Como saben quienes me siguen desde hace años, buena parte de mi dedicación profesional, se consagra al entrenamiento y al seguimiento de candidatos y líderes políticos. Y en observar la evolución de quienes acaban de entrar, o llevan aún poco tiempo en la vida pública. Desde esa perspectiva, debo constatar que una de las sorpresas más gratas que me he llevado en los últimos años tiene nombre, y además de mujer, lo que para un feminista como yo constituye una doble satisfacción: Rita Maestre. 

Portavoz en los últimos cuatro años del gobierno municipal de la carismática Manuela Carmena, he podido constatar, mes a mes, año tras año, cómo la figura de Rita Maestre, y sobre todo su capacidad de comunicación, se revestía de mayor aplomo y madurez política.

Ha revalidado su responsabilidad como concejala -en este caso de la oposición- en el Ayuntamiento de Madrid y además se encuentra implicada al máximo en el nuevo proyecto político de Íñigo Errejón, Más Madrid. Una alternativa con la que pretenden demostrar que es posible y necesario una opción más entre una formación como el PSOE y otra como Unidad Podemos que han sido incapaces de llegar a un acuerdo.

Pregunta.- Quiero comenzar, señora Maestre, por recordar una frase de Pedro Sánchez a Pablo Iglesias tras el fracaso de su última sesión de investidura: «La izquierda pierde incluso cuando gana». Y ahora, por otro lado, surge Más Madrid. ¿Era necesario un actor político más en la izquierda?

Respuesta.- Lo que sí es seguro que no era necesario, habiendo una mayoría progresista amplia, es ir a nuevas elecciones generales. De hecho, no solo era muy poco necesario sino muy arriesgado, vistos además los sucesos de las últimas semanas (en Cataluña). Todo el mundo sabía que con anterioridad a las próximas elecciones iba a salir la sentencia del procés y que esa iba a ser una nueva fuente de inestabilidad en Cataluña y en el resto de España. Era profundamente innecesario repetir las elecciones porque los ciudadanos ya se pronunciaron hace unos meses y la responsabilidad de formar, con los votos y los escaños que había, un gobierno progresista era de los partidos que había. Nacemos porque entendemos que, sin querer estas nuevas elecciones, que no las queríamos, hace falta alguna formación que garantice que los votos progresistas se convierten en un gobierno progresista que dé esa confianza a los electores. Creo que hay una parte de ese sector del electorado que está cansada y hastiada y siente que a lo mejor vota igual y le pasa exactamente lo mismo en noviembre de lo que le pasó en abril. Por eso tiene que existir una fuerza como Más País.

P.- ¿Qué valores nuevos puede aportar a la izquierda y al progresismo de este país?

R.- Diría que dos. El primero es que nosotros somos una fuerza responsable que prioriza la utilidad de las políticas por encima de los deseos o de las necesidades como fuerza política. Pone por delante los intereses no solo del país sino de la gente que más necesita las políticas públicas que son los más vulnerables, las mujeres, el colectivo LGTBi o de otros que están amenazados por el crecimiento y el avance de la extrema derecha. Les decimos que pueden confiar en nosotros y que sus votos, en noviembre, van a servir única y exclusivamente para hacer todo lo posible para que haya un gobierno progresista en diciembre.

P.- Me está diciendo que todo esto que usted comenta no lo está haciendo Podemos…

R.- … Ni el PSOE.

Yo no soy la misma ahora que hace cinco o seis años. El paso por un gobierno y la madurez que ello implica me ha hecho aprender muchas cosas»

P.- ¿Por qué no lo están haciendo? Porque en principio, si vemos sus programas, también defienden lo mismo que dice usted. ¿Por qué Más País permite defender mejor todo esto?

R.- Porque los programas electorales son papel mojado si no se convierten en políticas públicas. La razón por la que no fue posible el acuerdo para formar gobierno no tenía que ver con diferencias o rupturas importantes sobre esos programas, sino con cómo se iba a formar ese gobierno. Por eso hace falta que alguien le diga a la ciudadanía progresista que se puede confiar en nosotros y que además de presentar un programa electoral verde, feminista, que pone en el centro la transición ecológica y que quiere hacer del cambio climático, de ese reto, una oportunidad, además de eso, le garantizamos que vamos a hacer todo lo posible para llegar a un acuerdo con el resto de las fuerzas políticas y que no vamos a dar el espectáculo de los whatsapps, los intercambios de titulares, los comunicados -filtrados- de unos y otros que ha tenido España durante muchos meses esperando para al final llegar de nuevo a elecciones.

P.- ¿Tiene que ver ese fracaso rotundo, por parte de todos, con el hecho de que haya una lucha de liderazgos y una política testosterónica en la cual el hiperliderazgo se está convirtiendo casi en un arma de destrucción masiva en la política española? Lo hemos visto mucho en Podemos o también entre Pablo Iglesias y Pedro Sánchez…

R.- La principal responsabilidad recae en Pedro Sánchez y en el PSOE, en la medida en la que eran la fuerza más votada y además eran gobierno. Les correspondía ser el actor principal y liderar la iniciativa. En cuanto a la razón por la que no llegaron a un acuerdo, creo que fue porque entablaron una negociación en la que, por ambas partes, se pensaba que, en el último momento, al final, cedería el otro antes de caer al abismo. Y esa negociación, basada en una idea que sí tiene mucho de política testosterónica, se basa en la idea de que ceder o negociar es ser débiles, y de que la fuerza se demuestra no cediendo ni aceptando nada del otro. En mi opinión, esto lo que demuestra es lo contrario… Demuestra bastante debilidad y sobre todo mucha irresponsabilidad porque el resultado es que estamos de nuevo en elecciones. Llevamos dos años sin un gobierno estable y estamos ahora mismo viviendo… ¡con los Presupuestos Generales del Estado que dejó Cristóbal Montoro!

P.- Lo cual es bastante surrealista. ¿Qué define vuestro liderazgo, el de Íñigo Errejón o el tuyo? Se lo planteo a partir de esta idea en la que coincidimos de que estamos donde estamos por falta de liderazgo y de capacidad de negociación.

R.- La principal fuente de inspiración de ese modelo de liderazgo por el que me preguntas tiene que ver con algo que ha ocurrido en Madrid en los últimos cuatro años; con una alcaldesa que es una referencia para todos porque ha hecho de la capacidad de escucha y de llegar a acuerdos su forma de entender la política. Ahí hay mucho que aprender porque eso no la hizo más débil sino más fuerte y segura. De ese ejemplo yo he aprendido todos estos años y creo que es el modelo a seguir.

P.- ¿Errejón y Carmena tienen el mismo tipo de liderazgo?

R.- Hablaba de aprendizaje porque creo firmemente que se ha producido. Yo no soy la misma ahora que hace cinco o seis años. El paso por un gobierno y la madurez que ello implica me ha hecho aprender muchas cosas. Es posible que eso nos haya pasado a muchos, no sé si a Íñigo también pero sí sé que a mí sí me ha cambiado esa experiencia de gobierno, sobre todo porque ha sido al lado de Carmena.

P.- Se nota. Le diría que, desde el punto de vista de los criterios que aplico en mi empresa, se percibe con claridad cómo entre los políticos de primer nivel usted ha sido claramente una de las que más ha evolucionado en parámetros como capacidad de comunicación… y no todo el mundo cambia ni es capaz de aprender ni de evolucionar de la misma forma.

R.- Mi principal aprendizaje de estos años ha sido el interiorizar que a la ciudadanía le importa relativamente poco lo grandilocuente. Las campañas duran apenas unas semanas, pero la ciudadanía, lo que espera, es que tú le resuelvas sus problemas. No vale decir que tal o cual competencia no es tuya o que tú de ese asunto concreto no te ocupas. O que para aquel otro problema debe acudir a la puerta de allí, o a Europa, o al gobierno de España, por poner un ejemplo. El ciudadano tiene un problema y cuando te ve por la calle quiere saber qué haces para solucionarlo. Y la responsabilidad del gobernante es tratar de combinar todas esas necesidades tan distintas que tiene la gente en políticas públicas que tengan en el centro a la mayoría social. Esto, a mí, me ha hecho crecer y asumir la complejidad de la política. Hacer un tuit muy tajante es muy fácil. O hacer un programa muy tajante es muy fácil. Lo difícil es tomar la realidad social y tratar de modificarla. En la práctica. Esa es una experiencia política y personal de primer orden.

Hace unas semanas desde el gobierno socialista ya empezaron con una cierta campaña de desprestigio y de crítica [contra Más País] que hasta ahora no se había visto

P.- ¿No les da miedo la entrada tan rápida en el panorama político nacional? Hay muchos que insinúan que ustedes son producto de una decisión del gobierno. No sé si es o no terreno de la conspiranioa pero se dice que era una forma de debilitar a Podemos…

R.-  No voy a entrar en la conspiranoia, nunca me ha gustado. La decisión de concurrir a las elecciones generales viene de nuestros grupos parlamentarios y municipales y de las bases de Madrid, que deciden que hay que dar un paso adelante porque hay un electorado que está huérfano y que quiere representación porque hay una oportunidad para alcanzar un gobierno progresista. Es más; al contrario, no sé si el gobierno socialista está particularmente contento con nosotros y de hecho hace unas semanas ya empezaron con una cierta campaña de desprestigio y de crítica que hasta ahora no se había visto.

P.- Comentemos las consecuencias de la sentencia del procés y el durísimo impacto en las calles de Barcelona. ¿Se ha medido mal? Porque cuesta pensar que alguien con dos dedos de frente no fuera capaz de entender que el impacto iba a ser brutal.

R.- No lo entiendo, ni como ciudadana ni como politóloga. No sé qué esperaban que fuera a pasar, no lo entiendo. No entiendo cómo no se calculó esta reacción en Cataluña. Creo que tiene que ver con una incomprensión o no querer asumir el problema catalán que no tiene que ver con que haya ahora algunos en la calle pegando fuego a algunas cosas sino con que hay una parte, no mayoritaria pero sí muy numerosa de la población catalana, que está completamente desconectada de España. Eso, o se mira de frente para intentar solucionarlo, o se equivocarán los cálculos. Cuando esa parte de la población se encuentra con la sentencia y con que una parte de sus líderes va a pasar una década en la cárcel responde de una forma bastante intensa. No sé si esperaban que esa parte de la población, que además es un movimiento social bastante organizado, no fuera a hacer nada, no comprendo el cálculo… Por eso hablo de irresponsabilidad. Lo que tenemos ahora es una situación mucho peor de la que había en España hace dos semanas, hace dos meses o hace años.

P.- Y con un final imprevisible, incierto. ¿Cuál es su planteamiento sobre Cataluña?

R.- Creemos que fiarlo todo a la solución judicial no está dando resultados. Es como si la política se inhibiera de decidir, por no querer abordar el problema, por no querer mirarlo de frente. Los jueces hacen su parte, pero no creo yo que nadie pueda afirmar que hoy, en Cataluña, las cosas están más cerca del consenso que hace semanas. Nuestra posición es bastante clara y de lo que habla es de poner en el centro a la política y de convocar una mesa de partidos que trabaje en una solución lo más consensuada posible, porque las soluciones unilaterales o de mera aplicación de la ley por parte del Gobierno de España nos ha traído adonde estamos. Unos dicen «155», otros dicen «independencia»… Y, entre medias, ¿qué pasa? Y, mientras, las calles de Barcelona se están quemando, hay gente en la cárcel, hay 600 heridos y el problema no está resuelto. Hay que distender, hay que escuchar, hay que hablar y hay que acabar con la anomalía democrática e institucional de que el president de la Generalitat y el presidente del Gobierno de España no se hablen y estén en campaña enviándose cartas o comunicándose por Twitter.

P.- ¿Están ustedes a favor de un referéndum?

R.- El primer paso, como decía, es una mesa de partidos que se siente a pensar en una solución o una propuesta de convivencia nueva. El siguiente paso debería ser el que esa propuesta, o varias opciones, se refrendaran democráticamente.

P.- Pero es que parece que no hay propuestas nuevas o nada que pueda hacer variar substancialmente de idea a los independentistas…

R.- Yo creo que han cambiado de posición bastantes veces en estos últimos años. De hecho, buena parte del independentismo ha empezado a dar pasos atrás en la cuestión de la unilateralidad y del referéndum sin pactar, porque ya lo han hecho y no ha salido. Por tanto, sí creo que hay cambios posibles, tanto en sus líderes como en los ciudadanos que son independentistas y no están contentos con su posición. Eso sí, sentarse en una mesa es asumir que todos los que nos sentamos cedemos, porque nadie va a pretender sentarse y levantarse con sus cien páginas, por ejemplo, firmadas por todos los demás. Se trata de poner ideas y reunirse muchas veces hasta que salga un acuerdo.

P.- Parece que estamos tan lejos de eso…

R.- Estamos lejos, sí. Pero cuanto antes empecemos, aunque tardemos tiempo, antes llegará una cierta solución. El problema es que los partidos están pensando permanentemente en el corto plazo. En qué les puede dar más réditos en su parte del electorado más movilizada. Y eso deja fuera a mucha gente. Y hay mucha que se queda fuera de ese ámbito. Claro que hay mucha gente que no quiere oír hablar de otra cosa que no sea independentismo. Y otra que lo que quiere es intervenir la autonomía catalana, o el artículo 155 a toda costa, o suprimir todas las autonomías. Pero eso son polos extremos. La gama de los grises es muy amplia. Hay muchísimas personas que desean escuchar otras opciones.

P.- ¿Están ustedes obsesionados con el próximo resultado electoral? Porque supongo que han nacido con mentalidad de largo plazo y no tienen necesariamente que cosechar un rotundo éxito de manera inmediata.

R.- De cara a estas elecciones, nuestro valor principal es el de l responsabilidad y el de la política útil. Mucha gente lo está esperando. Luego hay una mirada de medio plazo que tiene que ver con la construcción de un sujeto político en el que se actualicen buena parte de los temas de la izquierda y que ponga la cuestión de la lucha contra el cambio climático, la cuestión ecológica y la lucha feminista como eje de su discurso y de sus políticas públicas. El corazón de nuestro programa es ese, corazón verde; lo hemos hecho en tres semanas y en ese tiempo, o en mes y medio, no se construye una fuerza política, sino que se construye una candidatura. Y mirando el ejemplo de otros países, estoy pensando ahora en Austria, se demuestra que hay un espacio muy grande para este tipo de fuerzas.

No sé cómo no se calculó esta reacción en Cataluña. El problema catalán no tiene que ver con que haya ahora algunos en la calle pegando fuego a algunas cosas»

P.- ¿Con quién se identifican en Europa? ¿Tal vez con el movimiento verde alemán o austríaco?

R.- Efectivamente. Es un movimiento que va creciendo de forma pausada pero sostenida y con mucho potencial en el futuro. Las manifestaciones de los jóvenes que estamos viendo en toda Europa estas semanas dan fe de que hay una preocupación de la que hasta ahora se hablaba en la última página de los programas electorales y que ahora se coloca en el centro. El feminismo, la agenda de los derechos LGTBi… Ahí hay un enorme potencial de crecimiento. Hay que actualizar todos los temas que tienen que ver con esto y también las propuestas. Es necesario pensar en nuevas formas de organizar el trabajo, de distribuir la riqueza. Ese es el reto.

P.- El panorama internacional es brutal. Chile, Bolivia, el Brexit… Parece que estamos rodeados de gobernantes casi insensatos, empezando por el ejemplo reciente de mi propio país, de Italia.

R.- Hay una magnífica serie, llamada Years and Years que me genera una tremenda inquietud. Aún no la he terminado pero cada noche veo un capítulo y me quedo mirando al techo, valga la expresión… Me quedo un poco inquieta porque en la serie se habla de un mundo desordenado y muy inestable porque la profunda crisis económica de la década pasada no se ha resuelto con un nuevo modelo productivo y de organización social en el que puedan quedar, como sucedió con el pacto social de la postguerra, diferencias e iniquidades, pero en el que se establecía un Estado de Bienestar que procuraba bienes y servicios para todos. Un orden en el que había garantías, derechos y una sensación por parte de la mayoría de la ciudadanía de sentirse representada y protegida por parte de ese complejo institucional. Ahora hay una tendencia centrífuga; mucha gente siente de un lado a otro del arco ideológico que las instituciones no trabajan para ellos y que no están reconocidos ni representados, y por ello, las soluciones que se buscan están fuera del sistema.

Esto tiene que ver con una mala resolución de aquella crisis y con una miopía de los partidos, que no han afrontado con valentía que había que cambiar muchas cosas en el sistema económico mundial, en el sistema financiero, en las regulaciones de los países… y que era mejor asumir algunos cambios que no mantenerse rígidos y haber llegado a generar esta apatía o desconexión de muchos ciudadanos. Y eso que España es un país razonablemente estable en comparación con muchos otros.

P.- ¿Han constatado una tendencia nostálgica de muchos por volver al bipartidismo? Los medios constantemente bombardean con esa idea y la adoban con la presunta inestabilidad que habría venido motivada por la entrada de nuevos players en el panorama. ¿Qué opina?

R.- La entrada de nuevos actores es consecuencia del comportamiento de los partidos tradicionales. Especialmente el del PSOE, que después de la crisis, perdió una enorme capacidad de representación. El desplome de este partido tiene que ver con esto, con ese tipo de planteamientos a corto plazo, de los que hablábamos antes y con sus políticas, que motivaron una reacción y un movimiento social, el 15-M, del que han salido opciones progresistas que en un determinado momento han estado a punto incluso de superar al PSOE. El bipartidismo provocó además unas enormes tramas de corrupción, como bien hemos sufrido en Madrid o bien saben también los andaluces. Los nuevos partidos han venido a actualizar y refrescar el sistema político y han obligado a las formaciones tradicionales a repensarse y a asumir que una mayor pluralidad en un país complejo como el nuestro, con gente muy diversa y muy formada, es lo mejor para la convivencia política. 

P.- ¿Cómo les tratan los medios? Parece que Más Madrid ha comenzado por despertar bastante simpatía.

R.- A nivel ciudadano parece que sí. Ya el día que anunciamos la candidatura acudieron masivamente e incluso muchos quedaron fuera porque literalmente no cabían. Ahí detecto ilusión y esperanza, pero a nivel mediático no diría yo que hay un cuidado o un cariño especial. No veo o escucho a muchos periodistas o tertulianos que hablen bien de Más Madrid, aunque le doy una importancia relativa. Estamos acostumbrados, yo misma, desde los tiempos de Manuela Carmena, a sentir ese cariño… Y luego eso no se ha visto reflejado en los resultados electorales.

P.- ¿Qué sueños le quedan a Rita Maestre? ¿Qué objetivos por culminar?

R.- Estoy muy agradecida de ser concejala de la oposición en el Ayuntamiento de Madrid. Voy a hacer lo posible para que el gobierno de Villacís y de Almeida con Vox no destruya una parte importante de la ciudad de Madrid…

P.- ¿Se siente usted amenazada?

R.- Como Rita no, pero como ciudadana de un gobierno cuya primera decisión es tratar de acabar con una medida contra la contaminación no me siento particularmente segura. Creo que no tienen más proyecto que destruir lo que se encontraron, deshacerlo…

El salto a la política nacional no me interesa», asegura, aunque si el azar le pusiera en disposición un ministerio, escogería Educación para «ordenar las diferencias entre las autonomías»

P.- ¿Tan dura es su opinión?

R.- Sí; Vox dice una cosa, Almeida otra, Villacís otra… Y creo que la Comisión Europea tirará abajo Madrid 360. En cuanto a mis ambiciones, no tengo más. La vida luego lleva su curso, pero en política hay que estar un ratito, no toda la vida. No lo quiero para mí, ni personalmente ni en general. Nuestro Código Ético así lo recoge ya, y yo ya he pasado un tiempo muy importante nada menos que en el Ayuntamiento de la capital de España. El salto a la política nacional no me interesa. Me gusta mucho la política local. Soy politóloga y me interesa la política desde ese punto de vista, el de los problemas concretos… Y eso se vive mucho más en la política local.

P.- Pero si el azar la pusiera en disposición de elegir, no sé, una hipotética cartera ministerial, ¿de qué le gustaría ser ministra?

R.- (Sonríe) No sé, se me ocurren varias, pero seguramente de Educación. Me gustaría, sobre todo, por recuperar u ordenar un poco las diferencias entre las distintas autonomías.