La catedral de Sevilla saca pecho con la llegada del Año Murillo y expone la colección de dieciséis obras que posee de Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682). El artista, nacido el 31 de diciembre de 1617, trabajó durante casi treinta años para el emblemático templo sevillano. La muestra quiere reflejar la mirada de la santidad del pintor sevillano y su vínculo con el templo, dentro de su contexto histórico. En el cuatrocientos aniversario del nacimiento del pintor la catedral redescubre el mensaje “catequético y evangelizador” de sus pinturas con esta exposición.

La mayoría de las obras están instaladas en los lugares para los que fueron pintadas y junto a ellas, se expondrán decenas de documentos, facturas, libros y grabados relacionados con la obra del artista, entre los que se incluyen su expediente matrimonial y el acta de inauguración de la sala capitular de la catedral. La exposición incluye también paneles pedagógicos con cronogramas de la obra pictórica, así como de acontecimientos de su tiempo como el Concilio de Trento, que desde la organización se ve como un elemento clave en esa “llamada a la santidad” de Murillo.

La Inmaculada Concepción, pintada sobre tabla entre 1667 y 1668 y rodeada por los óleos de ocho santos, ha “presidido”  la Sala Capitular la presentación de la muestra, que prevé recibir dos millones de visitantes hasta el 8 de diciembre de 2018.

Las pinturas de estos ocho santos cuentan con reproducciones de alta resolución para acercar al espectador a sus detalles, ya que se encuentran a unos doce metros de altura.  Otras obras pictóricas que se podrán contemplar son El Ángel de la Guarda, La Beata Dorotea, El Bautismo de Cristo, Visión de San Antonio, San Isidoro de Sevilla y  San Leandro.

Además, se exponen conjuntamente San Fernando y La Virgen entregando el Rosario a Santo Domingo, esta última cedida por el Palacio Arzobispal y pintada por un joven Murillo de apenas 20 años, para mostrar así la evolución del artista sevillano.

La conservadora de la catedral y comisaria de la exposición, Ana Isabel Gamero, ha resaltado el valor de estas obras de arte y ha subrayado dos objetivos de la exposición, por un lado su concepto técnico al tener las pinturas en “su lugar”, y el conceptual, ya que se representa a los santos a través de la mirada de Murillo.

Gamero ha destacado la estrecha relación de Murillo con el Cabildo de la Catedral de Sevilla, para el que pintó durante varias décadas, con una visión particular de la santidad.

El delegado diocesano de Liturgia de la Catedral, Luis Rueda, ha explicado que esta exposición encuadra a Murillo en el trabajo que hizo como pintor para el templo sevillano dentro de la “llamada a la santidad que pretendía el Concilio de Trento”.

Ha recalcado que las obras están “en su sitio”, en el edificio para el que fueron encargadas, un contexto que entiende que dota de mayor importancia a la exposición.

La muestra complementa la exposición Murillo y los capuchinos de Sevilla, con la magna serie pintada por Bartolomé Esteban Murillo para el Convento de los Capuchinos de Sevilla, con la que se abrió en el Museo de Bellas Artes el año dedicado al IV centenario del pintor sevillano, uno de los pilares del Barroco español