Se centraron en el cuerpo, en trazar la figura, en rematar los pliegues y lo hicieron en una época en la que lo abstracto llenaba salas y alimentaba a los artistas. Francis Bacon, Lucian Freud o Leon Kossoff fueron algunos de lo que conocemos, contra la opinión de los historiadores e incluso de los mismos artistas, como la llamada Escuela de Londres. Los pintores que se encontraron en Reino Unido en unos años políticamente convulsos, tras la arrasadora Segunda Guerra Mundial, y que crearon un arte respetado por la crítica y despreciado por el gran público que creía en lo difuso.

Sus obras plasmaban la figura y el paisaje cotidiano, eran como un susurro agradable en medio de suspiros incómodos. Eran el reflejo de la vitalidad, de la delicadeza, del entorno que les rodeaba y crearon estilos y enfoques que les unieron en un movimiento diferente, menos confuso y que consiguió germinar con fuerza. Ahora el Museo Picasso de Málaga, en colaboración con la Tate de Londres, presenta a este pequeño grupo de pintores en una muestra comisariada por Elena Crippa, conservadora de arte moderno británico de la institución londinense, en la exposición Freud, Bacon y la Escuela de Londres, que se podrá visitar hasta el próximo 17 de septiembre.

‘El baile’, de Paula Rego.

Lo hace a través de 90 obras de Michael Andrews, Franks Auerbach, David Bomberg, William Coldstream, Francis Bacon o Lucian Freud. «Estos artistas compartían inquietudes y estaban interrelaciones por vínculos de amistad y admiración mutua», asegura Crippa, y añade que «en la década de los cincuenta exploraron la apariencia y la fragilidad del cuerpo, siempre con Londres como entorno circundante, situándose en una posición central que permitió una comprensión más rica y compleja del arte y la cultura posteriores a la Segunda Guerra Mundial».

‘La boda’, de Kitaj.

Para ella, estos pintores miraron hacia su entorno, hacia lo que ocurría en las calles por donde ellos paseaban. La mayoría se conocieron en locales del Soho londinense y la mayoría representaron a personajes de su entorno más íntimo. Otros se inspiraban en fotografías, películas, libros u otras obras de arte. «Durante mucho tiempo el trabajo de estos pintores pareció chocar de frente con el discurso artístico que los rodeaba», considera Crippa. Aunque no tardaron en asumir un papel protagonista en la cultura de la época, en la reconstrucción tanto de Londres como de Europa.