En septiembre se afirmaba que Ceuta y la crisis migratoria y ciudadana aún persistente iban a marcar lo que restaba de legislatura al Gobierno de Pedro Sánchez. A la entrada de octubre, las izquierdas consiguieron imponer un debate sobre el acceso a la vivienda tras la derrota con los dos decretos de esta materia, lo cuál incentivó al presidente a adelantar los comicios generales, alternado completamente el escenario. El accidente ferroviario de este miércoles entre Urda y Los Yébenes, en Toledo, sin embargo, altera completamente el rumbo de la precampaña y dinamita una situación en el que tanto PSOE como Frente Amplio preveían una remontada en las encuestas. "¡Como Lula –da Silva– en Brasil!" llegaron a afirmar tanto Sánchez como el ministro Pablo Bustinduy este lunes, al calor de la victoria histórica del presidente brasileño.
El shock que supone el accidente es total. Primero, claramente humano. Al cierre de esta edición, el número de víctimas determinado por el Gobierno de Castilla-La Mancha era de 68 personas. A ellos se unen casi una centena de heridos, 15 de ellos en estado de gravedad, 53 en un rango estable y el resto leves. En los dos trenes siniestrados viajaban 444 personas. En el Iryo (6079), 147 pasajeros, incluido un bebé. En el AVE (2080), 297 personas. Dos coches de cada vehículo se han precipitado por un terraplen, siendo la principal causa de las muertes y de los heridos de mayor riesgo. A ese impacto humano, se une desde el punto de vista político y su influencia en campaña, el emocional. La carga emotiva de este episodio lo revoluciona todo, y más allá del debate, abre un ambiente perfecto para mayor polarización, enfrentamiento y vía libre para que la desinformación campe sin cuartel. Ninguna encuesta que se esté 'cocinando' ahora sirve ya.
La inmigración, la inseguridad, o la economía y la fiscalidad por parte de la derecha, o el precio de la cesta de la compra, la vivienda o 'frenar a la ultraderecha' dejan, al menos por ahora, de ser los ejes prioritarios del debate. Lo pasa a ser un enfoque claro: la gestión del Gobierno y el dilema de si España funciona o no. Algo que, indirectamente, entra en los límites del discurso del 'orden' que partidos como PP y sobre todo Vox quieren explotar. El impacto es claro y lo refleja la atención de la prensa internacional a la cuestión. Desde The Guardian, la BBC, Le Monde, Il Corriere della Sera y hasta el New York Times comparon su portada con el asunto toda la jornada de ayer.
Por un lado, se rompe el esquema de 'positividad' al que se aferra la izquierda, principalmente Sánchez, con eventos como el de Leganés de hace dos semanas donde protagonizó una imagen de resistencia y de propuesta del afecto y el amor con el ya trascendente beso con su esposa Begoña Gómez; al más puro estilo de la campaña de la argentina Cristina Fernández de Kirchner en 2011. O también contraponiendo lo que consideran que sería una etapa oscura para el país, de un "retroceso de 50 años" frente a "avances". Porque el accidente dificulta notablemente restituir una estrategia de campaña optimista, especialmente por ser un debate de peso, de trascendencia que no se evaporará o quedará en un segundo plano como en Ceuta. Todo pese a que la celeridad del debate público generalmente cambia agendas en cuestión de días.
Por otro lado, la gestión copa protagonismo en el debate general, con mayor o menor carga de emoción para movilizar al voto antisanchista en el caso de la derecha –especialmente Vox–, y la sensación de incertidumbre e inestabilidad que este tipo de sucesos provocan en la población. Ante asuntos como este, ir contra las políticas de PP y Vox puede no ser suficiente. Incluso aunque la izquierda plantee que ambas formaciones buscan aprovechar la tragedia para su éxito electoral y la derrota del Gobierno. Ese foco sobre la gestión se intensifica cuando en el centro del debate queda el ministro de Transportes, Óscar Puente, y por su lógica combativa en redes sociales, lo que ha dado combustible a sus rivales para definir que hay una falta de implicación y de prioridades en su mandato.
También teniendo en cuenta que Transportes ha sido uno de los quebraderos de cabeza para Sánchez esta legislatura: desde los casos de 'mordidas' y prostitución derivados del anterior mandato de José LuisÁbalos, a los reiterados fallos en la infraestructura ferroviaria, Adamuz y la actual crisis.
La estrategia del PSOE, afectada haya o no dimisión de Puente
La primera respuesta de Puente, visiblemente afectado en su comparecencia desde el centro de control de Adif en Atocha este martes, ante el escenario que se abre de cuestionamiento de la gestión y la infraestructura, es la de acotar el debate no tanto al estado de la infraestructura sino a que el accidente ha podido derivarse de un "error humano". Evitó en todo caso señalar directamente al operario que dio la orden al AVE a reiniciar su marcha despues de la caída del sistema LZB de seguridad, que bloquea los trenes automáticamente, y con el que posteriormente se produjo el impacto con el Iryo, que seguía parado en la misma vía por la que el tren circulaba. "El centro de control toma la decisión de reanudar la marcha. No atribuyo responsabilidades a nadie, solo relato hechos constatables", dijo Puente.
Después vino una pregunta clave: dos accidentes en diez meses, ¿es seguro viajar en tren? "Es fiable y seguro con unos límites que abarcan los límites del material, de la infraestructura y de la capacidad humana, como cualquier transporte". Tras la comparecencia, reaccionaron desde PP y Vox, hasta los propios socios del Gobierno, que mostraron dureza. Si bien hay cuestionamiento interno de Puente dentro de Frente Amplio, la refundación de Sumar pidió que Moncloa asuma "responsabilidades políticas" y que haya "una auditoría independiente" para comprobar qué ha ocurrido.
Las propias dudas de los socios evidencian que independientemente de si es un error humano o de la infraestructura, Transportes, con Puente a la cabeza no traslada confianza al público en general. En paralelo, desde Génova, Alberto Núñez Feijóo clamó porque haya "una investigación gubernamental y judicial" con todos los medios. El presidente del Gobierno, se compromete ha que una investigación concluya si ha habido "negligencias", porque "no es asumible para España" sufrir dos siniestros de este rango "en un mismo año". Pero independientemente de lo que haga Puente, la estrategia socialista queda dañada. Si se va, se asume una responsabilidad que desde hace mucho se lleva exigiendo al PSOE, y si se queda, el señalamiento de PP y Vox va a ser constante.
El PP, con el freno pisado mientras Abascal se lanza
El debate que se abre es claramente más beneficioso para la derecha frente a un Gobierno que tiene que mostrar que ofrece la mejor versión posible de gestión. En su comparecencia de este miércoles, Feijóo expuso un modelo de acción completamente distinto al de Vox. Declaró que si bien no habrá "silencio" por parte de su partido, la situación requiere un tiempo donde primen las condolencias, el respeto y la atención a los heridos y los familiares de las víctimas.
Hubo críticas de Feijóo muy veladas contra Sánchez, contra su "muro" en vistas de la actuación "unida" de la ciudadanía. Pero también de ese cuestionamiento a Puente, sin citarlo, con la propia demanda de investigación y dibujando un panorama de falta de funcionamiento del país que apunta a intensificarse próximamente. "Tengo confianza en que este país puede volver a funcionar. España tiene derecho a saber qué está pasando con sus infraestructuras", si se ha dado respuesta tras el accidente de Adamuz, y en "qué se invierte cada euro". "Garantizo quen todo esto lo tendrán", expresó Feijóo, contraponiendo el modelo que ofrece con el 'modelo Puente'. A través de sus redes, Génova compartió una fotografía con fondo blanco y texto: "Ya está bien". Algo mucho más claro contra la gestión y que anticipa que la ofensiva va a ser dura.
El perfil crítico mostrado por Feijóo responde al momento, pero también ante la previsión de que el PSOE confrontaría con los populares de haber una reacción inmediata, frontal y directa contra ellos. No lo necesitan, en todo caso. Fuentes próximas al partido, conocedoras de la estrategia electoral, apuntan que con el escenario previo al accidente la victoria sobre la izquierda y junto a Vox estaba garantizada en 190 escaños si no había ningún elemento desestabilizador. Eso ahora puede cambiarlo todo, aseguran.
Vox, desde los minutos posteriores al accidente, se mostró partidario de esa vía de exigencia de responsabilidades, pero yendo en ascenso en el tono empleado y arremetiendo directamente contra el Gobierno aún con el recuento de víctimas subiendo. Los de Abascal añaden ese elemento emocional, bifurcador, a un debate sobre gestión que les funciona entre su público, pero también entre el electorado indeciso que puede decidir por asuntos como este pasar de una papeleta a otra o de la abstención a su colegio el domingo 29-N.
Abascal pasó este martes de mostrarse algo contenido durante una intervención en Antena 3 desde Santander a horas después, en declaraciones a los medios, a arremeter directamente contra el Gobierno y acelerar la llegada de esa discursión que el PP aplaza. Sin suspender el partido ninguna agenda y eludir el "luto" para evitar esa confrontación, Abascal aseguró sentir "absoluta rabia" –conexión emocional– por la tragedia. La vinculación del accidente con una mala gestión e indirectamente con una falta de inversión, precisamente en el ministerio donde se han producido esos escándalos derivados del 'caso Koldo', le deja abierto el marco de oportunidad al partido ultraconservador. No tardaron en determinar el eslogan que apunta a replicarse durante toda la campaña: "la corrupción mata". De hecho, su sindicato Solidaridad, ya lo ha aprovechado para movilizar con imagenes generadas con inteligencia artificial, de hecho.
Un marco emotivo que beneficia al relato de Vox
Los hechos permiten a Vox volver a plantear el marco del debate de definición del PSOE y el Gobierno como "una organización criminal". Que lo sucedido en Urda adquiera ese rango de 'crimen' en una lógica simplista y que a su vez la crítica permita conectar ese asunto con otros como el rechazo a la recaudación o a la fiscalidad del Gobierno, que pueda definirse como "saqueo" de forma digerible para un votante cuando un momento de altos ingresos no se refleja en lugares como la red ferroviaria y sí se suceden escándalos sobre "mordidas" o "prostitución" vinculadas al Ministerio de Transportes en la etapa de José Luis Ábalos –incluso a "las joyas de Zapatero"–. Pero también asienta debates planteados como el de un Ejecutivo 'ausente', que "pone en riesgo tanto a España en Ceuta como al resto" y que apuesta por una precampaña de "bailes" y "chistes sobre Renfe", precisó Abascal en esas declaraciones, en alusión a una intervención de Puente reciente en el late night de La Sexta.
Abascal se desplazó a Valladolid por la tarde para un acto preelectoral. Insitió: "Claro que estamos de luto, pero que no utilicen el luto para callarnos". "No vamos a aceptar un luto que nos amordaza", dijo para luego llamar a la movilización el 29-N: "Que nadie falle porque España se merece otra cosa". Durante el acto, el partido homenajeó con 'La muerte no es el final' a los fallecidos, dando más emotividad a una carrera electoral que puede terminar destacando por su alto contenido polarizador. La duda es si un discurso muy duro de la derecha puede terminar movilizando a la izquierda.
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