Me resulta complicado, pero a la vez extraordinariamente grato, entrevistar a una personalidad muy relevante de la Administración que a la vez es una amiga que admiro personalmente y profesionalmente. Me estoy refiriendo a Isabel Valldecabres, conocida por quienes la queremos bien como Bela.

No es una de las figuras de mayor perfil público del equipo gubernamental que rige los destinos de España desde hace cuatro años, pero tal vez por ello, es una de las más valiosas. Antes de aceptar la presidencia de la General de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, su trabajo en la sombra como jefa de Gabinete de la exvicepresidenta Carmen Calvo ha sido una de las claves de bóveda del correcto funcionamiento del complejo engranaje administrativo de este país. Su labor, y la de todo su equipo, afrontando una pandemia y otras catástrofes que devinieron en una terrible crisis sanitaria, económica y social, ha sido descomunal. Ello no le ha restado ni un ápice de pasión en su vocación de servicio público y en su concepción de cómo debe ser la política, la vida y las relaciones entre los ciudadanos, entre las personas.

Cuando evoca momentos recientes, que ya forman parte de la historia de este país, sus ojos se tiñen de un ápice de nostalgia, pero a la vez de un brillo especial que da cuenta de la satisfacción del deber cumplido. “Estar en el Gobierno de España te confiere una enorme responsabilidad, explica, porque tienes el honor de servir a la ciudadanía y cada día tienes que dar cuenta y explicaciones de lo que has hecho, incluso si las cosas no salen como se espera”. No se puede explicar mejor.

Hoy tengo el orgullo de tomar mi café dominical con BelaValldecabres, presidenta y directora General de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.

Pregunta.– Es curioso comprobar cómo es la vida, Isabel. La Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, una institución con más de 400 años de vida y en la que se fabrican, no solo nuestro dinero sino nuestros documentos, como nuestro carnet de identidad o nuestro pasaporte… y apenas es conocida. ¡Hasta que ha llegado la serie ‘La Casa de Papel’ y ha roto todos los esquemas! ¿Por qué ocurre esto?

Respuesta.- Este edificio se ha convertido en uno de los destinos turísticos preferidos por los extranjeros que viajan a España o de los propios españoles de fuera de la capital que llegan a Madrid y vienen a hacerse fotos. La Guardia Civil estaba escandalizada al principio porque venían incluso vestidos de rojo. Lo curioso es que la célebre serie no se rodó aquí. Los interiores fueron rodados, obviamente en platós y los exteriores en el CSIC. Pero la gente quiere inmortalizarse con el escudo de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y se suben a las escaleras del Wizink para hacerse una foto.

Esto ha sido para nosotros una plataforma de conocimiento general y de curiosidad por parte de la gente. Es cierto que no era muy conocida porque aquí lo que se hacen son documentos y esto es una infraestructura de seguridad en la que no puedes entrar y moverte fácilmente. Todos los talleres están cerrados lógicamente con esclusas y no es un sitio al que la gente venga, salvo a la tienda del museo o al propio museo, que es una preciosidad. De ahí a que no se conozca, siendo un Ente público empresarial en el que nos debemos a nuestros clientes, ciudadanos y al sector público en general, hay un trecho.

P.- ¿Y si le ofrecieran un papel en ‘La Casa de Papel’?

R.- La serie estaba concluida cuando yo llegué aquí (risas). Le voy a contar una anécdota divertida; dos semanas antes de que la ministra de Hacienda me ofreciera este puesto, yo visite los estudios de Netflix. Y me hice fotografías por todo el escenario de ‘La Casa de Papel’, fue como una especie de premonición. Cuando llegué mis hijos me dijeron: ‘Es la primera vez que no tenemos que explicar dónde trabajas’. Cuando en septiembre Netflix me llamó para pedirme hacer algo aquí les dije que por supuesto que sí, porque nunca les agradeceremos lo bastante habernos situado en el conocimiento general, además de una forma tan abrasiva. Montaron en la fachada unas luces, pusieron una caja fuerte ficticia, la gente se hacía fotografías y me regalaron un ‘Oscar’ que tengo en casa con gran ilusión, a la verdadera protagonista de La Casa de Papel. No, yo no le tengo miedo al público, pero no me veo como actriz. Hay gente muy brillante para eso.

P.- Ahora son muy populares, no dirá que son unos desconocidos…

R.- Era muy importante que se conociera, no solo porque no hay nada que esconder sino porque la gente de esta casa se siente muy orgullosa de su fábrica y de su empresa. Y no solo por transparencia sino porque lo que se hace, se hace bien. En tercer lugar, además, porque además de lo que has mencionado hay otra función que es ayudar a las administraciones en su transformación digital. Esto, que no es conocido, llevó a cabo un proceso muy innovador como fue la certificación electrónica y el DNI en el móvil. Todo el laboratorio de identidad, todos los proyectos de ‘blockchain’ en los que somos punteros y España es líder europeo a través de los encargos que nos hace la Secretaría de Estado de Administración Digital, es muy importante. Ahora llegan los fondos europeos y nosotros, dentro del ámbito de la digitalización, somos la empresa de referencia en temas de identidad. No tiene sentido que los ayuntamientos, comunidades, administraciones públicas en general estén, todas, trabajando en lo mismo. Cada uno tenemos un área de especialización y esa es la nuestra. Como son cuestiones relativas a la identidad de las personas, tenemos que ser nosotros los responsables porque somos garantía de empresa pública. Nosotros no vamos a desaparecer, tenemos todos nuestros repositorios con seguridad y prestamos servicio público. 

P.- Hablemos de las criptomonedas, que se han puesto muy de moda en los últimos tiempos, pero en torno a las que hay también muchas zonas oscuras, sobre todo por todos los escándalos provocados por las llamadas ‘criptosectas’. Se lo pregunto además como magistrada que es usted.

R.- Hay una palabra, muy conocida por los más jóvenes y por los especialistas, aunque tal vez no tanto por el gran público, que es ‘blockchain’. Se trata de una plataforma, o de un método, por llamarlo de alguna manera, que viene a sustituir a las bases de datos. Permite hacer un seguimiento de trazabilidad de las informaciones que se comparten entre dos operadores sin necesidad de intermediarios. Esta tecnología es fantástica y sirve para muchísimas cosas muy útiles, pero también ha surgido y se ha dado a conocer en el ámbito de las criptomonedas porque es una manera de desencriptar en las redes en la que, como una especie de ‘reto’, tú puedes pujar, ganar dinero… dicho así de una forma muy simplificada y un poco burda. Tiene muy poco de eficiencia energética porque estás todo el tiempo pujando, con todos los ordenadores en marcha… pero esto no tiene nada que ver con la base de la plataforma ‘blockchain’. Esta tecnología tiene unas utilidades estupendas.

P.- ¿Cómo debemos abordar esta innovación?

R.- Yo no soy partidaria nunca de dar la espalda a un fenómeno porque no me guste o porque no esté todavía regulado. La innovación siempre empieza donde no había alguien haciendo algo que alguien ha inventado. Esto ha llegado para quedarse, pero lo que tiene que haber es una intervención desde lo público, a mi modo de ver, que garantice que la gente que está entrando en ese mercado de la ‘cripto’ sepa de los riesgos que conlleva, como ocurre en cualquier otro producto financiero. Y que no ‘vendan motos’ porque no hay nada blanco o negro. Cuando empezamos a usar los medios de pago digitales en la economía se vio un valor muy importante que era que había una trazabilidad del dinero y de las transacciones económicas. El blanqueo de dinero se podía perseguir incluso mucho mejor que con el efectivo. ¿Qué ha ocurrido ahora? Que con las ‘cripto’ hay un problema de blanqueo de capitales extraordinario. Ante ello las autoridades tienen que tomar una posición para ver cómo se controla eso.

P.- ¿Pero debemos preocuparnos por lo que podría esconder ese mundo?

R.– Me preguntaba mi opinión como magistrada. Los años en los que he estado en la Audiencia Provincial ha comprobado que las mayores estafas y los grandes delitos económicos ya no son los robos y los atracos tradicionales, que siguen existiendo, sino los que se comenten de manera informática y con medios digitales que los bancos están soportando con costes altísimos. No todo el mundo está bancarizado ni tiene un cajero cerca, por no hablar de las catástrofes, de las guerras o de los ‘hackeos’. Creo que todo tiene que convivir. No puedes imponer a todo el mundo la forma en la que tiene que pagar, pero tiene que haber un control, de la trazabilidad del dinero, del dinero digital. El Banco Central Europeo, el Banco de España, el Ministerio de Economía, tienen gran interés en abordar cómo va a funcionar el euro digital. Inicialmente va a ser para bancos, pero luego puede ser también para los ciudadanos. Lo que no se puede es dejar a una persona sin realizar una transacción porque no entienda el mundo digital o porque viva en un municipio rural en zona de sombra digital o sin un cajero cerca. Hay que contemplar todas las soluciones. Todo es muy costoso de mantener y estamos estudiando la mejor forma de encajarlo todo, pero todo conlleva riesgos.

P.- Llega usted a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre después de tres años de ser la jefa de Gabinete de la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo. ¿Cómo fueron aquellos tres años?

R.- Fue desde el punto de vista personal una experiencia impresionante en la que aprendí mucho y en la que, junto con todo su equipo, trabajamos de manera incansable. Es muy difícil estar en un puesto en el que lo más complicado es la labor de coordinación puesto que además hay voces distintas en el seno del gobierno, experiencias diferentes, personas con mucha experiencia de gestión y otras con menos. España es un país muy serio, con una Ley de Gobierno, una Ley de Contratos… quiero decir, que la Administración funciona como una maquinaria muy potente, independientemente de las personas que desempeñen los puestos. En este caso era la séptima ministra con la que he trabajado, puesto que venía de haberlo hecho muchos años en áreas diferentes de gobierno. Sí fue un salto cualitativo, porque una Vicepresidencia no es como un Ministerio cualquiera y por todo lo sucedido, porque no puedes hacer ni una transición con el equipo anterior porque ya se han ido y se han ido muy rápido. No teníamos una perspectiva sobre si íbamos a estar toda la Legislatura o solo unos meses hasta que se convocaran elecciones. Después hubo una repetición electoral… todo era una especie de parálisis sobe la puesta en marcha de proyectos que estaban muy claros en la cabeza del Gobierno, pero para los que no teníamos ni presupuestos porque estaban prorrogados. Cuando empezábamos a respirar, llegó la pandemia, y tantas otras cosas que han sucedido porque cada día nos levantábamos con un nuevo disgusto. La responsabilidad es enorme porque sientes en tu espalda que si las cosas no salen bien tú tienes que dar cuenta. A lo mejor no puedes evitarlo, pero es tú responsabilidad porque estás en el gobierno de España y en un puesto muy importante.

P.- Llevamos unos días tremendos en cuanto al número de mujeres asesinadas por violencia de género. Me resisto siempre a hablar de cifras, aunque a veces es desesperante porque parece que no hay solución a esta lacra. Desde su experiencia como magistrada deme alguna esperanza para todas la mujeres y para todos los que creemos que hay que frenar el terrorismo de los machistas.

R.- En el año en el que yo trabajé en el Ministerio de Igualdad tuvimos la cifra más alta de mujeres asesinadas en este país. Yo estaba en el Ministerio de Justicia cuando se aprobó la Ley de Medidas contra la Violencia de Género. Una de las preguntas que nos hacíamos era cómo íbamos a medir la efectividad de aquellas medidas que habíamos puesto en marcha. El éxito no se puede medir por el número de mujeres que han muerto porque siempre va a haber homicidios. Yo soy magistrada y en todos los países existen leyes durísimas para castigar a quien mata o comete asesinatos u homicidios. Lo más duro no es el número, sino que todo lo demás que hay que hacer se oculta detrás de las cifras de las personas muertas. Existe el machismo estructural y la violencia de género, todo lo que tiene que ver con la prostitución y otras figuras, con la falta de oportunidades de las mujeres en relación con el acceso a determinados puestos, con las dificultades que tienen las mujeres para compatibilizar cuando son madres porque se asume como propio todo el cuidado de los hijos. La ley tiene que ver con la igualdad, tiene que ver con la visión democrática de las mujeres como más de la mitad de la población en igualdad de condiciones y con una organización social de la vida que pasa por la educación y por la sensibilización en la que nadie vea a otra persona como un objeto al que dominar. Las relaciones personales se tienen que basar en otra cosa.

P.- Y se preocupa además por los jóvenes…

R.- Sí, me reservo todos los años unos días para dar una clase de violencia de género a los alumnos de la Universidad Carlos III. Les doy una clase de sensibilización porque es imposible que pasen por la formación universitaria, que es algo más que conocimientos concretos, sin que alguien les explique como tienen que ser las relaciones entre las personas. Las relaciones sanas, como quiera que sea en la vida la relación que tengamos de pareja, y si no la tienes pues también. Todo tiene que ser con libertad y con pacto. Los jóvenes se quedan aterrados cuando ven las cifras que yo les doy de mujeres que han fallecido, o de niños huérfanos. Pero también les hablo de mujeres que han dado el paso de denunciar, de sus familias que las han apoyado, de sus amistades y de cómo va cambiando la mentalidad.

P.- ¿Hay un riesgo de inversión de esta tendencia con la presencia en las instituciones de partidos de extrema derecha que no reconocen la violencia de género? No solo en España sino en toda Europa.

R.- Hay un riesgo que tiene que ser conjurado. He trabajado con gente de distintas formaciones políticas toda la vida. He sido asesora parlamentaria y me he dedicado a la búsqueda de acuerdos y hay personas en todos los partidos que comparten una base de democracia, de Derechos Humanos, de igualdad, de principios constitucionales que no se cuestionan. El discurso que estamos escuchando en Vox, por ejemplo, porque es en quien se visualiza esto, está articulado de forma inteligente porque ellos no niegan la presencia de las mujeres en la vida pública. Ellos tienen mujeres muy potentes y profesionalmente muy cualificadas: abogadas del Estado o arquitectos o médicos. Como en todos los partidos. La cuestión es que, por el hecho de tú hayas llegado a un puesto, y lo has conseguido, no puedes decir que todas las mujeres son así. No es cierto. Hay personas que no tienen la misma igualdad de oportunidades que has tenido tú. Cuando te quedas trabajando hasta el octavo mes de embarazo, como decía una notaria en redes sociales, con una barriga que le tapaba las piernas, que yo la recuerdo porque soy madre y he tenido la dicha de tener tres hijos y una salud estupenda para poder trabajar hasta el último día, no criticaría que se apruebe una medida para favorecer que, si una mujer embarazada tiene molestias en la última fase del embarazo, pueda tomarse un descanso. Eso la sociedad lo tiene que respetar. De la misma forma que respetamos que cuando la gente llega a una cierta edad y le cuesta mucho trabajar se jubila. ¡Pero si es que es la normalidad más absoluta! Lo que no me gusta es hacer de las cuestiones de las mujeres una excepción. Las cuestiones que afectan a las mujeres son tan importantes como las cuestiones que afectan a la población en general. Solo que, en muchas ocasiones, no se ha tenido esa visión de si había algún problema específico derivado de nuestra condición de mujeres.  Pero el resto de la vida no te la condiciona el hecho de ser mujer. Me parece que es muy fácil hacer un discurso de: ‘Ya está bien con el victimismo de las mujeres, ya está bien de darles privilegios’ ¡Perdón! No son privilegios, son cosas que han existido siempre. Las mujeres somos de una fortaleza extraordinaria y estamos haciendo un cambio social para mejorar el mundo sin ruido, pero imparable.

P.- Volvamos a la transparencia. Hablemos de la Monarquía. A menudo se ha criticado la Monarquía española de falta de trasparencia. Lo hemos vivido en los últimos días con la polémica relacionado con la vuelta a España del Rey Emérito. Viaje tachado de ‘circo mediático’ por muchos y criticado por otros.  ¿La transparencia ayuda a la reputación de las instituciones?

R.- Sin duda. La transparencia y la publicidad son dos cosas distintas. La transparencia tiene dos virtualidades: en primer lugar, permite que la ciudadanía conozca lo que tú estás haciendo y que se pueda acercar. Incluso gente que quiera trabajar aquí. Aquí hay muchas familias que trabajan, muchas personas de una misma familia, como en muchas otras profesiones, porque se transmite el conocimiento que a otros no les llega. Yo no había oído hablar de la Fábrica de Moneda y Timbre porque soy valenciana hasta que me vine a vivir a Madrid. En los tres años que estuve en vicepresidencia no he tenido la más mínima relación. Es muy raro porque está en la vida de las personas, y como digo yo, desde el bolso a la cartera llevamos cinco o seis cosas de esta casa. Además, la transparencia obliga a un ejercicio personal de autocontrol porque tú sabes que lo que tú haces se va a conocer. La mayoría de la gente, y te lo aseguro porque soy magistrada, no cumple las normas por voluntad propia sino porque sabe que le van a pillar y que le pueden sancionar. Esa integridad personal está extendida. Pero hay un reducto de gente que sólo hace bien las cosas porque sabe que está controlada. La transparencia fuerza muchísimo a que si alguien tiene esa tentación se terminó porque le van a ver. Eso vale para todo el mundo. De hecho, en la Casa Real hay un progresivo ejercicio de contención y de transparencia y de acercamiento a las pautas normales de la ciudadanía. Es de la única manera que una Institución sigue teniendo el acogimiento y la legitimación, que no la legitimidad porque esa es constitucional, pero la legitimación diaria de los ciudadanos. Si tú cuentas lo que haces, es más difícil que la gente intente averiguar o sospechar que estás haciendo otra cosa. Si lo cuentas, eres tú el que estás poniendo el asunto encima de la mesa y es de lo que se va a hablar.

P.- ¿Cuáles son los próximos retos en esta casa?

R.- Seguir produciendo todos los documentos de valor que son inimitables y que son únicos y que hacemos aquí. No te oculto que tenemos las mismas dificultades que cualquier otro sector industrial en producirlos, porque hay escasez de materias primas, porque los precios han subido, la energía, todo nos cuesta muchísimo y nosotros no podemos repercutir en el precio que nos pagan las demás administraciones cuando nos encargan esos documentos porque nosotros somos una empresa pública y lo que aquí se gana se ingresa en el tesoro. No hay un objetivo de lucro. Tenemos que ir a costes y así es. Invertimos en innovación, en investigación, pero no hay un objetivo de ganar. Eso que es complicado en el mercado, el seguir produciendo, se acompasa con los grandes proyectos de acompañamiento a la Administración. Es muy importante que se nos conozca por una razón; somos un medio propio. Eso significa que somos una empresa pública a la que las distintas administraciones, local, autonómica o general del Estado no nos tienen que sacar a licitación los proyectos y contratos, que son extraordinariamente complejos y lentos de llevar adelante. A nosotros nos lo encargan y somos nosotros los que los ejecutamos. ¿Cómo lo hacemos? Sacamos licitaciones con todas las empresas privadas o hacemos acuerdos con empresas públicas y le entregamos ‘llave en mano’ a un Ministerio su proyecto. Eso le ahorra un montón de tiempo, garantiza que el presupuesto que tiene para un determinado proyecto se ejecuta a tiempo y que hay alguien con visión pública, de interés general, que garantiza que todo salga bien. En cada Ministerio, no te digo en los ayuntamientos, no hay un equipo capaz de poner en marcha un proyecto, con muchos fondos públicos, porque la gestión administrativa está tan controlada que cada euro que se gasta tiene que estar licitado y controlado. Y la Administración tiene unos recursos humanos limitados porque la gente está trabajando a destajo. Damos la garantía de que todos los proyectos salen bien.

P.- ¿Le queda algún proyecto o sueño personal a realizar?

R.- Servir a todas partes. Yo pensaba que mi vocación era ser profesora universitaria, después ser asesora y servir en los equipos de los Ministerios con el trabajo parlamentario, después me hice magistrada porque me gustaba muchísimo, y en una edad ya madura, ser capaz de resolver conflictos y de magnitud importante; después vuelvo a la política en Vicepresidencia y ahora me vengo aquí y descubro que me gusta ser directora de Fábrica. 

P.- Solo le falta ser ministra…

R.- No, no… ese tipo de cargos, ni se piden, ni se rechazan, se suele decir. En algún momento se ha barajado mi nombre y estaba plenamente convencida de que ese no era el puesto que me correspondía. Siempre he sido una segunda de a bordo muy cómoda. La ventaja de este trabajo es que yo presido la Institución, dirijo al equipo, pero una menor visibilidad pública. Lo que más me gusta es acompañar al equipo, transmitirles la confianza que yo tengo de las 1.300 personas que aquí trabajan, aunque por supuesto que hay que hacer cambios porque todas las instituciones se tienen que renovar.