«Todos los dirigentes callados con lo del Open Arms», suspira un cuadro de Ciudadanos. «Perfiles completamente bajos, silencio oficial y los únicos comentarios a cargo de Marcos de Quinto». Este último tildó el pasado 17 de agosto de «bien comidos» a los pasajeros del Open Arms en la red social Twitter. Después se desató e incluso llamó «troll de mierda» y «cretino» a un usuario que lo interpeló para acto seguido borrar los tuits, con la plana mayor del partido naranja guardando silencio al respecto.

Más allá de la revuelta interna con De Quintos por sus comentarios de desprecio, subyace una sensación de incomprensión entre muchos militantes y votantes por la postura de Ciudadanos con relación a la actual crisis humanitaria. Porque Albert Rivera ha pasado su propio Rubicón con la cuestión migratoria, especialmente la que afecta a refugiados a la deriva.

El giro conservador que en la actualidad experimenta la joven formación ha mutado al líder naranja: de verse con refugiados en los campos de Grecia en plena campaña electoral de 2016 a callar ante el ex ejecutivo de Coca-Cola, que aterrizó en Ciudadanos como la apuesta personal de Albert Rivera. De pedir la acogida de más de 17.000 huidos al mutismo absoluto, tanto suyo -que solo se ha manifestado por Twitter desde su última aparición pública, a finales del mes de julio- como de sus filas.

De pedir acoger a más de 17.000 refugiados en 2016 a respaldar a De Quinto

En la derechización de Ciudadanos, que da más munición al sector crítico tras llegar al poder en Ayuntamiento y Comunidad de Madrid -o en la Región de Murcia- con el apoyo de Vox, bastante ha tenido que ver Rivera: el 12 de mayo de 2016, en plena campaña por las elecciones generales que tendrían lugar un mes después, el candidato visitó el legendario puerto de El Pireo, entonces atestado de tiendas de campaña con huidos de Siria. También acudió al campo de refugiados de Malakasa. «Estas familias podríamos ser cualquiera de nosotros», dijo; «han decidido huir para escapar de la muerte. A mi hija le he contado que estoy con personas y niñas como ella a quienes hay que ayudar, y que mi labor como político es estar al lado de quien lo necesita».

Eran otros tiempos, aunque la realidad es que no ha transcurrido demasiado: Podemos dominaba el debate y se hablaba de un sorpasso de los morados al PSOE que nunca ocurrió. En plena ola xenófoba propagándose por Europa Central y Oriental, Ciudadanos asumió la postura humanitaria de la familia liberal Alde en el Parlamento Europeo. Rivera se explayó y la prensa recogió las siguientes declaraciones: «La cuota de refugiados que tiene que recibir España no son solo números, son personas, son familias, son niños. Tenemos que acoger a todas estas familias. Huyen de la guerra. Huyen del terrorismo. Huyen de las bombas». Igualmente, destacó: «Cualquier español, ahí está nuestro pasado, con la Guerra Civil, podría ser una de estas familias. Todo el compromiso de Ciudadanos para que España se arremangue si de nosotros depende».

Hace tres años el debate estaba dominado por Podemos

Las cosas en Ciudadanos empezaron a cambiar en julio de 2018, pero no tanto como lo han hecho en el verano actual. Con Sánchez ya instalado en la Presidencia del Gobierno, Rivera se presentó en la valla de Ceuta. En realidad estaba en la ciudad autónoma para reclamar más medios y personal en apoyo a los agentes tras continuos asaltos a la valla ceutí, pero aprovechó para deslizar críticas hacia las «ocurrencias» y el «buenismo» de Sánchez por fomentar el «efecto llamada».

Con todo, Ciudadanos fue junto con Unidas Podemos el único grupo en el Congreso de los Diputados en aplaudir un mes antes del episodio ceutí el rescate del Aquarius. El partido emitió un comunicado sobre el anuncio: «Estamos ante una excepción humanitaria, hablamos de la vida de cientos de personas y creemos que un país democrático tiene que hacerse cargo. No podemos dejar morir a cientos de personas en el mar».

Denunció el «buenismo» de Sánchez desde Ceuta pero le felicitó por la decisión sobre el Aquarius

Así, la estrategia naranja con la inmigración y los refugiados ha dado las últimas semanas un giro espectacular. La filosofía humanitaria inherente al liberalismo que supuestamente el partido predica en Europa ha quedado enterrada, y de ahí la incomprensión de los críticos, un sector apagado tras la dimisión de Toni Roldán, la marcha de Manuel Valls y la sustitución de los afines a Luis Garicano por fieles a Rivera (como De Quintos).

En 2018, Renew Europe (el nuevo nombre de Alde) incluso invitó a la Eurocámara a Óscar Camps, fundador del Open Arms. Y frente a sus colegas europeos, los naranjas callan en España. La única manifestación oficial del partido sobre la crisis humanitaria fue suscribir la propuesta de sus ahora socios de Gobierno para pedir la comparecencia «urgente» de Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados para explicar los «bandazos» que ha dado el Ejecutivo en la gestión del Open Arms.

Tan solo el ‘díscolo’ Francisco Igea se desmarcó del PP y, tras censurar las palabras de Marcos de Quinto, ofreció Castilla y León para recibir al cupo correspondiente de inmigrantes. Más escueta fue Begoña Villacís, el otro -y único- peso pesado naranja que se limitó a decir que no creía que esos “migrantes bien comidos”.