Se miran con cierto recelo desde hace veinte años. El centenario de larga y dilatada trayectoria que ha visto guerras pasar frente al rompedor barco de titanio que todo lo cambió, sorprendió al mundo y aún vigila un gran perro floral. Separados por apenas 500 metros, ambos padecen de lo mismo: estrechez. Al Museo Guggenheim y al Bellas Artes de Bilbao el lienzo se les ha quedado pequeño para seguir pintando cultura en la capital vizcaína. Ambos están en manos de los mismos dueños, los dos tocan a las misas puertas para reclamar una casa más grande y a uno y otro, por el momento, nadie les abre la puerta. La competición por lograr el favor de Gobierno vasco y Diputación foral de Vizcaya –y el Ayuntamiento de Bilbao en el caso del Bellas Artes- no ha hecho más que empezar… y todo apunta a que será larga y disputada.

La ‘guerra’ por la ampliación de los dos principales museos de Bilbao no sólo pasa por captar visitantes. Desde hace unos meses se libra también en oficinas y despachos financieros y políticos en busca de recursos para llevar a cabo sus respectivos planes de ampliación. La llegada de Miguel Zugaza a la ciudad ha reavivado el protagonismo, algo alicaído, del Bellas Artes, el museo centenario que siempre fue imagen y orgullo cultural de la ciudad hasta que Frank Gehry irrumpió y deslumbró con su titanio en 1997.

Quien fuera director del Museo del Prado durante quince años llegó hace ahora justo un año para iniciar su segunda etapa al frente del Bellas Artes. Miguel Zugaza lo hizo con fuerza, dispuesto a exprimir en Bilbao sus contactos e influencia acumulada en el principal museo del país. Además de poner en marcha exposiciones de primer nivel, como la de la colección de Alicia Koplowich o la muestra actual de Francisco de Goya, el nuevo director inició desde el primer momento una campaña para relanzar la pinacoteca, apuntalar su solvencia económica y ganarse el favor de las instituciones. Atraer a nuevos patronos, cerrar exposiciones de alto nivel y volver a enamorar a las instituciones vascas han sido sólo los primeros pasos para llegar al gran reto que se plantea Zugaza: la ampliación del complejo museístico.

‘Guggenheim-2’, un viejo proyecto

No es el único que busca aliados para ampliar sus instalaciones. A pocos metros de su despacho, en las oficinas del vecino Guggenheim también preparan una ampliación. En realidad la tienen planteada desde hace años. El proyecto lleva aparcado desde hacía casi una década. Metido en un cajón, el plan para crear una segunda sede del Guggenheim en la comarca del Urdaibai (Reserva de la Biosfera), a escasos 50 kilómetros de Bilbao, seguía acumulando polvo.
La idea apoyada inicialmente por la Diputación vizcaína fue frenada en seco por el Gobierno de Patxi López y después anestesiada por la crisis económica. Los 133 millones en los que se había presupuestado el complejo museístico para un Guggenheim-2 y las dudas sobre la ubicación más idónea lo terminaron por cubrir de olvido.

Pero en diciembre pasado, los patronos fundadores del Guggenheim –Fundación Salomon Guggenhmeim, Gobierno vasco y Diputación vizcaína- aprobaron el plan Estratégico para el periodo 2018-2020. En él se incluía la cuestión. Lo hacía simplemente señalando que antes de tres años los propietarios de la pinacoteca deberían tomar una decisión al respecto, a favor o en contra, de ampliar el museo.

Ambas pinacotecas reclaman a Gobierno vasco y Diputación foral poner en marcha ampliaciones y se ‘resitúan’ ante la recuperación económica

Enfrente, en el Bella Artes, Miguel Zugaza no tardó en mover ficha. Su buena relación con el alcalde de Bilbao, uno de sus principales valedores, es evidente. Juan María Aburto siempre ha apostado por este museo fundado en 1908 como complemento fundamental y llamado a crecer como parte del eje cultural de la ciudad y que aspira a convertir en “seña de identidad” de Bilbao. El pasado 28 de febrero el Consistorio que él preside aprobó la elaboración de un estudio sobre una posible ubicación, características y coste de una ampliación del museo que dirige Zugaza. Además, debería incorporar plazos y cronograma de actuaciones.

Sólo unos días después, el Museo Guggenheim respondía. Sabedor de que la batalla de las ampliaciones museísticas se retomaba, y por tanto la pugna por hacerse con los recursos económicos de unos mismos dueños –Gobierno de Urkullu y la Diputación de Unai Rementeria- desde el entorno del museo de ‘Puppy’ se filtraba la información de que su director, Juan Ignacio Vidarte visitaba ya posibles ubicaciones para ampliar el Guggenheim. Un mensaje claro de que la ampliación soñada por Vidarte desde hacía años salía del cajón y despertaba tras años de sopor. Los primeros emplazamientos sondeados se encuentran en el entorno de Gernika: una vieja fábrica de cubiertos (18.000 metros cuadrados), una factoría de los Astilleros Murueta, un complejo deportivo, etc.

Pulso por la financiación

La información no sentó nada bien a los patronos del Guggenheim. Tanto el Gobierno vasco como la Diputación foral dijeron haberse enterado por la prensa del movimiento de Vidarte, de que se desmarcaron. Lo hicieron enfriando la posibilidad de abordar a corto plazo la ampliación reclamada. “No es una prioridad”, dijo el portavoz del Gobierno vasco el pasado martes. También la Diputación echó un jarró de agua fría al asegurar que en esta legislatura no se dará ese paso.
Sin duda, la recuperación económica que ya se percibe en la economía vasca –las Haciendas forales cerraron el año pasado con un récord de recaudación en su historia- ha llevado a los dos directores de los principales museos vascos a resituarse en el escenario de prioridades institucionales y en la parrilla de peticiones de fondos para perfilar el desarrollo futuro de sus respectivos museos.

En el Guggenheim aseguran que las visitas que ha realizado Vidarte responden sólo a la necesidad de tener “los deberes hechos” para cuando se pueda tomar la decisión recogida en el Plan Estratégico, y que debería producirse antes de tres años. “En diciembre se acordó en el Plan Estratégico que ese tema se debía abordar y es lo que estamos haciendo, nada más. Estamos en una fase inicial, arrancando con esta cuestión. Nosotros seguimos trabajando”, aseguran desde la pinacoteca.

El proyecto inicial de ampliación del Guggenheim se cuantificó hace casi una década en 133 millones

La relación entre Vidarte y Zugaza es cordial aunque algo fría y distante. Desde la llegada a Bilbao del director del Bellas Artes tras tres lustros en el Prado, el Guggenheim ha tenido que compartir más foco de relevancia con el Bellas Artes de lo que venía haciendo. La corrección vecinal se ha impuesto a la relación fluida entre los dos museos. También la sólida alianza que han construido Zugaza y el alcalde de Bilbao, que siempre recuerda que fue él quien logró atraer a Zuagaza hasta el Bellas Artes, ha sido evidente.

Las cifras continúan siendo abrumadoramente superiores para Vidarte y el Museo Guggenheim. Ha cerrado el año de su vigésimo aniversario con cifras récord de 1,3 millones visitantes, muy por encima de los 205.000 visitantes del Bellas Artes, que pese a ello registró un incremento del 18,5% en el primer año de la segunda etapa de Zugaza como director –ya ocupó la dirección del Bellas Artes entre 1996 y 2002-.

Patronos privados

Los más de 130 millones en los que en su día se estimó la ampliación del Guggenheim es hoy sólo una cifra muy orientativa. El grueso lo deberían aportar las dos principales instituciones vascas, el Gobierno vasco y la Diputación de Vizcaya. Cada uno de ellos aporta al año 6,5 millones de euros para sostener el museo que cambió Euskadi y cuyo presupuesto anual ronda los 27 millones de euros. Por el momento, las posibilidades de nuevos desembolsos podrían orientarse más a la compra de nuevas obras para la colección del museo, en suspenso en los últimos años, que a ampliar la casa.

Desde su llegada al Bellas Artes Miguel Zugaza ha reforzado la solidez económica del museo con nuevos ‘patronos’ privados

En el caso del Bellas Artes, el presupuesto es mucho más modesto, apenas 7,8 millones de euros. Su ampliación la deberían costear los mismos que pagarían la del Guggenheim. En el caso del Museo de Zugaza, el Ayuntamiento de Bilbao también tendría que participar. La actual dirección sin embargo ha intensificado otras vías de financiación con la incorporación de nuevos patronos privados. Entidades financieras como la BBK aportan nada menos que 600.000 euros al año en su condición de “patrono de honor”. A ellos suma otra decena de “patronos”, con aportaciones entre 60.000 y 150.000 euros anuales, como Iberdrola, Fundación BBVA, EiTB, Metro Bilbao y más recientemente la Cadenas SER. La lista de acuerdos incluye una treintena de “empresas amigas y colaboradoras”.

En el despacho del director también existen proyectos y borradores de cómo podría crecer el museo. En realidad los planes se remontan a tiempos de Iñaki Azkuna y contemplan desde el aprovechamiento del subsuelo del Museo hasta ampliarse en otros inmuebles emblemáticos de la ciudad.

Zugaza ya lo hizo una vez, durante su anterior etapa al frente del museo bilbaíno. En 2001 inauguró la ampliación en 6.450 metros cuadrados y la renovación de espacios en otros 14.250 metros cuadrados en un proyecto para el que concurrieron hasta 19 proyectos sometidos al juicio de Rafael Moneo, Norman Foster y Alvaro Líbano.

Ahora, coincidiendo con el 110 aniversario del complejo museístico, Zugaza se ha propuesto seguir imprimiendo su sello a un ritmo trepidante. En mayo iniciará un lavado de cara de sus salas con una puesta a punto que obligará a cerrar parte del espacio expositivo durante cinco meses.