El inicio de la campaña de vacunación contra el Covid-19 y la demora en la administración de las primeras dosis en algunas comunidades autónomas han generado una gran incertidumbre ante la posibilidad de salir de la pandemia en las fechas anunciadas. Esa polémica, como ocurre con todas las polémicas, se ha trasladado a Twitter, donde decenas de personas han reclamado que la situación contrastaba con la serie de inmunizaciones que se llevaba a cabo en la mili. «Los que hicimos la mili sabemos cuánto tarda el Ejército en vacunar a 2.000 personas», escribía Ricardo, autor de un tuit que ha traído a las memorias de muchos hombres hoy ya canosos sus experiencias como jóvenes reclutas.

«Si no recuerdo mal, estas revisiones las hacían en los primeros días del ingreso. Todos en fila y, a medida que nos tocaba, nos hacían quedarnos en calzoncillos. Pasábamos por distintas pruebas, de la vista, de sordera, la de posibles hernias y, por último, las vacunas», declara Ricardo para El Independiente. Afirma que no sabían «ni para qué eran dichas vacunas, ni tampoco nadie preguntaba», aunque con el tiempo se enteraron de que normalmente les inyectaban las del «tétanos-difteria de adultos, la hepatitis A y B y la triple vírica». «Éramos 2.000 soldados y antes del bocadillo ya habían terminado», señala. «Alguno que otro se desmayaba, pero, vamos, que algunos también se desmayaban cuando les cortaban el pelo», cuenta.

Algo similar recuerda Valentín, uno de los hombres que contestó a la publicación de Ricardo. Era 1971, aún vivía Franco y Valentín sumaba sólo 26 años. Acababa de llegar al Centro de Instrucción de Reclutas (CIR) de Zaragoza, situado a las afueras de la ciudad, cerca del actual Centro de Adiestramiento del Ejército de Tierra de San Gregorio. «Era lo más parecido a un campo de concentración. Creo que éramos 7.000 personas en aquel centro y estábamos divididos por compañías de 250 cada una», narra para El Independiente. «A mí me tocó en invierno. Hacía un frío espantoso. Algunos dormíamos con el arma dentro de la cama, porque si no al levantarnos por la mañana se nos quedaban los dedos pegados al metal por el frío».

Pasaban unos militares y te clavaban una aguja en cada brazo. ¡Plamba! Así de sencillo. Bien puesta»

VALENTÍN

Valentín acababa de entrar al servicio militar. A la semana de llegar, llamaron a su compañía para ponerles las inyecciones pertinentes. «No se sabía de qué eran», afirma. «Allí había mucho espacio al aire libre. Te hacían formar en el exterior, de dos en fondo y nos decían que pusiésemos los brazos en jarras. 250 tíos alineados en dos hileras. Pasaban unos militares y te clavaban una aguja en cada brazo. ¡Plamba! Así de sencillo. Bien puesta». «Te tenías que quedar en esa posición y después ya pasaban los otros chavales con unas pistolas que son prácticamente iguales que las que se usan para vacunar ganado. Te ponían la dosis y luego pasaba el otro equipo. Te quitaban las agujas y a correr, a vestirte y a funcionar», expresa este exsoldado.

  • Un recluta recibe una vacuna durante el servicio militar.
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    CEDIDA (Alcántara forogratis)

    «Se vacunaba al mismo tiempo a cada compañía en sitios distintos del campamento», por lo que incoar a «6.000 o 7.000 personas podía llevar no más de media hora o 45 minutos». «Era rapidísimo y estaban muy acostumbrados a hacerlo», recuerda Valentín, que comenzó su servicio en el Gobierno militar de Zaragoza, un destino «muy bueno», reconoce, del que decidió trasladarse para estar más cerca de la que en aquel momento era su novia. Ya en Madrid tuvo «hasta ocho destinos distintos». Este experimentado tirador, que estuvo cerca de ir a los JJOO de Tokio 1964, formó parte de la fue guardia del exvicepresidente Manuel Gutiérrez Mellado en su última etapa como soldado. «Era una persona excelente», dice de su superior.

El propio Gutiérrez Mellado y su participación en el 23-F unen la experiencia militar de Valentín a la de David, que juró bandera el 22 de febrero de 1981 y desarrolló su primera jornada como destinado en Hoya Fría (Tenerife) el mismo día en que Tejero amenazó la joven democracia en el Congreso de los Diputados. Él también recuerda las ‘banderillas’ de la mili, como popularmente eran conocidas. «Nos ponían en fila -había tres o cuatro filas- y te daban con una pistola. ¡Pum! ‘Siguiente’. ¡Pum! ‘Siguiente’. ¡Pum! ‘Siguiente’. Y en una mañana vacunaron a más de 2.000 personas, porque tardaban en poner la vacuna unos 15 segundos», relata David.

Este exrecluta señala que, después de haber pasado parte de su vida ligado al mundo sanitario como fundador de la plataforma Reconocimiento Para el Celador Ya, si le tuvieran que vacunar ahora, «evidentemente me preocuparía» de contra qué actúa la dosis administrada. «Los ayudantes técnico sanitarios (ATS) las llamaban ‘aspirinos'», declara Rafael, que realizó el servicio militar en la Guardia del Capitán General de Sevilla. Este antiguo soldado detalla que «íbamos sin camisa y pasábamos por una especie de pasillo, donde al principio nos daban yodo y nos metían la aguja en los dos brazos. Llevábamos las agujas colgando. A los dos o tres metros, había otros enfermeros que nos metían las jeringuillas», aunque otros sanitarios «ponían las vacunas con pistola».

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    CEDIDA (Alcántara forogratis)

    Bona, por su parte, indica que, al contrario de lo que mucha gente piensa, las agujas de esas pistolas de vacunación sí se desinfectaban: «Si nos fijamos en la pistola, veremos un cuadrado blanco: esa era la tapa del depósito de alcohol para desinfectar la aguja. Después de una ‘descarga’, la aguja retrocedía, se impregnaba de alcohol y al mismo tiempo se recargaba el depósito de dosificación».

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    CEDIDA (Alcántara forogratis)

    «Había gente que se mareaba, pero yo creo que era una cuestión psicológica, porque daño no hacía. Podían vacunar en una mañana a dos o tres compañías. Las tres vacunas podían ponértelas en un minuto y medio. Era más tensa la espera que la inyección de las vacunas», dice Rafael. «El problema estaba en que entre que nos ponían el yodo, nos clavaban las agujas y nos metían el liquido, pasaban intervalos de tiempo largo y los había que se mareaban y se rompían las formaciones», recuerda Bona, muy activo en el Alcántara Forogratis en el que muchos antiguos reclutas comparten sus memorias.

«La vacunación del Covid no tienen nada que ver con la de la mili»

«Esto no es como freír croquetas; estamos hablando de manejar materiales y personas»

La vacunación contra el Covid-19 «no tiene nada que ver» con cómo se incoaba durante el servicio militar o con otras campañas como la de la gripe, recalcan desde la Consejería de Salud de Andalucía: «Son vacunas distintas que están coexistiendo, pero son compuestos distintos, con distinta comparación y distinta técnica». «Se ha formado a los enfermeros que están vacunando contra el Covid precisamente por eso», expresan estas mismas fuentes, por lo que «no son casuísticas comparables».

«Hay vacunas que ya están constituidas y que simplemente es meter el inyectable, coger el líquido y ponerlas», exponen. Sin embargo, «cada frasquito de las del Covid tiene capacidad para dosis y hay que diluirlas, hay que constituirlas, por lo que necesitan una preparación diferente». Insisten en que los enfermeros que las administran no se toman esta labor como una contrarreloj: «Esto no es como freír croquetas, que cada croqueta tarda 20 segundos. Esto es distinto. Estamos hablando de manejar materiales y personas y de meter datos en el sistema de cada vacunado», sostienen.