justicia.

Junqueras: nos tienen miedo

La decisión judicial incide también en la campaña para las elecciones no convocadas por Torra, pero que todos esperan para otoño ante la más que probable inhabilitación del president. «Nos vuelven a encerrar porque nos tienen miedo y porque saben que en las urnas no nos ganan» aseguraba ayer Junqueras a las puertas de Lledoners.

El líder de Esquerra era la mejor baza de la precampaña republicana. Y su ingreso en prisión volverá a dejar al descubierto el escaso carisma de su candidato real, Pere Aragonés, frente a Carles Puigdemont.

Pero el retorno a prisión convierte a Junqueras de nuevo en mártir de la causa independentista, justo cuando Junts esperaba hacer de la inhabilitación de Torra el eje de su campaña electoral. La suspensión del tercer grado no es tampoco una buena noticia para el nuevo partido de Carles Puigdemont.

«Saben que solo nos pueden ganar si prohíben las urnas y si utilizan herramientas no democráticas. En democracia, los campeones somos nosotros», reivindicó el líder republicano en un acto frente a la prisión de Lledoners para ingresar a la cárcel después de la suspensión del tercer grado a los presos soberanistas. Junqueras compartió tribuna allí con Jordi Sánchez y Jordi Turull, de Junts, pero fue la estrella del acto junto a Jordi Cuixart. No en vano es entre los condenados el que afronta una pena más larga, 12 años.

El dirigente republicano acusó al Estado de intentar alterar la política a través de la Justicia pero aseguró que desde prisión no desfallecerán: «Saldremos de la cárcel y ganaremos. Hasta la victoria siempre».

Como China y Turquía

Ni una mención, por parte de Junqueras, a la defensa del diálogo con el Gobierno de Sánchez que ha abanderado su partido. Mientras, Torra reclamaba desde el Palau que «cesen las hostilidades» para volver a sentarse con el Gobierno.

Torra hizo suya la ofensa de una justicia española que, según él, «sigue el modelo de estados totalitarios como China o Turquía» para «proponer a los líderes independentistas un programa de reeducación para que se conviertan en buenos y obedientes súbditos de la monarquía española». Y advirtió que, «en nombre del gobierno catalán, condeno este nuevo ataque contra unas personas por el simple hecho de ser representantes políticos y sociales del independentismo».

Una decisión con la que tanto Torra como los condenados aseguraron que «no nos derrotan». Al contrario, añadió el president, «nos hacen más fuertes, refuerzan nuestras razones y nos invitan a prepararnos mejor para definitivamente dejar de ser rehenes de un Estado que no acepta la voluntad democrática de los catalanes».