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Irene Villa: "Viendo 'Patria' entiendo cómo alguien puede matar por ideas sectarias, aunque no lo justifico"

La escritora recibe a 'El Independiente' en su casa para hablar de 'Los ochomiles de la vida', su nuevo libro

Irene Villa atiende a El Independiente en el jardín de su casa

Irene Villa atiende a El Independiente en el jardín de su casa I.E.

Pocas personas representan mejor la resiliencia que Irene Villa. En 1991, cuando era tan sólo una niña, ella y su madre fueron víctimas de un atentado perpetrado por ETA en la calle Camarena del madrileño barrio de Aluche. Al ver las lesiones que le había causado el estallido de ese coche bomba, su padre estuvo a punto de perder la esperanza. «Si por él fuera, a mí me hubieran ‘eutanasiado’, como dice él», confiesa desde su jardín Irene Villa en una entrevista con El Independiente.

La escritora afirma que «el perdón es un antes y un después en la vida de cualquier persona». Para ella, haber perdonado significa haber roto «el vínculo con esa persona que te ha hecho daño» y prefiere no mirar atrás «ni para coger impulso». Hace 15 años que escribió Saber que se puede: recuerdos y reflexiones de una víctima del terrorismo, y ahora publica el libro al que considera la «segunda parte» la obra con la que debutó, Los ochomiles de la vida (Espasa), cuyas páginas se llenan de sentimiento de lucha y de optimismo.

PREGUNTA.- ¿Por qué decidiste escribir Los ochomiles de la vida y qué ha significado para ti este libro?

RESPUESTA.- Es un libro que he tardado tiempo en escribir. Escribí primero Saber que se puede hace 15 años, ni más ni menos, y este era una continuación de nuevos aprendizajes y de nuevas lecciones que la vida me había dado, pero ya con otra perspectiva y otra madurez. En el que escribí antes era una chica de 25 años y ahora lo ha escrito una de 40, que yo creo que cumplir 40 supone un cambio en la vida de cualquier persona: la crisis de los 40, la revolución, el cambio. 

En mi caso, ha sido un cambio a todos los niveles, pero muy positivo, porque yo soy amante de los desafíos, de los retos y de los cambios. Necesito estar en movimiento y tener algo que me rete, me desafíe y me inspire, crear cosas… Un nuevo libro es una creación, en el que he recogido, además, muchísimas lecciones de vida y muchísimos aprendizajes. 

P.- ¿Por qué dices que ha sido un cambio para ti llegar a estos 40 años? ¿Qué cambios ha habido en tu vida este último año, más allá de llegar a la cuarentena y de los retos que hemos tenido que afrontar todos con la crisis del coronavirus?

R.-  Me separé justo antes de los 40 y luego el cambio brutal que hemos vivido todos a nivel mundial, como una comunidad global y hermanada, ha sido el coronavirus; esta crisis sanitaria que nos ha colocado en nuestras casas, con muchos sueños truncados y yo creo que nos ha hecho también frenar nuestras vidas, porque vivimos siempre con una prisa desmesurada, con estrés y ansiedad. Ojalá este libro también ayude a paliar esas dos enfermedades del futuro, como son la ansiedad y el estrés.

Yo como psicóloga me muero de pena viendo cuánta gente no es capaz de gestionar sus emociones y cómo esto puede condicionar tus vidas de tal forma que haga que a veces sientan que no merece la pena vivir. Esto es terrible. Este libro es justo para lo contrario: para dar esperanza, optimismo, ganas de vivir y de afrontar lo que sea, sobre todo sabiendo que el principal ochomil eres tú.

P.- ¿Qué consejos le darías a alguien que está viviendo una situación complicada durante esta crisis del Covid para que comenzase a recomponerse?

R.- La lección principal es aprender a saltarse a uno mismo, que es la regla fundamental y, para ello, tienes que autoconocerte y confiar en ti y en el futuro, porque eso te da una paz que es necesaria para emprender cualquier proyecto, trabajo, una familia… La paz interior es lo que siempre he intentado contagiar. La vida es una y, cuanto menos tiempo estemos sufriendo o actuando llevados por emociones negativas, mucho mejor. 

P.- Comentabas en tu libro que uno de tus familiares ha sido una de las víctimas del Covid-19. ¿Qué supuso para ti no haber podido estar a su lado?

R.- Esta crisis sanitaria ha traído muchos daños. Yo he perdido a mi primo y ha sido terrible no poder estar con su viuda, porque sus tres hijos estaban desperdigados, cada uno en sus casas, y ella estaba sin su marido. Entró en urgencia médica y apenas habíamos oído hablar del Covid, porque fue en febrero e ingresó en marzo, como en una operación más. Y nunca más le pudo ver, yo tampoco me pude despedir… nadie se ha podido despedir. Entonces, me pongo en la piel de todas las personas que no han podido despedirse de sus seres queridos, porque entraron en la UCI y no salieron.

Es muy duro, y en este libro he aprovechado también para hacer un homenaje a todas esa generación, a la gente mayor. Es para homenajearlos una y mil veces, porque han superado tantos momentos históricos en nuestro país y, de repente… 2020, que era el año de la esperanza en el deporte, de los sueños y las ilusiones, se ha llevado a mucha gente. 

P.- ¿Sientes que, desde la clase política o los medios de comunicación, se está tratando a las víctimas de Covid-16 como simples números? 

R.- Ha habido muchísimas víctimas del Covid, por desgracia, y es muy difícil tener ese cariño y ese recuerdo una por una, como hemos tenido víctimas de otro tipo de tragedia. Se les ha tratado como a un número, pero es muy difícil. Se han hecho homenajes, que yo creo que nunca están de más, estamos con sus familiares y que sepan que no les vamos a olvidar. 

P.- ¿Qué significa para ti el perdón?

El perdón te libera: no cambia el pasado, pero mejora el futuro enormemente»

R.- El perdón es un antes y un después en la vida de cualquier persona. La gente empieza a vivir el día que perdona. Habrá mucha gente diciendo «¿yo no vivo?». No tienes la calidad de vida que tendrías que tener si hubieras perdonado a tu ex marido, a tu padre, a una persona salvaje que se te ha cruzado en la vida, a un amor tóxico… En la vida siempre hay gente que, sin se intencionado, te ‘joroba’ la vida, te destrozan en cierto aspecto, te hunden, pero no por ello vas a vivir atada a una persona por no perdonarla. Porque el hecho de perdonar significa romper el vínculo con esa persona que te ha hecho daño y, hasta que tú no la perdonas, está en tu vida de alguna forma, aunque tú creas que no. 

Para atrás, yo nunca miro. Siempre digo que «para atrás, ni para coger impulso». Pero es cierto que, si miras para atrás, hay que hacerlo agradeciendo todo lo que ha pasado por nuestra vida, porque nos ha hecho ser la persona que somos hoy, tanto en lo bueno como en lo malo, o perdonando, porque el perdón te libera. No cambia el pasado, pero mejora el futuro enormemente. 

P.- Como víctima del terrorismo, ¿verías con buenos ojos que acercasen a presos de ETA a las cárceles del País Vasco?

R.- Yo en temas políticos no me meto y yo sólo quiero lo que siempre he querido: memoria, dignidad y justicia. Por eso hemos luchado y por eso seguiremos luchando, igual que queremos lo mismo para las víctimas del Covid, como queremos lo mismo para las víctimas de cualquier tipo de injusticia. Siempre se buscan culpables y yo, la verdad, he aprendido a no buscar culpables. 

Yo pienso que hay que buscar soluciones positivas que nos ayuden a progresar como país y que nos unan, no que nos desunan. Yo soy muy conciliadora. Lo que quiero es que avancemos, no que retrocedamos y nos quedemos con esas heridas enquistadas, sin cerrar. Viendo Patria, puse en Twitter que me sobrecogía todo mucho, sobre todo viendo que hay cosas que siguen muy vivas. El hecho de que alguien destroce familias por culpa de una ideología o que no quiera ver a su padre, porque uno es de un lado y otro es del otro. Eso me parece retrógrado e impensable, pero eso ocurre hoy en España. 

Puse ese tuit y dije: «¡Qué pena que esté tristemente de actualidad!». Y alguien me dijo: «Es que las heridas no se han cerrado». Bueno, de eso se trata: cerremos las heridas, por favor. Se lo pido a todos los españoles. Parece que solamente nos guasta ahondar en la Guerra Civil, si la mayoría hemos nacido en democracia. ¿Por qué tiene que haber esa desunión a veces?

P.- ¿Será en el futuro una gran herida la gestión que se ha hecho del Covid-19?

R.- Se están abriendo nuevas heridas. Yo en política no me meto. Sólo digo que, más que buscar culpables y abrir heridas, rememos todos a una, que eso es muy difícil en un país tan plural. Yo amo la pluralidad, pero también amo el sentido común, y eso es lo que la ciudadanía pide.

P.- ¿Qué opinión tienes sobre la eutanasia?

En todos los ochomiles en los que me he metido he salido incluso fortalecida»

R.- Yo defiendo la vida, entonces, lógicamente, la eutanasia es algo que va en contra. Pero, claro, hay que ver en qué circunstancias. En el libro cuento que he conocido casos extremos en los que sí o sí la eutanasia era su liberación. En ciertos países en los que se permite con un montón de condicionantes, lo han dicho tres médicos, ya no hay nada que hacer, estás sufriendo… Nadie quiere ver a un ser humano sufrir. Sin embargo, es peligrosa la eutanasia cuando, por ejemplo, en un momento dado de la vida de una persona quieres acabar con tu vida, y luego resulta que tu vida renace y dices: «Menos mal que no tiré la toalla».

Mi padre dice que, si por él fuera, a mí me hubieran «eutanasiado», como dice él. «Yo pedí la eutanasia para ti. Imagínate si me llegan a hacer caso o si llega a ser legal». Mi opinión es esa: la esperanza es lo último que se pierde, pero si hay un sufrimiento y no hay una salida, una cura, una solución, por supuesto que estén en el cielo guiándonos, desde arriba, libres de dolores.


P.- ¿Alguna vez has pensado que no eras capaz de conseguir algo que te habías propuesto?

R.- La verdad es que yo creo que siempre he tenido mucha fe en todo lo que me he propuesto y creo que esa es una de las claves para enfrentarte a cualquier ochomil. Confiar en ti y en que lo mejor esta por venir es clave y en mi caso ha funcionado. En todos los ochomiles en los que me he metido, consciente o inconscientemente, he salido incluso fortalecida.

P.- ¿Es importante la disciplina y la constancia para lograr los objetivos que uno se propone?

R.- En este libro hablo de la importancia de los valores del deporte. La disciplina, el esfuerzo y el trabajo en equipo son innegociables. Mi deporte, el esquí adaptado, es un deporte individual, pero trabajamos en equipo. Ese aprendizaje es maravilloso y yo creo que todo en la vida es mucho más fácil cuando le pones empeño, ganas y pasión, pero también trabajo, que es lo que te lleva a conseguir las metas que te propones. 

P.- ¿Cómo te ha ayudado a ti el deporte en tu vida?

R.- El deporte lo primero que te da -y que para una persona con discapacidad es clave- es autoestima. Sientes que te mueves mejor, que puedes hacer las cosas de forma más autónoma, tienes más independencia, más control de tu cuerpo y más fuerza mental. A mí, cuando tengo que escribir algo y no me viene la inspiración, doy un paseo, hago pilates o nado y la energía cambia y brotan las ideas. El cuerpo hay que moverlo, igual que hay que tener la mente activa. Yo invierto en mente, cuerpo y espíritu, porque creo que las tres son fundamentales. 

P.- ¿Consideras que los influencers son «todo fachada»?

Nunca he bloqueado a nadie en Twitter»

R.- No, igual se ha malinterpretado en el libro, porque es verdad que he conocido casos en los que los propios influencers reconocen que necesitan ayuda. Ya cuando cumples una edad, aunque se fijen en ti, no es un dolor en tus hombros, pero para mucha gente a lo mejor puede resultar un peso que tanta gente se fije en ti y escudriñe hasta lo más mínimo. Hay que tener fuerza emocional para que no te afecte ni para bien ni para mal, ni para que te endiosen ni para que te pisen como una cucaracha. 

Es verdad que luego las redes sociales todos sabemos que son casi un vertedero de las miserias de la gente, sobre todo Twitter. Como dice la canción de Alejandro Sanz: «Para poder desahogarnos, hemos inventado Twitter». No puedo yo con mi porquería, así que te la echo a ti, y esto lo tienen que aguantar muchos influencers. Yo creo que hay que tener mucha madurez, mucha autoconfianza y mucha personalidad para que todo eso no te afecte. Luego me han contado psiquiatras que tienen necesidad de apoyo. 

P.- ¿Tú recibes más odio o más apoyo?

R.- Yo recibo muchísimo amor, cariño y apoyo. Son cosas maravillosas las que me escribe la gente. Que eso no quita que alguien algún día me diga una barbaridad. Pero, bueno, yo ni caso. Una crítica constructiva siempre es bienvenida y a mí me encanta. A mí me encantan las críticas, pero para mejorar. Cuando son críticas movidas por un interior pobre, por la envidia o por la ira, ni caso. Eso sí, no he bloqueado a nadie, que mucha gente pierde tiempo en bloquear y yo pienso: «¿Qué más te da lo que digan de ti?». 

P.- ¿Ni siquiera has hecho un ‘bloqueo preventivo’?

R.- Yo es que creo que cada uno puede expresar libremente. Yo soy muy de eso, de vivir en libertad. Yo lo de sentirme libre es algo que necesito, que quiero y así me siento. Entonces, los demás también. El que escribe esta crítica destructiva es quien se retrata. A mí me da igual que en mi timeline haya cosas destructivas, denigrantes o incluso insultos, porque no son míos, son de quien los profiere. Ellos sabrán lo que tienen en sus almas para decir eso. 

Al revés, me compadezco. Eso me ha pasado siempre. Yo decía, de bien pequeña, que les perdonaba, porque me daban pena los terroristas. Decía: «¿Qué tienen que tener dentro de su corazón para matar a una niña que ni conocen?». Y lo sigo pensando con 41, pero, claro, viendo Patria, ahora lo entiendes, que no lo justificas, pero lo llegas a entender. Cómo alguien te puede meter unas ideas tan sectarias y puedes llegar a asesinar a tu vecino, que era el que te compraba los helados. Eso es así y pasa con muchas ideologías y está de actualidad, lamentablemente. 

Que no haya un amor tan grande y suficiente como para cerrar todas las heridas y decir que, de lo que hicieron mis antepasados, yo no soy responsable. Démonos las manos como hermanos. Suena muy flower power, pero es verdad, yo lo siento así. Yo tengo en mi familia también, como todo el mundo que ha nacido en democracia, más de izquierdas, más de derechas, pero no por eso se rompe una familia, no por eso dejan de hablarse, no por eso discuten, no por eso se enfrentan y no por eso hay violencia. En fin, yo creo en un mundo más armonioso y pacífico. 

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