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Dos mujeres militares en un desfile. EFE

Sociedad

Policías y militares, en pie de guerra: ¿Quién protege a las que protegen?

Las mujeres policías, militares y guardias civiles alzan la voz y denuncian la falta de protocolos efectivos contra el acoso sexual, la escasa presencia e invisibilización de la mujer en el sector y los comportamientos machistas que aún siguen teniendo cabida y que "apagan las voces feministas del sector"

Esta semana conocíamos el último de una larga lista de casos de acoso y abusos sexuales dentro de las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Esta vez se trataba de un guardia civil del puesto leridano de Ponts, condenado por acoso sexual sobre una superior en 2017. El acusado se dirigía a su compañera con expresiones como “a ver cuándo hacemos un trío con mi mujer” o “mañana te voy a violar”, unas vejaciones por las que ella tuvo que pedir la baja laboral y someterse a tratamiento psicológico.

¿La condena? Una multa de 2.100 euros y una indemnización de algo más de 4.800 euros para la víctima.

El pasado miércoles salía a la luz otra polémica sentencia: la de María de las Camelias, expulsada del Ejército y sin derecho a pensión tras 17 años de servicio. María ha sido destituida por padecer un trastorno psíquico, pero la Junta Médica Militar no ha tenido en cuenta que los verdaderos motivos de su afección son las secuelas del acoso laboral que sufrió por parte de un superior -que en 2005 la obligó a cavar zanjas pese a advertirle que estaba embarazada de cuatro meses, lo que le provocó un aborto-, según relata en una entrevista a Cadena Ser. La mujer recibió presiones para no denunciar, un estrés al que se sumó la violencia machista que vivió a partir de 2010 a manos de su marido.

Estos casos no son, ni de lejos, los únicos, lo que evidencia una realidad: la falta de protocolos efectivos en los episodios de acoso laboral y sexual y la todavía presencia de comportamientos machistas en la esfera policial y militar.

Para defender los derechos de todas las mujeres del sector nació la Plataforma de Mujeres Policías y Militares, que integran CCOO; el Sindicato Unificado de Policía (SUP); la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME); y la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC). La plataforma, que surgió oficialmente el 9 de octubre con la firma un manifiesto en Murcia, nace porque “en cada uno de los cuerpos policiales y militares se asiste a una problemática común todavía poco conocida”, asegura a El Independiente la Secretaria Nacional de Igualdad de AUGC, Alicia Sánchez.

Entre sus reivindicaciones se encuentran la “indefensión” de las mujeres del sector frente al acoso laboral y sexual; el recorte de derechos fundamentales; y el machismo, aún a la orden del día. Todas estas asignaturas pendientes responden a un problema aún mayor: “la falta de compañeras en los cuerpos y no solo en la escala de mando, sino en los puestos más básicos”, lo que provoca “que no haya presencia femenina a la hora de tomar decisiones importantes”, advierte Manuela Oliva, responsable federal de Seguridad Pública de FSC-CCOO.

Las cifras son aplastantes. Las mujeres representan un 7,5% en la Guardia Civil; un 12% en la Policía Nacional; y un 12,5% en las Fuerzas Armadas. Y los cuerpos autonómicos no mejoran esta tendencia. De los 100 efectivos con los que cuenta la Policía Canaria, solo ocho son mujeres; en la Ertzaintza, solo un 12% de sus 18.000 efectivos son féminas; y en la Policía Federal de Navarra, las mujeres suponen un 8% del total. En términos de paridad, el mejor dato lo tienen los Mossos d’Esquadra, un cuerpo en el que un 20,9% son mujeres. “La profesión puede no ser atractiva pero no hay medidas que incentive la entrada de mujeres” en un ámbito donde “ellas encuentran muchas trabas para ascender y las medidas de conciliación son nulas”, asevera Oliva.

Víctimas reducidas a testigos

En la Guardia Civil, el 77% de los casos de acoso sexual o laboral son archivados. Y, en el Ejército, la AUME alerta de otra realidad: el 100% de las denuncias por estas cuestiones los agresores son hombres y el 100% de las víctimas son mujeres.

“La mayoría de los casos se quedan en nada, en ocasiones porque son muchas las que lo ocultan por miedo a represalias, por temor a que afecte a su carrera profesional o como forma de mantener su puesto de trabajo”, alerta el secretario de organización de la AUME, Jorge Bravo.

Muchas mujeres ocultan el acoso por miedo a represalias, que afecte a su carrera profesional o a su propio puesto de trabajo”

Y, las que se atreven a denunciar no tienen mejores expectativas por la vinculación de las denuncias con la cadena de mando y por la participación de la víctima como mero testigo. “Si soy víctima de acoso tengo que dar cuenta al superior del agresor, que igual son amigos o se conocen, por lo que muchas veces no se toman medidas drásticas”. Una vez presentada la denuncia, “se abre un expediente y comienza un proceso del que la víctima no forma parte. Le toman declaración y no vuelve a saber nada más hasta la resolución. Así, si hay personas que mienten en el proceso no puedes defenderte, no puedes hacer nada”, explica Alicia Sánchez.

Los procesos carecen, además, de plazos y las víctimas no cuentan con medidas cautelares. “Las penas son muy livianas, como mucho multas o suspensión temporal de sueldo en los casos más graves, mientras que la víctima se tiene que dar de baja o irse a otro destino porque, al no existir medidas cautelares, no puede evitar a su acosador”, lamenta.

“El machismo apaga la voz feminista del sector”

Los sindicatos firmantes denuncian también los comportamientos machistas que, a día de hoy, se siguen silenciando. La Secretaria de Igualdad de la AUGC relata a este medio su propia experiencia. “Me han llegado a decir que, por ejemplo, no fuese a cubrir una pelea. Cuando preguntaba por qué me decían que porque era mujer y podían pegarme. También he vivido discriminación en un control policial, en el que llovía y un compañero me dijo que me metiese en el coche patrulla, que iba a resfriarme. Cuando preguntaba por qué, la respuesta era la misma”.

“Puse quejas por discriminación sexual y todo quedó en agua de borrajas. Me tacharon de ser sensible”, denuncia Alicia. Se trata de situaciones en las que “te infravaloran como persona” y, a día de hoy “el machismo continúa apagando la voz feminista del sector”.

Además de comentarios con acento machista, este tipo de conductas se manifiesta en los puntos más básicos, como el vestuario. “Numerosas compañeras denuncian que, cuando empezaron, no había pantalones femeninos y tuvieron que llevar los de hombre y no es algo que haya cambiado, seguimos igual”, se queja Sánchez.

Por su parte, la representante de CC.OO asegura que, por ejemplo, no existen chalecos antibalas adaptados a la fisonomía femenina, al igual que tampoco lo están los neoprenos del personal de los Grupos de Rescate e Intervención en Montaña (GREIM). Oliva menciona un caso en concreto: “en las FF. AA. de Estados Unidos las mujeres llevan consigo un aparato para miccionar porque, en misiones internacionales, bajarse del convoy puede ser peligroso. En España las mujeres destinadas no lo tienen y, si lo quieren, deben comprarlo por su cuenta”.

Los chalecos antibalas y los neoprenos del GREIM no están adaptados a la fisonomía femenina

Esto ocurre, en opinión de la entrevistada, porque “son tan pocas que no se las tiene en cuenta ni cuando está en juego su propia vida”.

Con el objetivo primordial de revertir la “situación de discriminación”, la asociación llevará a cabo acciones a nivel estatal y, pasadas las elecciones, pedirán reuniones a los grupos políticos para comunicarles su realidad, exigiendo al Estado un compromiso que garantice la igualdad “para también proteger a las que protegen”.

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Policías y militares, en pie de guerra: ¿Quién protege a las que protegen?