El verano multiplica los desplazamientos, los trayectos largos y las prisas por llegar a la playa, la segunda residencia o una escapada de fin de semana. En ese contexto, la Dirección General de Tráfico ha reforzado su vigilancia sobre una conducta que parece menor, pero que puede salir muy cara.
En pleno julio, con la Operación Verano en marcha desde el 1 de julio y con campañas específicas de alcohol y drogas entre el 13 y el 19 de julio, la administración insiste en que cualquier distracción o conducta imprudente puede convertirse en un problema serio en carretera.
La sanción que muchos no esperan
El foco está ahora en lanzar una colilla encendida o cualquier residuo desde el vehículo. Esta conducta es tratada por la DGT como especialmente peligrosa por el riesgo de incendio, accidente o proyección de objetos hacia otros usuarios. La multa base puede reducirse a 250 euros por pronto pago, pero los puntos no se recuperan.
Además, el alcance de la norma no se limita a las colillas. La sanción también puede aplicarse al lanzamiento de envoltorios, restos de comida u otros objetos desde el coche, siempre que la acción suponga un riesgo o se interprete como una conducta imprudente al volante. Tráfico viene aplicando desde hace tiempo el no sancionar solo el objeto, sino la distracción o el comportamiento peligroso que provoca.
Qué hay detrás del castigo
La lógica de fondo es sencilla. Una acción breve puede tener consecuencias desproporcionadas. A velocidades habituales de autopista, apartar la vista de la carretera durante apenas dos segundos ya supone recorrer una distancia considerable sin control visual directo de la vía. Por eso, la DGT insiste en que las distracciones al volante son uno de los grandes enemigos de la seguridad vial. Esto se da especialmente en vacaciones, cuando hay más tráfico, más calor, más fatiga y más trayectos largos.
El problema se agrava en verano por la mayor cantidad de vehículos en carretera, viajes nocturnos para evitar calor o retenciones, equipaje cargado, niños en el coche, música alta, llamadas y paradas improvisadas. Todo eso aumenta la probabilidad de cometer errores pequeños que, sumados, derivan en sanciones o accidentes. En ese escenario, arrojar una colilla no es una simple mala costumbre, es una conducta que puede generar un incendio, una frenada brusca o una maniobra evasiva de otro conductor.
Operación Verano y controles
La DGT ha activado la Operación Verano 2026 con un calendario de controles reforzados y previsión de más de 104 millones de desplazamientos de largo recorrido entre el 1 de julio y el 31 de agosto. Dentro de ese dispositivo, una de las campañas más visibles es la de alcohol y drogas, programada entre el 13 y el 19 de julio. Aunque el lanzamiento de una colilla no forma parte de esos controles específicos, el contexto es claro, el verano es la gran operación de vigilancia vial del año.
También hay que tener en cuenta que la vigilancia no se centra únicamente en grandes excesos de velocidad o tasas elevadas de alcohol. La DGT está reforzando la idea de que pequeñas negligencias, si afectan a la atención o al control del vehículo, pueden acabar en sanciones de hasta 500 euros y 6 puntos en los supuestos más graves. Ese enfoque busca frenar conductas que, sin parecer dramáticas, pueden desencadenar accidentes graves.
Qué conductas se parecen a esta
El caso de las colillas conecta con otras infracciones muy conocidas del verano. Usar el móvil en marcha, manipular el GPS con la mano, conducir de forma temeraria o participar en carreras ilegales son ejemplos de comportamientos que también pueden conllevar sanciones elevadas y retirada de puntos. En los supuestos más graves, la imprudencia y riesgo puede llevar a multas de 500 o incluso 1.000 euros. La cifra varía según la infracción concreta y el grado de gravedad.
Hay otro matiz importante, y es que no todas las infracciones son iguales aunque el importe final se parezca. Algunas se castigan por el riesgo ambiental o de incendio, como tirar una colilla. Sin embargo, otras por distracción, como hablar de forma intensa o manipular objetos; y otras por peligro directo para terceros. Esa diferencia importa porque el agente valora el contexto, la maniobra y el efecto real sobre la seguridad.
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