La isla volcánica, Madeira, situada al norte de las islas Canarias, deslumbra por sus frondosos bosques en escarpadas laderas; descubiertas por los portugueses en 1419, llegó a ser un punto estratégico de navegación en el Atlántico. Los primeros pobladores introdujeron el trigo, las vides y la caña de azúcar, convirtiéndose en pocos años en uno de los mayores centros de producción de azúcar del mundo, asi como pioneros en la elaboración del ron.
Los cultivos de caña son especialmente laboriosos en Madeira, pues se desarrolla en las terrazas de sus abruptas montañas, por lo que demandan mucha mano de obra. Los portugueses fueron los responsables de introducir la caña de azúcar en Brasil, donde se elabora la cachaza, convirtiéndose en pocos años en sus grandes competidores. Tras décadas de decadencia, en los últimos años ha mejorado mucho el cultivo de la caña de azúcar y Ron de Madeira (con Indicación Geográfica protegida), está teniendo reconocimiento por su calidad, como ron agrícola.
Existen dos tipos de ron de Madeira: el Natural, que no conlleva crianza y que destaca su intensidad aromática y frescor de la caña; y el ron añejado en barricas de roble, con un mínimo de tres años de maduración, donde adquiere más cuerpo y complejidad. En la botella se puede indicar la añada de la cosecha de la caña, y el tiempo de añejamiento que puede fluctuar entre los 3 años y 25 años. Es muy común el disfrute por parte de la población de una bebida denominada poncha, que lleva aguardiente de caña, melaza o miel y zumo de limón, que se mezclan con un característico palo dentado al final. La poncha es muy agradable, suave y refrescante, y se encuentra en toda la isla.

Madeira, la hermosa isla portuguesa en el Atlántico, nos mostró sus encantos durante la celebración de Spirits Selection del CMB, concurso de cata a ciegas de bebidas espirituosas, donde 106 jueces, de 38 nacionalidades, valoraron 2.300 muestras de 215 categorías diferentes. Los principales países que aportaron sus destilados y licores fueron México, Francia, China, Brasil e Italia. El rigor y prestigio de Spirits Selection se cimenta en el rigor y amplia experiencia de sus catadores, así como en que solo entregan un 33% de medallas, lor lo que sus medallas suponen uan garantía de calidad al consumidor final.
El primer día se celebró una cena tradicional en el IVBAM (Instituto do Vinho do Bordado e do Artesanato da Madeira), y previamente pudimos disfrutar de un show room con numerosas bodegas de vino y productores de rones agrícolas de la isla, sus dos grandes joyas liquidas. La peculiaridad de sus rones es que proceden del jugo de la caña de azúcar, a diferencia de la mayoría de los rones que son de melazas, por lo que solo se elaboran durante dos o tres meses al año, el tiempo que dura la zafra de la caña. Su parentesco más cercano sería los rones agrícolas de Martinica y Guadalupe, en el Caribe francés, y las cachazas de Brasil.

Probamos varios rones: Balancal Blanco (52,1º) que realiza dos destilaciones, la primera en alambique y otra en una columna de 6 platos, despliega seductoras notas de caña de azúcar y en la bica es cálido, goloso y picante. Su Amber, realiza 8 meses de crianza en barricas de roble, es seco, redondo y potente. Su 2021, ron de 3 años en roble (42,7º) es dorado, con notas de vainilla, con notas herbales, de caramelo y final goloso de caña.
Vistamos Engenho Novo da Madeira, ubicado en la costa oeste de la isla, una destilería nueva de marcado carácter industrial, que fermenta solo el jugo de caña con sus levaduras naturales y se obtiene un jugo con entre 5 a 7º de alcohol, que destilan en una columna de 8 platos, aunque otros en un doble alambique pot still de altos ésteres, para obtener rones al estilo jamaicano. La crianza la realizan en 1.400 barricas de roble, de entre 205 a 500 litros de capacidad, de vinos de Madeira. Por su clima tropical, la evaporación anual de las barricas es de un 5%, aunque en la parte alta, donde se almacenan pueden superar esta cifra, por el intenso calor.

Su marca más conocida es William Hinton, que rinde homenaje al industrial británico que desarrolló la destilación del ron en Madeira en 1845. Su ron blanco (40º) seduce con sus notas herbales de caña, con una boca golosa pero fresca, muy equilibrada. Su ron de 6 Años, madura durante este tiempo en 5 tipos distintos de barrica de roble: vino de Madeira, Oporto, brandy, sherry y bourbon; de color ambarino, despliega notas caramelo y vainilla, con una boca golosa, redonda con final de roble. Su Limited Edition Reserva (42º) madura en barricas de vinos de Madeira, donde se fusionan rones de 6 a 21 años, y acabados de entre 6 a 9 meses en barricas de sherry, brandy y oporto; su aroma es dulce de moscatel, y su boca redonda, fina, de largo final muy placentero.
O Reizinho, es una pequeña destilería familiar, que mantiene las tradiciones en la elaboración del ron agrícola desde 1982 (al principio solo aguardiente de caña). Su blanco (62º), que madura durante 3 años en depósitos de acero inoxidable, es muy aromático, herbáceo y goloso de caña, muy sabroso, vivaz y fresco en boca. Estete Rhum, de 3 años en barricas de roble francés, recuerda al vino dulce de Madeira, con un suave ahumado y vivacidad herbal, es envolvente y con un toque tánico. El 6 Años madura este tiempo en barricas de vino de Madeira, que potencia su complejidad y la fuerza de la caña de azúcar.

La destilería Engenhos do Norte, ubicada en el noreste de la isla, en la población costera de Porto da Cruz, representa la historia viva del auge de la caña de azúcar en Madeira. Construida en 1927 mantiene la tradición en la elaboración del aguardiente de caña de azúcar y del ron agrícola, y sus cañaverales, donde cultivan 4 diferentes variedades de caña, están influenciados por la cercanía del mar y su clima tropical; sus bellas instalaciones bien merecen la pena visitar para tomar el pulso a la historia. En Madeira hay 840 cultivadores de caña de azúcar, y su recolección es manual, en unas duras condiciones de verticalidad. Aquí estrujan la caña de azúcar, extraen su jugo (solo durante los meses de la zafra, entre marzo y mayo), y este fermenta entre 38 y 42 horas, y el resultado se destila en tres tipos de distintas columnas, que va a madurar en barricas de roble francés, de brandy o que contuvo vinos de Madeira
La Blanca Rum Natural (45,6º) es su ron sin crianza, resulta muy golosa, con notas herbales y fin amargor final; mientras Branca Rum Agricola de 80,1º es muy pontente, con carácter de caña y calienta las tripas; su marca 970 (52º), madura durante 8 años en barricas de vino de Madeira, es una edición limitada con aroma de caña y tostado de roble, con una boca potente, golosa y envolvente; 970 de 6 Años es su Reserva, redondo, fino, cálido, pero con mucho carácter de caña. 970 Single Cask Edition (53,3º) de 2018 procede de una sola barrica, es muy sabroso, vivaz, con energía de la caña y muy largo. Original el 970 Premium Grande Reserva de 45 años (48,2º) resulta muy oscuro y denso, complejo, fino, redondo y muy largo; toda una recompensa a la paciencia.

Los vinos de Madeira tienen prestigio mundial por su personalidad; una de las primeras variedades que plantaron en la isla los colonos portugueses fue la Malvasía, que años después le daría mucha fama a sus vinos, cuyo principal mercado era el británico y posteriormente el norteamericano. Dos interesantes técnicas de elaboración dieron como resultado los vinos de Madeira: la fortificación con alcohol vínico (que para la fermentación y permite diversos niveles de dulzor en los vinos), como en los vinos e Jerez, y el estufado.
Otra peculiaridad fue que, con las travesías en barco a las Indias, el vino realizaba un viaje de ida y vuelta (“vino da Roda”), y al pasar por los trópicos las altas temperaturas aceleraban el proceso de envejecimiento. Algunas de estas barricas retornaban a Europa, donde alcanzaron una gran fama y elevados precios. A mediados del siglo XVIII, los comerciantes introdujeron el estufado, que consistía en reproducir el viaje en barco, mediante aire caliente en las bodegas de maduración donde reposa el vino en las barricas. Otro sistema de acelerar la maduración es en “canteiro”, por el cual se ponen las barricas en la parte alta de las bodegas para que el mayor calor, tengan una mayor evaporación y a la vez una mayor concentración de sabor, ganando complejidad. Los vinos de Madeira indican su tiempo de maduración en la botella, que puede fluctuar entre los 5 hasta los 50 años.

La bodega Henriques & Henriques, fundada en 1850 en Câmara de Lobos, por Joâo Gonçalves Herriques, es una de la más prestigiosas de la isla, y cuenta con 17 hectáreas de viñedo de la cinco principales variedades de uva que se cultivan en este clima tropical y en bancales de las escarpadas laderas de suelos volcánicos. Su vino fortificado Sercial, de 10 años es seco, con aromas de pasas, y equilibrado dulzor y acidez; Verdelho de 5 Años, es dorado, en la boca goloso, con notas de caramelo; Terrantez de 20 Años, es semiseco, con notas de caramelo, grato dulzor, recuerdos de frutos secos y fino amargor final. Boal de 15 Años es semidulce, de color dorado cobrizo, sabroso, amplio, jugoso, con notas de pasas y caramelo. Mientras me sorprende su excelente Malvasía de 2001, de 24 años, de color cobrizo oscuro, recuerdos de pasas, caramelo, tostados y regaliz, de larguísimo recuerdo.
En el corazón histórico de la capital de la isla, Funchal, podemos visitar las instalaciones, el museo y tienda de vinos de Blandy’s, una de las casas históricas de los vinos de Madeira. Es curioso que desde los orígenes de estos vinos fortificados (se les añadia brandy para que pudieran aguantar las largas travesías marítimas), lleven asociados una variedad de uva: Sercial, Bual, Verdelho, Malvasía, con estilos de vinos concretos según su dulzor, desde los más secos hasta los dulces. El seco que catamos es un blanco de Sercial, fino, fresco y vibrante, de final goloso y cítrico; mientras el dulce es de Malvasía (Malmsey), de color castaño, aromas de pasas y caramelo, notas de higo seco, nueces, cascara de naranja y chocolate, con buena acidez y fino amargor.

Madeira, la isla de las flores, de impresionantes valles, montañas y acantilados, cubiertos de una exuberante vegetación, que nos seduce con la calidez de sus gentes, sus excelentes vinos viajeros y sus cada vez mejores rones agrícolas, de marcada personalidad.
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