El mes de julio va a pasar sin que quede tiempo material para reunir la mesa bilateral con la Generalitat catalana. A pesar del compromiso adquirido en este sentido con Gabriel Rufián a cambio de su apoyo a una de las prórrogas del estado de alarma en lo peor de la pandemia, Gobierno y ERC se han quedado sin margen para poder encajarla. Lo peor para Moncloa es que los independentistas republicanos vinculan la mesa bilateral a la negociación presupuestaria -«van en paralelo», dicen- y, de momento, no va adelante una ni otra.

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