La alfombra siempre impoluta del Hotel Miguel Ángel, un cinco estrellas, está llena de suciedad. Y los arbustos que decoran la entrada están secos y descuidados. La idea de los propietarios era que estuviera cerrado «hasta diciembre», pero ha llegado febrero y todavía no hay huéspedes.

La crisis del coronavirus está bajando persianas a un ritmo vertiginoso en Madrid. Algunos para siempre, otros con la esperanza de poder subirla a corto o medio plazo pero sin ninguna certeza sobre la mesa. Lo cierto es que el Covid-19 ya se ha llevado por delante algunos negocios míticos de la capital.

Otros muchos menos conocidos para el gran público pero que han dado vida a los barrios, como el concesionario de Citröen de Gaztambide 14. «Tras 73 años de actividad, 3 generaciones e innumerables crisis de nuestro sector, este COVID-19 nos ha vencido», se lee en el cartel colgado por los dueños en la verja.