«La misma Europa que cura nuestras heridas nos complica el viaje». Los mismos europeos que nos salvan en el mar nos devuelven a nuestros puntos de origen, no nos dejan entrar en los puertos italianos y reservan para nosotros una fría cama de cemento a la intemperie en París. Lo primero, lo dice la niña que narra el documental Cartas mojadas (La Morada Films), que se estrena este viernes. Lo segundo, es lo que se interpreta viendo la primera obra cinematográfica de Paula Palacios, una directora con amplia experiencia en piezas documentales.

«No entendemos lo que les pasa ni por qué huyen», expresa Palacios en una entrevista con El Independiente. «Si en Europa han contado lo que nos pasa, no se lo han debido creer, porque ellos no entienden que, si nosotros sabemos eso, les tratemos así. No es posible tratarles con más desprecio del que les tratamos». 

No entendemos lo que les pasa ni por qué huyen»

Paula Palacios

Cartas mojadas retrocede, a través de misivas que se hunden en el mar, hasta 2016, cuando comenzó a complicarse la ruta entre Turquía y Lesbos, de poco más de nueve kilómetros por mar, por la que transitaban principalmente refugiados sirios e iraquíes. Este hecho supuso que tuviesen que buscarse otros focos de salida y de llegada en distintos puntos del Mediterráneo. Uno de ellos ha sido Libia, un «estado fallido», en guerra desde 2014 y donde «no hay un estamento jurídico que garantice la seguridad de los propios ciudadanos», tal y como recuerda el fundador de la ONG Proactiva Open Arms, Òscar Camps.

«La ruta de Grecia era corta, de unos nueve kilómetros, y es una travesía peligrosa por mar, pero no tiene nada que ver con el Mediterráneo central», señala, para agregar que «es una ruta muchísimo más peligrosa por la distancia». Además, se añade una gran barrera de arena anterior a la marítima que dificulta aún más la migración: «En la ruta subsahariana tienen que cruzar un desierto hacia Libia, y el desierto mata, tanto o más que el Mediterráneo».

«Cuando tienes que arriesgar la vida, no te ayudan y es una distancia de pocos kilómetros, es muy grave. Pero si luego Europa facilita que tengas que arriesgar todavía más tu vida en una distancia muchísimo mayor, y es casi imposible llegar, entre Libia y Malta o Italia, es casi una tortura», refleja la directora de este documental. Ella, que ha entrado en barcos de salvamento y de los guardacostas para seguir el recorrido de los migrantes, asegura que, a través de los números que se utilizan en los discursos xenófobos, muchas veces tergiversados, «nos hacen creer que están viniendo muchos migrantes, pero también están torturando a muchas otras personas y esa parte no nos importa».

«Mafias hay en todas partes, no sólo en Libia, también en Turquía«, indica Paula Palacios. «El problema es que en Libia la mafia es mucho más complicada, porque los obstáculos y las etapas a pasar son más, por lo que los migrantes se pueden quedar estancados durante un tiempo en alguno de estos puntos. Uno de esos focos es Bani Walid, a 170 kilómetros de Trípoli, y allí [los migrantes] se quedan de media dos años, en los que les torturan, les maltratan, les esclavizan… cosas que no podemos ni siquiera imaginar y que, en Europa, contamos en las películas de ficción, cuando son totalmente reales», explica Paula Palacios.

En Italia, hemos pasado de ser unos ‘colaboradores con las mafias’, como decía Salvini, a poder hacer nuestras labores de rescate»

òscar camps

Se une un problema más en Libia, y es el de los guardacostas. «En 2015, no había guardacostas, sino que eran diversos grupos armados que iban en embarcaciones neumáticas sin identificar y que daban mucho miedo, porque parecían más bien piratas somalís que un cuerpo de guardacostas oficial», afirma Òscar Camps en su conversación con este periódico. La Unión Europea, según asegura el fundador de la ONG, «se encargó de vestirles, uniformarles, dotarles de material y de barcos, y de hacernos creer a todos que, a partir de 2016, serían un cuerpo de guardacostas». Va más allá y sostiene que estos grupos y los centros de detención en los que se hacina a los migrantes en Libia están «financiados por la Unión Europea».

Italia, donde se encuentran algunos de los puertos europeos más cercanos a la costa libia, cambió en septiembre de 2019 el Gobierno y uno de los sacrificados en ese extraño Ejecutivo de coalición formado por el Movimiento 5 Estrellas y La Liga fue el líder de esta última, Matteo Salvini, que tuvo que abandonar su puesto como vicepresidente del Consejo de Ministros y ministro del Interior, después de haber dado dos veranos de quebraderos de cabeza a la tripulación de los barcos de salvamento en el Mediterráneo.

Esta coyuntura política desencadenó que embarcaciones como el Open Arms evolucionasen de «ser perseguidas, denunciadas, acosadas, secuestradas, amenazadas y disparadas a ser reconocidos como un barco de rescate legal». «Hemos pasado de ser unos ‘colaboradores con las mafias’, como nos difamaba el ex ministro del Interior italiano, a poder hacer nuestras labores de rescate», completa Camps. «Da la sensación de que pueden empezar a cambiar las cosas a partir de ahora».

LA MORADA FILMS

No hay política de acogida en España»

paula palacios

«Tanto en Italia como en España hemos tenido que sufrir campañas electorales con actos que distorsionan las mismas, como ocurre con el tema de rescatar personas en el mar, que puede ser utilizado a favor y en contra del Gobierno», reflexiona el fundador de Proactiva Open Arms al ser preguntado por el cambio de criterio en el Ejecutivo de Pedro Sánchez desde la acogida de los ocupantes del Aquarius en el verano de 2018 hasta la actualidad. «Nuestra relación [con el Gobierno] es cordial, pero nada más», desvela. «En público, España no se ha definido», dice al respecto Camps, que alaba el papel de Salvamento Marítimo, un «estamento civil que menos mal que está activo».

«No hay política de acogida», dice claramente Paula Palacios: «La política consiste en que vuelvan a sus países, en financiar a los guardacostas libios», a través de «devoluciones más rápidas». «Me parecen poco realistas los sistemas que se ponen en marcha para ayudar a la acogida de personas que huyen por razones muy graves», argumenta.

«La pandemia silenció absolutamente todo»

La actuación de los políticos españoles es vergonzosa»

òscar camps

Paula Palacios resume en la reproducción de una pregunta que le hicieron en el Festival de Cine de Málaga, donde se presentó esta película, el principal cambio que han experimentado los procesos migratorios durante la crisis del coronavirus: «Me decían en Málaga: ‘Bueno, en estos meses de confinamiento, ha habido menos llegadas y ha muerto menos gente en el mar’. Y yo les respondía: ‘Ha habido menos llegadas, está claro, pero no podemos saber si ha muerto menos gente en el mar, porque, si no había barcos, no lo hemos podido ver».

«La pandemia silenció absolutamente todo», dado que los migrantes han seguido llegando, pero «no tenían espacio en los informativos o en las publicaciones», apunta en la misma línea Òscar Camps. «Seguramente, seguirán huyendo, porque las torturas siguen ocurriendo», dice la directora.

El fundador de Proactiva Open Arms carga contra aquellos mandatarios que utilizan «la política para el interés personal y no para el bien general». «La actuación de los políticos españoles es vergonzosa» y, en el momento en el que se encuentra nuestro país, que «no haya una unidad y no remen en la misma dirección, de salvar el mayor número de vidas posible, es nefasto y es egoísmo», concluye Camps, que hace unos días señaló en Twitter que «un mal político mata más que un virus».