Matteo Salvini ha lanzado un órdago para conquistar el Palacio Chigi, un desafío a la izquierda en su bastión más querido, Emilia-Romaña, con el fin de que quede claro que deben convocarse elecciones anticipadas. Sin embargo, el actual presidente regional, Stefano Bonaccini, ha logrado derrotar por cinco puntos de ventaja a la aspirante de la Liga, Lucia Borgonzoni, según los sondeos de la pasada medianoche.

La participación ha llegado al 67,7%, casi el doble de la registrada hace cinco años, apenas un 37%. Esta movilización ha favorecido claramente al centroizquierda.

Sin embargo, en Calabria el centroderecha se habría impuesto claramente al centro izquierda por más de 20 puntos. Si cunde el pánico entre los representantes del Movimiento 5 Estrellas y se unieran a la Liga, el gobierno del Partido Democrático y los grillini tendría difícil seguir adelante.

Tanto en Emilia-Romaña como en Calabria gobierna ahora el Partido Democrático (PD, centro izquierda), aliado con el Movimiento 5 Estrellas en el gobierno de Italia desde que el que fuera ministro del Interior, Matteo Salvini, intentara forzar a finales de agosto que se anticiparan las elecciones, confiado de su gran popularidad.

La movilización de las Sardinas

El éxito de la participación tiene relación directa con el movimiento social autodenominado las Sardinas. El 14 de noviembre llamaron a los italianos a «despertar» del letargo y actuar para dejar en evidencia las falsedades de la campaña permanente de Matteo Salvini. Desde entonces se han convertido en un fenómeno sociológico.

Uno de los fundadores de las Sardinas, Andrea Garreffa, explicaba a El Independiente cómo su principal objetivo en estas elecciones regionales en Emilia-Romaña era la movilización ciudadana. La participación en las últimas regionales apenas llegó al 37%.

«La sociedad italiana tiene mucha energía y mucha resiliencia cuando se trata de defender principios básicos de la coexistencia civil… No importa cuán indignado estés, como ciudadano tienes que votar», decía Garreffa.

Y los emilianos lo han hecho. Sabían lo que estaba en juego y han querido dejar constancia de que no quieren ser testigos sin tomar parte en lo que sucede.

Emilia-Romaña, que es la segunda región rica del país, también es la cuna de la izquierda. Fue donde la izquierda ensayó su forma de gobierno, el llamado laboratorio emiliano, de Palmiro Togliatti. Es la región donde ha gobernado el Partido Comunista Italiano más tiempo, donde fue elegido el primer diputado socialista, Andrea Costa.

De ahí que Matteo Salvini haya insistido en la campaña en que si caía Emilia-Romaña, el gobierno italiano tenía los días contados. En Umbria, en octubre pasado, perdieron las fuerzas del gobierno. Y en las europeas se impuso de forma contundente la Liga de Salvini con el 34% de los votos, el doble del Movimiento 5 Estrellas y 12 puntos más que el Partido Democrático, ahora liderado por Nicola Zingaretti.

La experiencia de Bonaccini

A favor del Partido Democrático ha jugado que su candidato, el presidente, Stefano Bonaccini, un político curtido procedente del movimiento pacifista, cuenta con un balance favorable en su mandato.

Sin embargo, el elector actual se cansa de que gobierne siempre el mismo partido, y el mensaje del cambio Salvini sabe cómo acercarlo al votante. «Liberemos, Emilia-Romaña», decían en la Liga, como si la región estuviera ocupada por las hordas rojas.

La candidata de Salvini en Emilia-Romaña no es un peso pesado de la Liga. Administradora local de profesión, fue en 2018 subsecretaria de Bienes Culturales. Lucia Bongonzoni es una franquiciada de la marca Salvini y como tal actúa, pero con mucho menos arte.

El gobierno italiano está en situación de gran fragilidad, a pesar de que se formó en otoño pasado. Pero es fruto de una alianza contra natura entre el Partido Democrático y el Movimiento 5 Estrellas, una coalición sellada para impedir que Salvini se hiciera con la suya y provocara elecciones anticipadas.

Cada vez tienen más discrepancias, y Salvini no se rinde fácilmente. Además, Calabria finalmente puede facilitarle lo que Emilia-Romaña le niegue.