La noche pintaba bien para Handia, pero una mujer le arrebató al gigante de Altzo el pleno. Isabel Coixet acabó llevándose a casa tres de los galardones principales: Mejor Guión Adaptado, Mejor Dirección y Mejor Película. La Librería convirtió a Isabel Coixet en la mejor directora. A pesar de todo, Handia hizo historia y arrasó con 10 premios que se fueron al País Vasco.

Anoche en Madrid Marriott Auditorium Hotel se habló en euskera, inglés, catalán (Estiú 1993 recogió 3 premios) y castellano (El Autor se conformó con 2 estatuillas y Verónica sólo se llevó una). Aunque de verdad de lo que más se habló fue de la escasez de la figura femenina en el cine español.

Fue la noche de la reivindicación. Entre premios y premios y a rebufo del movimiento americano, las mujeres del cine español apostaron por la reclamación. Con el hastag #masmujeres, la asociación CIMA, que agrupa a mujeres del audiovisual, propuso a los nominados e invitados a la gala que llevaran abanicos rojos con este lema. «Rojo para captar la atención y también de cierto bochorno porque tenemos que seguir reclamando más mujeres en el cine. Tenemos que conseguir alterar esta situación de desequilibrio y pedimos a los hombres que se sumen», pedía Virginia Yague, guionista y presidenta de CIMA. No se vieron muchos en la alfombra roja, salvo Penélope Cruz que posó con uno. Al recoger los premios y entre las butacas los abanicos surgieron en los momentos más emotivos de la noche. Sobre todo durante el discurso de Nora Navas, vicepresidenta segunda de la Academia.

Mucha reclamación, sí, pero la gala estuvo presentada por dos hombre, Ernesto Sevilla y Joaquín Reyes, en lugar de uno como hasta ahora. Una gala que resulto aburridísima y larguísima. Sin ritmo y sin gracia. La noche arrancó con un tedioso monólogo de Ernesto Sevilla. «Vamos a partirnos el culo esta noche», prometió mientras se dedicaba a repasar las películas nominadas en una retahíla que se hizo bastante pesada y ecléctica. Cuando los actores hablan de ellos y para ellos no hay quien los aguante. ¡Cuánto tenemos que aprender de Hollywood!

La noche arrancó con un tedioso monólogo de Ernesto Sevilla sólo en el escenario

Marta Etura y Paco León entregaron el primer Goya de la noche al mejor Actor Revelación, un merecido galardón para Eneko Sagardoy y su maravillosa interpretación del gigante de Altzo, personaje real de la época de Isabel II. «Por esas identidades incomprendidas y por esos cuerpos raros, va por ellos. eskerrik asko«, agradeció el actor vasco. El Goya al Mejor Vestuario también fue para Saioa Lara por Handia, Dos de dos, así arrancó la película de Aitor Arregui y Jon Garaño. No, fueron tres de tres, puesto que cinco minutos después Laurent Dufreche y Raúl López recogieron el Goya al Mejor Montaje.

Handía narra la historia de Martín, un joven tullido y derrotado, que regresa a su pueblo tras años de guerra. Allí se reencuentra con su hermano Joaquín que se ha convertido en un gigante de más de 2 metros y 25 centímetros que es tan inútil como él para trabajar en el ruinoso caserío familiar. Con el objetivo de mantener a la familia a flote, los dos hermanos emprenderán un viaje por plazas y teatros, convirtiendo al gigante de Altzo en todo un fenómeno de circo. La película fue rodada a dos cámaras para que los directores tuvieran el mayor material posible.

Patético y soporífero estaba resultando el guión de la gala. Entre bostezo y bostezo, llegó por fin otro bloque de premios. Unax Ugalde, que últimamente se prodiga más en las galas que en los cines, entregó el Goya al Mejor Corto de Animación que fue para Jauma Carrió por Woody & Woody. El cabezón al Mejor Cortometraje Documental fue a las manos de Laura Ferrés por Los desheredados, un trabajo que ya se paseó por el Festival de Cannes con mucho éxito. El Mejor Cortometraje de Ficción este año recayó en la brutal conversación telefónica de Madre, una historia de Rodrigo Sorogoyen rodada casi en un interminable plano secuencia. Sorogoyen le dedicó en premio a «tres madres geniales, entre ellas a la suya».

Nosotras somos la otra mitad, la mitad del mundo y la mitad de la imaginación»

Nosotras somos la otra mitad, la mitad del mundo y la mitad de la imaginación», Leticia Dolera y Paula Ortiz aprovecharon su minuto de gloria para recordar la reivindicación de la noche antes de entregar el Goya a la Mejor Dirección Nobel a Carla Simón por Estiú 1993, una película muy personal que narra la pérdida de los padres de la directora, una película en la que parece que no pasa nada y pasa la vida entera. «Este premio se lo dedico a mis padres biológicos, a todos aquellos que murieron por el sida y aquéllos que viven hoy en día con esta enfermedad». Carla también reivindicó la figura de la mujer en el cine.

El momento más emotivo de la noche fue cuando María Isasi le entregó el Goya de Honor a su madre Marisa Paredes. La actriz levantó al público de las butacas y recibió la ovación más grande de la noche. Impresionante la elegancia de la dama del cine español. «Por fin nos vemos las caras tú y yo. Pesa, eh. No le tengo cogida la medida. Muchas gracias por vuestro cariño, gracias a la familia, a los amigos, a los compañeros y un abrazo muy fuerte para Ivonne Blake. La vida de una actriz es como un tío vivo, como la ruleta de la fortuna. Yo he tenido la fortuna de que muchos directores confiaran en mí y ellos también han tenido la suerte de que yo confiara en ellos. Estoy vinculada a esta academia desde sus inicios, incluso he sido su presidenta. He dado discursos, algunos bien conflictivos, como aquel del No a la guerra que hoy volvería a repetir. Y poco más. En estas galas el tiempo es muy importante, muchas gracias otra vez por vuestro cariño». Marisa Paredes casi se iba sin Goya, se lo dejó en el escenario y tuvo que volver. «Me lo olvidaba, estoy tan poco acostumbrada», bromeó.

He dado discursos, algunos bien conflictivos, como aquel del No a la guerra que hoy volvería a repetir»

El Goya al Mejor Sonido fue una merecida recompensa para el trabajo complicado de Verónica. Aitor Berenguer, Gabriel Gutiérrez y Nicolás de Poulpiquet mezclaron el sonido analógico y el digital para contar una historia de terror. La Mejor Dirección de Producción fue el cuarto Goya para Handía, una película rodada en localizaciones naturales y que seguramente tras los premios de la noche regrese de nuevo a las pantallas. Handia y su ambientación ganaron el quinto premio, esta vez el de Mejor Dirección Artística. Lo recogió Ander Sistiaga con un discurso en el que mezcló el euskera, el castellano y el francés.

Marisa Paredes, Goya de Honor 2018.

La Mejor Dirección de Fotografía también fue para Handía. Javier Aguirre Erauso ha realizado un trabajo muy exhaustivo y minucioso, en el que se empeñó en reflejar la luz cuando no existía luz eléctrica. Por no hablar de los contrapicados que utilizó para destacar la inmensidad y la soledad en la que vivió el gigante de Altzo.

El discurso de la Academia

Mariano Barroso, como vicepresidente primero, y Nora Navas, como vicepresidenta segunda, protagonizaron el discurso oficial de la Academia en el que dieron voz a quienes no la tiene. «Este año nuestras películas cuentan historias de personas que no pueden hablar. Pero que probablemente son las personas a quienes más deberíamos escuchar. Esa adolescente de Verónica, paralizada por el miedo a crecer. Ese gigante con corazón de niño de Handia. Esa niña de Verano 1993 que descubre que la muerte es parte de la vida. Ese hombre cualquiera de El autor, que no puede vivir sin su pulsión creativa. O esa mujer empeñada en mantener La librería a cualquier precio, a pesar de tenerlo todo en contra. Qué sería de todos ellos si no les diéramos la oportunidad de hablar en una película? Para eso sirve nuestro cine. Para que hablen quienes no tienen voz».

Por supuesto hubo protesta por el 21% del IVA, por la promesa incumplida de bajarlo y reivindicación por la paridad y la igualdad en la Academia y el en cine español. «Nadie tiene que sentirse incómodo porque eso ocurra. Porque derrotando la superioridad de género derrotaremos el monstruo de la violencia contra las mujeres. Y debemos lograrlo todos juntos. Todas juntas», recalcó Nora Navas mientras la sala se llenaba de abanicos rojos.

Por supuesto hubo protesta por el 21% del IVA y por la promesa incumplida de bajarlo

El trabajo de documentación del País Vasco o del Londres del siglo XIX y el esfuerzo que realizaron para conseguir que Eneko Sagardoy luciera como un gigante sin exceso tuvo su recompensa, Ainhoa Eskisabel, Olga Cruz Y Gorka Aguirre levantaron el Goya al Mejor Maquillaje y Peluquería.

El alma de Reyes Abades se apoderó de la sala en el momento de entregar el Goya a los Mejores Efectos Especiales, el cine español se volvió a poner en pie como recuerdo al gran especialista del cine español que falleció el pasado 1 de febrero. Otro cabezón que se fue al País Vasco de la mano de Jon Serrano y David Heras. Ya iban ocho.

La gran Paquita Salas, como represente de actores, dio paso a otro bloque de premios. Ella misma entregó el Goya a la Mejor Actriz Revelación a Bruna Cusí por Estiú 1993. 

Aitor Arregi, Andoni de Carlos, Jon Garaño y José Mari Goenaga tras recibir el premio al Mejor guión original por su trabajo en ‘Handia’.

El germen de la historia de Handia surgió en una visita al Museo San Telmo de San Sebastián. Allí se guardan algunas pertenencias del gigante de Altzo como sus zapatos y una silla de tamaño especial. Una historia que anoche fue premiada con el Goya al Mejor Guión Original que recogieron los directores Aitor Arregui y Jon Garaño acompañados por Andoni de Caños y José María Goenaga. El Mejor Guión Adaptado estaba cantado, no fue una sorpresa. Isabel Coixet bromeó al recogerlo confesando que ya pensaba que se iba de vacío. «A toda la gente que todavía compra libros, va al cine y hacen que estemos aquí», destacó la directora.

El Goya a la Mejor Canción se lo llevó Leyva, ex miembro de Pereza, por La llamada. Y la mejor Banda Original fue para Pascal Gaigne por Handía. El Goya al Mejor Actor de Reparto recayó en David Verdaguer por Estiú 1993 y el de Mejor Actriz de Reparto se lo llevó Adelfa Calvo por su memorable trabajo en El autor. «Que me lo llevo pa Málaga», gritó entusiasmada.

Bloque final

Los premios gordos, como siempre, surgen en el último bloque. El Mejor Actor Protagonista de 2018 es Javier Gutiérrez, el actor consiguió su segundo Goya por dar vida a un escritor tan obsesionado que mezcla realidad y ficción en El autor. «Este oficio es muy hermoso y también muy cruel, quisiera dedicarle este premio a todos aquellos compañeros y compañeras que no tienen el privilegio de que les suene el teléfono y no pueden demostrar su talento».

Sin sorpresas en el apartado de Mejor película de Animación, más de tres millones de espectadores avalan el premio de Tadeo Jones. Muchos hijos, un mono y un castillo, la historia rodada durante años por Gustavo Salmerón, se alzó con la estatuilla a la Mejor Película Documental. Su madre, Julita Salmerón, es la verdadera protagonista. A sus 82 años se come la cámara en una película en la que repasa todos sus sueños y los deseos cumplidos en la vida. «¿Qué hago yo aquí, una mujer insignificante? Quiero dedicárselo a todas las madres», confesó.

Sin sorpresas tampoco en el apartado de la interpretación femenina. Estaba cantado, era la noche de Nathalie Poza que en No sé decir adiós interpreta a una mujer aparentemente fuerte, débil en el interior, una mujer que reconstruye la relación con su padre al recibir una terrible noticia. Un personaje en el que los silencios dicen más que las palabras.

La noche terminó mejor de lo que se esperaba para Isabel Coixet que, al final, subió a recoger el Goya a la Mejor Película y a la Mejor Dirección.