Lo negó tres veces. Y más. El coronavirus era «una gripe» hace un mes. Después aseguró que el calor acabaría con el Covid-19. Luego que iba a «desaparecer» un buen día, como por arte de magia. Y en caso de duda la vacuna, gracias a los científicos estadounidenses, estaría lista en unos meses. El 45º presidente de Estados Unidos no quiso ver, ni oír, pero hablar siempre sigue hablando, mejor dicho tuiteando.

Donald Trump ha presentado esta semana el coronavirus a los americanos como «un virus extranjero» contra el que finalmente aplicará medidas con la aprobación de la emergencia nacional. El 3 de noviembre Donald Trump se juega su reelección como presidente de Estados Unidos.

«Este es el esfuerzo más agresivo para enfrentar un virus extranjero en la historia moderna (de Estados Unidos)», dijo en su mensaje a la nación del miércoles por la noche en el que anunció que cerraba el país a las entradas desde 26 países europeos, entre ellos España. Desde el sábado tampoco se puede ir a EEUU desde el Reino Unido e Irlanda.

Ha insistido en que su origen está en China y en que puede llegar a Estados Unidos también desde Europa, que ahora es el epicentro de la epidemia. Hay más casos ahora en Europa (con Italia y España en cabeza) que en China en el momento peor de la epidemia. En Italia hay más de 21.000 casos y en España más de 6.000. En China cada día se registran menos nuevos casos. Este sábado, 11.

A principios de marzo, en un mitin en Charlotte, Carolina del Norte, aseguró que varias empresas le habían asegurado que poco tiempo estaría lista la vacuna contra el coronavirus, y que aún antes habría medicación para atenuar los síntomas. La OMS mantiene que la vacuna estaría lista en el mejor de los casos en año y medio o dos años.

También dijo a sus seguidores que EEUU es el país mejor preparado para combatir el Covid-19, algo que está por ver cuando se supere la epidemia global. Pero Trump habla a su público como si fuera su gurú.

En un giro de 180 grados, se ha convertido esta semana en el comandante en jefe contra el virus foráneo. Ha decretado la emergencia nacional y ha hecho tres anuncios en cinco días sobre la lucha contra el Covid-19. Sabe lo que está en juego.

El propio presidente Trump se ha hecho la prueba, que ha dado negativo, ya que ha estado en contacto con positivos recientemente. En Mar-e-Lago se vio con el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, y su séquito. Su jefe de prensa, a quien Trump saludó, ha dado positivo. En la rueda de prensa en la que anunció la emergencia nacional, Trump dio la mano a muchos de los comparecientes, lo que contradice las normas de la OMS para evitar el contagio.

Una crisis sin precedentes

Hasta que el coronavirus irrumpió en nuestras vidas el presidente Trump tenía todo a su favor para ser reelegido. En primer lugar, quien ocupa la Casa Blanca cuenta con el viento a su favor, a no ser que haya resuelto una crisis de forma nefasta, o se enfrente a un fenómeno.

Solo en cuatro ocasiones desde 1900 el presidente ha perdido la reelección. Los derrotados fueron el republicano Herbert Hoover que resultó derrotado frente al demócrata Franklin D. Roosevelt.

En 1976 Gerald Ford, que había sucedido a Richard Nixon, tras su dimisión por el Watergate, perdió frente al demócrata Jimmy Carter. Su gestión de la crisis de los rehenes le llevó a ser desbancado por el republicano Ronald Reagan en 1980. En 1992 George H.W. Bush no pudo con el extraordinario carisma del demócrata Bill Clinton.

A su vez, la economía hacía la ola a Trump. Los datos de desempleo, al mínimo; los de producción y ganancias en Bolsa, al máximo. Un paisaje floreciente con vistas a la permanencia en el poder.

De momento tampoco le hacía temblar el candidato rival. Más de una veintena de aspirantes comenzaron la carrera electoral, pero el Supermartes dejó claro que solo dos tendrán opciones: el ex vicepresidente con Obama, Joe Biden, y el senador por Vermont, Bernie Sanders.

Trump dice que espera lidiar contra Sanders, son antagonistas, y arremente contra el establishment demócrata por frenar al veterano senador. Pero ninguno de los dos es el Bill Clinton de 1992.

De modo que hasta que el coronavirus se convirtió en pandemia todo parecía a favor de la reelección de Trump. Sin embargo, aún quedan ocho meses para las presidenciales y eso en política es una eternidad. Más en este convulso e incierto siglo XXI.

Después de negar la realidad, taparse los ojos y los oídos, esta semana Trump ha tomado al coronavirus por las riendas y ha decretado la emergencia nacional con el fin de movilizar 50.000 millones de dólares con el fin de combatir la epidemia. En EEUU está creciendo el número de casos rápidamente: este sábado se superaron los 2.500 y 55 fallecidos, según wordometers.

Esta declaración de emergencia sanitaria es excepcional en Estados Unidos. En los últimos 60 años solo se ha aplicado un par de veces por un brote infeccioso. Fue en el año 2000 cuando lo aplicó Bill Clinton en Nueva York y Nueva Jersey por el virus del Nilo Occidental.

La sorpresa de octubre en marzo

También en el Congreso demócratas y republicanos han llegado a un acuerdo para aprobar ayudas a millones de familias que no se benefician de bajas por enfermedad, lo que es una excepción en EEUU. El vicepresidente Mike Pence está al frente del operativo contra el coronavirus, que ahora Trump trata como un enemigo foráneo del America First.

Trump empezó negando la crisis para terminar intentando usar la crisis para meter su ‘frame’: nacionalismo estadounidense contra el enemigo exterior», dice Xavier Peytibi

«Esta es una crisis sin precedentes. Podemos, por experiencia, prepararnos para crisis de seguridad, crisis de catástrofes naturales, etc… pero no creo que nadie hubiera previsto tan al milímetro protocolos sobre cómo actuar o cómo comunicar en una crisis como esta. Trump empezó negando la mayor (que había crisis) para terminar intentando usar esta crisis para meter su frame: nacionalismo estadounidense contra el enemigo exterior, en este caso el virus», afirma Xavier Peytibi, consultor político en Ideograma y autor de Las campañas conectadas. Comunicación política en campaña electoral.

Según Peytibi, «le puede funcionar o no dependiendo de lo que suceda en los próximos días o horas. Pero lo sabremos a toro pasado, como todo lo que está sucediendo».

La sorpresa de octubre, ese hecho inesperado que puede dar la vuelta a la campaña electoral, se ha anticipado a marzo, algo que podría dar margen de maniobra a Trump, aunque ha de cambiar uno de sus principios: en esta crisis los hechos marcan la pauta. No hay forma de ocultarlos, ni siquiera en China, ni de negarlos.

Por eso Trump ha dejado de acusar a los demócratas de falsear y exagerar lo relativo a la epidemia. Ya es consciente de que no es una invención y que está dislocando el mundo entero. Los demócratas tienen a su favor que han hecho de la sanidad uno de los grandes temas de la campaña, sobre todo Bernie Sanders. Sin embargo, es Trump quien se juega ganar o perder. Depende más de lo que haga Trump que de lo que puedan hacer los demócratas.

Es indiscutible que el coronavirus puede decidir la campaña electoral de EEUU. Han eliminado los mítines, condiciona los apoyos financieros y la agenda de temas», afirma Carme Colomina

«Es indiscutible que el coronavirus puede decidir la campaña electoral de Estados Unidos. Han eliminado los mítines, tiene efectos en la captación de apoyos financieros, reuniones, y la agenda de temas. El futuro de Trump se decide con el coronavirus», afirma Carme Colomina, investigadora especializada en desinformación en el CIDOB.

A juicio de Colomina, «la gestión de Trump está cuestionada. Ha respondido con una vuelta al America First. Impide la entrada de europeos, niega la valoración científica… Trump sabe que esta crisis puede decidir el final de su Presidencia», añade.

Hay que distinguir entre los científicos de Estados Unidos, que luchan contra los elementos. En concreto, contra un presidente que desprecia todo aquello en lo que se fundamenta la ciencia.

«Parece desbordado. La sociedad estadounidense en el ámbito científico es espectacular, pero en lo público no sabemos qué puede pasar. En EEUU muchos empleados no pueden ir al médico porque supone su ruina. Las medidas de suspender los vuelos no pueden ser las únicas. Una epidemia no se ataja con un sistema de sanidad privada. No distingue entre ricos y pobres», afirma Rafael Vilasanjuan, director de Análisis y Desarrollo Global en ISGlobal, centro impulsado por la Caixa.

Otro caso singular es el británico. El primer ministro británico, Boris Johnson, ha anunciado este sábado que su estrategia será totalmente diferente. Considera que la epidemia va a contagiar a la mayoría de la población, y eso creará la inmunidad.

No va a imponer medidas de choque que impidan la movilidad ni la concentración de gente. Johnson ha dicho que prefiere concentrarse en atajar los problemas económicos derivados de esta crisis. Más de 250 científicos han firmado una carta en la que exigen al gobierno británico que adopte medidas drásticas. «Están poniendo vidas en riesgo», dicen los expertos.

Test de estrés para los gobiernos

Esta crisis va a ser una prueba de fuego para todos los gobiernos afectados, que son ya más de un centenar en todo el mundo. Su futuro va a estar ligado a cómo afronten el reto, su gestión, y a cómo comuniquen lo que hayan hecho.

El verdadero liderazgo de cualquier político, incluyendo a Trump, tendrá más que ver con su manera de afrontar la crisis económica que empezará en dos semanas», dice Peytibi

Según el consultor político Xavier Peytibi, «el verdadero liderazgo de cualquier político/a, incluyendo Trump, tendrá probablemente más que ver con su manera de afrontar la crisis económica que empezará en dos semanas. En 15 días hay que pagar nóminas, y muchas empresas van a sufrir mucho. Eso genera inseguridad en millones de empleos, cierre de empresas, problemas… y una crisis económica que podría ser importante. En cómo afecte a la cotidianidad de la gente gracias a las medidas de los gobiernos, dependerá si ese liderazgo es respaldado o es la tumba política del líder».

Xavier Peytibi, autor de Las campañas conectadas, explica cómo hay que comunicar en caso de crisis. Destaca que es fundamental que haya «un liderazgo comunicativo político, es decir, alguien que muestre seguridad, soluciones, tranquilidad y confianza, que entienda lo que la gente necesita (ahora miedo)». Apunta que eso ha faltado en muchos gobiernos: «Alguien que motive y que indique que todo irá bien».

También subraya que hay que «ser rápido, no dejar vacíos comunicativos; decir la verdad y facilitar información actualizada».

En ese sentido destaca «la web específica sobre el coronavirus del gobierno británico, y las de Singapur y Hong Kong, con datos actualizados, y también consejos, vídeos, tests online para tranquilizar, o informar de qué hacer si se piensa que se tienen síntomas, infografías y modos rápidos de ponerse en contacto, incluyendo chats».

Añade cómo resulta fundamental «tener un buen portavoz, que en este caso se requiere que sea epidemiólogo». Tendrá más credibilidad que un portavoz político. El político ha de salir en momentos clave.

Si bien su estrategia es controvertida, Boris Johnson es un maestro como comunicador. Ha difundido un video divulgativo en el que él hace de periodista (fue corresponsal en Bruselas de The Telegraph) con la portavoz del gobierno para la crisis del coronavirus, la doctora Jenny Harries, la experta.

Y algo crucial: «No dejar de comunicar: en las conversaciones debe estar presente la versión del gobierno. Es mucho mejor que se hable (aunque sea críticamente) de ‘el gobierno dice’ o ‘hace’, que ‘el gobierno no hace nada’ o ‘no dice nada'».

En la Unión Europea estamos viendo cómo, una vez más, no hay un único mensaje. El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ha celebrado una reunión por videoconferencia esta semana con los jefes de gobierno de la UE, pero cada país está adoptando medidas diversas: mañana Francia celebra elecciones locales, por ejemplo, mientras Italia se ha impuesto el aislamiento.

El primer problema que tiene la comunicación de la crisis a nivel europeo es que lo hacen en un contexto de desunión europea», dice Colomina

Según Carme Colomina, investigadora en el CIDOB, «el primer problema que tiene la comunicación de la crisis a nivel europeo es que por muy bien que lo puedan hacer lo hacen en un contexto de desunión europea. Hay debilidades intrínsecas. En un momento de crisis ha dado más muestras de disgregación que de unión. Quienes han mostrado firmeza lo han hecho a costa de sus socios comunitarios. Se ha sentido ausentes a las instituciones europeas. Incluso en Bruselas las tres grandes instituciones no fueron a la par. Esta falta de coordinación acaba determinando la valoración que podamos hacer».

Lo suscribe el ex primer ministro británico Gordon Brown en un artículo en The Guardian titulado En la crisis del coronavirus nuestros líderes no están fallando. Brown atribuye los errores al nacionalismo populista. «Como aprendí en la crisis de 2008, un problema global requiere que los gobiernos trabajen conjuntamente. Hoy el nacionalismo populista nos pone en peligro».

Concluye Brown con tono esperanzador: «Si en los 40 el Proyecto Manhattan llevó a crear el arma más letal de la humanidad, seguro que podemos unirnos en el siglo XXI a salvar vidas y la humanidad de millones. Quizá no seamos capaces de repetir la promesa de la era New Deal de Roosevelt de que no hay nada que temer salvo el miedo, pero la confianza en el futuro solo puede recuperarse si con acciones internacionales audaces que consoliden la confianza en la actualidad».