Sociedad ENTREVISTA

Mabel Lozano, sobre OnlyFans: "Es prostitución 2.0"

"La prostitución normal estaba viajando a las fronteras digitales, gracias a las TIC", expresa la directora de cine, que acaba de publicar junto a Pablo J. Cornellie el libro 'PornoXplotación'

Mabel Lozano, en un acto de presentación de 'El Proxeneta. Paso corto, mala leche'.

Mabel Lozano, en un acto de presentación de 'El Proxeneta. Paso corto, mala leche'. WEB MABEL LOZANO

Durante el confinamiento domiciliario iniciado en marzo, los clubes de alterne en los que las mujeres ejercían la prostitución se vieron obligados a cerrar. Fue en ese momento cuando se evidenció un cambio que venía dándose desde meses atrás: «La prostitución normal estaba viajando a las fronteras digitales, a las prostitución 2.0, gracias a las TIC». Así lo afirma Mabel Lozano, coautora del libro PornoXplotación junto a Pablo J. Cornellie, en una entrevista con El Independiente, en la que apunta hacia la tendencia cambiante de la prostitución a un porno «más salvaje y más real, al sexo en vivo, que es lo que más se lleva ahora».

Captan a mujeres en situaciones de necesidad y con contextos afectivo-personales complicados»

La cineasta hace hincapié en que plataformas como OnlyFans «lo que está vendiendo es sexo puro y duro» y que «se utiliza para la prostitución, para el porno en vivo y para el sexting«. «A través de OnlyFans, se están vendiendo muchos contenidos que tienen que ver con la prostitución 2.0», dice al respecto. Lozano refleja cómo este tipo de plataformas han atraído a más prostitutas durante el confinamiento, ya que estas mujeres «no podían estar en un club, pero seguían teniendo la misma necesidad» de ganar dinero y, de esta forma, «pueden seguir recibiendo a esos demandantes de sexo de pago», expone la directora de cine.

«Hay muchas mujeres que dicen: ‘Voy a entrar en esto porque no tengo recursos, pero voy a salir pronto’. Pero no, porque, una vez que colocas esos vídeos en línea, jamás los vas a poder bajar. Nunca. Y van a producir luego grooming y ciberextorsión», asegura. En su nuevo libro, PornoXplotación, Pablo J. Cornellie, que «era inspector de la Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales, y trabaja en Inteligencia», y la propia Mabel Lozano, directora de cine con compromiso social, han recopilado los testimonios de mujeres explotadas en el negocio del porno.

Lozano insiste en que el porno no es una industria, ya que «no puedes llamar industria a algo que no tiene dado de alta a nadie, ni te piden analíticas, ni tienes Seguridad Social ni nada». «Es entonces una industria entre comillas», dice. En el negocio del porno, «se busca mucho vender a las mujeres que van a ganar mucho dinero y se van a hacer famosas para que entren» y expresa que, a través de los testimonios de modelos webcam, han sabido que si ellas borraban un vídeo «porque querían salir de ahí» los empresarios «suben veinte», porque esos contenidos «se quedan ahí en los servidores para siempre.

La pornografía es un virus social, que no está mal visto»

«Muchas veces las echan rápidamente, porque la pornografía necesita millones de contenidos, con lo cual necesita siempre carne fresca», pero «cuando se quieren marchar, aparece la sextorsión». Lozano y Corneille detallan en su libro, para el que han estado documentándose durante cuatro años, cómo captan a «mujeres en situaciones de precariedad, de necesidad, con contextos afectivo-personales complicados», incluso en contra de su voluntad y, en algunos casos, las obligan a practicar bukkakes donde participan «una o dos mujeres con 50 hombres». «Ellos pagan por ir ahí a humillar a las mujeres, porque es un acto de denigrante, ya que las mujeres son un objeto y el hombre es el sujeto», sostiene.

«El semen me entró en los ojos, y por la nariz. Me atraganté, estuve a punto de vomitar varias veces, pero Lucí me hacía gestos para que continuase. Yo quería parar, movía mi mano izquierda para indicarlo; la derecha estaba agarrada fuertemente al miembro del hombre, como si fuera un mástil, para seguir con la masturbación, pero, también, para hacer un poco de fuerza y que aquella mamporrera no me introdujera el pene en el fondo de mi garganta. Si eso ocurría, pasaría de las náuseas a perder el conocimiento. El gesto de mi mano era claro: ¡No voy a seguir!», narran en un extracto del libro en el que detallan lo que sienten estas mujeres al participar en un bukkake.

La cineasta afirma que la pornografía, «un fenómeno globalizado y absolutamente turbio y poderoso», es alegal, aunque somos conscientes de que muchos de los contenidos que se fabrican para la pornografía vienen de la ilegalidad», y expresa que «las mujeres no denuncian, como ocurre con la trata y la prostitución, por el miedo, las amenazas, las coacciones, porque están solas», aunque matiza que «no es que yo diga que detrás de la pornografía todas las mujeres son víctimas de trata, no las hay y se blanquea». Ellas no llegan a «retomar la normalidad», porque, cuando salen de ese mundo, la sociedad les otorga el «estigma de prostitutas».

La pornografía está explotando por dos lados, según Lozano. Por una parte, utiliza a «muchas mujeres y niñas, porque las necesita para el porno vivo», y, por otro lado, «está captando a millones de consumidores cada vez más jóvenes para ver esos contenidos», por lo que da importancia a «educar a los hijos en relaciones afectivo-sexuales sanas, para que vean eso con un pensamiento crítico». «La pornografía genera violencia», señala, y «es un virus social, que no está mal visto».

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