Política

Podemos culpa a Calvo de consagrar "dos gobiernos en uno" en la cita con Cs

A la reunión de este lunes se acordó que acudiera un ministro de Unidas Podemos, a falta de determinar, hasta que se produjo un supuesto veto que Bal niega

Carmen Calvo y Pablo Iglesias en el Congreso EFE

La, en principio, inocua cita de Carmen Calvo con una delegación de Ciudadanos encabezada por Edmundo Bal para supervisar la situación de la desescalada ha estallado en un conflicto interno de alta intensidad en el Gobierno de coalición. Porque el problema no es tanto que los naranjas veten o no a los ministros de Unidas Podemos, sino que la vicepresidenta primera lo acepte y celebre una cita en la que «acaban de santificar lo que tanto habían denostado: dos gobiernos en uno», afirman fuentes de Unidas Podemos a El Independiente.

De hecho, el mensaje que lanzó la titular de Igualdad, Irene Montero, el pasado domingo criticando un supuesto veto de Ciudadanos a los ministros morados tuvo el efecto de trasladar la cita de escenario. Prevista en un principio en Moncloa, tal y como venía explicitado en la previsiones del Ejecutivo, se decidió quitarle cierta solemnidad gubernamental, de modo que se trasladó al Congreso. Así podía parecer más una reunión entre partidos que del Gobierno con un grupo político, aunque los interlocutores institucionales eran inequívocos. La ministra de Política Teritorial, Carolina Darias; el secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, José Antonio Montilla, y el secretario general de la Presidencia, acompañaban a Calvo.

Iba a acudir a la reunión un ministro de Podemos, aunque no habían decidido quién

Parece que, a diferencia de la reunión del pasado 12 de junio con los mismos interlocutores que la de este lunes, esta vez se planteó que acudiera algún representante del sector morado del Gobierno. «Aún no se había decidido quién», aseguran en el entorno del vicepresidente segundo, Pablo Igleias, pero luego vino el veto que el portavoz naranja, Edmundo Bal, niega en redondo. En todo caso, la actitud de Ciudadanos no les sorprende, pero con su socio de Gobierno es otra cosa y más si en el medio está la vicepresidenta primera, convertida en una especie de «bestia negra» para los morados y con quien han protagonizado no pocos enfrentamientos, algunos públicos y otros más privados. De hecho, Montero tensó aún más las relaciones este lunes al afirmar que había «una parte del Gobierno» que «mira a la derecha», en clara alusión a Calvo y a Bal.

Aseguran en todo caso, no estar especialmente preocupados, aunque sólo sea porque «35 diputados son más de 10», lo que significa, aun sin formularlo de manera explícita, que Pedro Sánchez no tiene ninguna posibilidad de cambiar de socio de Gobierno ni de hacer demasiadas filigranas con la geometría parlamentaria variable. Si los 155 escaños que ahora suman PSOE y Unidas Podemos se quedan muy cortos para sacar adelante la legislatura, con 130 que los socialistas aunarían con Ciudadanos estarían a años luz de hacerlo.

Tampoco es que el inquilino de la Moncloa, -que hoy comparecerá en rueda de prensa con toda probabilidad tras la reunión del Consejo de Ministros- tenga previsto cambiar de caballo en mitad de la carrera. Es más, si fuera por él se sostendría sobre la mayoría que hizo posible su investidura en enero de este año. Pero el apoyo de ERC cada vez se antoja más improbable con un escenario electoral en Cataluña y el «plan b» pasa a convertirse en el «plan a», esto es, sumar a Ciudadanos al consenso presupuestario o, al menos, que no lo impida.

«Son matemáticas» decía ayer el portavoz parlamentario de Unidas Podemos, Pablo Echenique, en un hilo de Twitter poco después de que Montero escribiera que una «parte del Gobierno mira a la derecha». Y esas matemáticas, de las que también suele hablar la voz de los socialistas en la Cámara Baja, Adriana Lastra, no da para grandes pendulazos.

En principio Unidas, Podemos no vería mal que Ciudadanos permitiera sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado con alguna concesión en materia de inversiones, pymes o autónomos. De hecho, los PGE son la única garantía para agotar la legislatura. Pero parece que, si hay que hacer caso a Bal y a la nota que sacó Moncloa a las 15,35 de la tarde sobre el contenido de la cita de ayer, la cuestión presupuestaria no se trató, de ahí que los socios de Sánchez no tienen porqué albergar ningún temor, al menos por ahora.

De a foto en Colón a los pactos con el PSOE

Creen en el sector morado del Gobierno que Ciudadanos tampoco puede hacer un tránsito muy rápido de la foto de Colón -un acto exigiendo elecciones en el que Albert Rivera se fotografió con Pablo Casado y Santiago Abascal- «a suscribir grandes acuerdos nacionales no liberales», aunque lo cierto es que Inés Arrimadas ha virado hacia su izquierda para marcar perfil propio desde que llegó al liderazgo naranja y hacer de los exiguos 10 diputados una «fuerza útil», como repite Edmundo Bal.

Lo habitual es que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias arreglen estas controversias en una conversación mano a mano, donde ponen de manifiesto esa mezcla de sintonía personal y de mutua asistencia o necesidad. Ambos son conscientes que la legislatura necesita perentoriamente de unas nuevas cuentas, sin poder alargar más los Presupuestos de Cristóbal Montoro de 2018.