La política está hecha de pura narrativa y los idearios se construyen entre las acciones de comunicación de los políticos y los grupos sociales que les apoyan. Al poco de nacer Madrid Central unos comerciantes crearon una plataforma de afectados que no tardó en enviar sus estudios y sus pruebas de los males nacidos del espacio creado por la alcaldía de Manuela Carmena.

Tan pronto Almeida tomó el bastón de mando del Consistorio y anunció su malograda moratoria a Madrid Central, nació una plataforma de apoyo que consiguió, por la vía judicial, que las multas volvieran al perímetro libre de coches contaminantes que marcó el anterior equipo de gobierno.

En mitad de los cruces de datos, opiniones, acusaciones, tuits, vídeos y todo el ruido mediático que se genera hoy en torno a cualquier cosa llegó otra plataforma. Una muy bizarra llamada No más Madrid Central, con su propia web y su eslogan: “Sí a la libertad”. Un movimiento ciudadano que se define así: “No Más Madrid Central nace como contrapeso a las movilizaciones a favor de Madrid Central que han surgido ante el resquemor de la izquierda tras perder las elecciones”.

Echó a andar con apenas un millar de pegatinas en la calle y un manifiesto delirante en su web con ideas entre su argumentario como que “al Pueblo le gusta transportarse en coche, y restringir su uso es atacar la voluntad de la ciudadanía y la democracia”, o sentencias como que «el automóvil refuerza nuestra autoestima individual”.

Las reacciones no tardaron en llegar, especialmente desde el ámbito de quienes apoyan a Madrid Central. Importantes influencers tuiteaban y retuiteaban los argumentos de la plataforma contra Madrid Central.

Y las conspiraciones contra la plataforma crecían. Alguien ponía pegatinas de apoyo a Almeida en los coches sin consentimiento de los dueños. Se pusieron pegatinas en muchos automóviles por el centro.

Una de ellas terminó en el coche de la portavoz socialista de Moncloa-Aravaca, Mª Ángeles García. El coche amaneció con la luna delantera destrozada por el impacto de un palet. Y en el coche también estaba la pegatina reivindicativa de No Más Madrid Central. Lío. Desde el PSOE se asociaron las dos cosas.

Y la plataforma No Más Madrid central se desvinculó y condenó el acto de violencia. “No tenemos ningún interés en destrozar automóviles, dado que somos una plataforma que los defiende. Y ninguno de nuestros miembros tiene tanta fuerza como para levantar un palet por los aires”, aseguraban en un comunicado.

No está claro si la portavoz socialista por Moncloa-Aravaca ha tomado medidas contra lo ocurrido con su coche, como publicaba hace poco El Plural.

Y hasta aquí el cuento de la plataforma No más Madrid Central. Porque se trataba de un cuento, una narrativa provocadora del Colectivo Ultraracionalista Homo Velamine, como han confirmado a los socios de esta agrupación. Se trataba de una acción más de las que emprenden. De sus performances son víctimas influencers, periodistas y políticos que ven en sus acciones grandes historias con las que alimentar realidades sociales que vienen siempre bien a una imagen o una narrativa política.

Su «acción» de Hipsters por Rajoy y los ‘cleroflautas’, religiosos que apoyaban a Pablo Iglesias con monja llamada Sor Passo incluida, fueron tomados en serio por medios de ámbito nacional. Ahora esta acción le ha costado, indirectamente, la luna del coche a la concejal socialista, si es que alguien le rompió el coche por su pegatina, que es una especulación. Lo que desde la falsa plataforma y desde Homo Velamine insiten en que ellos no rompieron el cristal.

No es la primera vez que las performances le cuestan una denuncia a estos activistas del ultraracionalismo: su falso «Tour de La Manada» en Pamplona, con el que querían llevar a extremos la información morbosa de la violación está pendiente de juicio pues se consideró que era real y una afrenta para la víctima.