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En la intimidad de Djokovic: una guerra, un gurú español y meditación

Místico hasta la médula y antivacunas, Djokovic se esfuerza por caer bien en un deporte dominado por la"perfección" de Federer y Nadal | El desastre de la exhibición que organizó en plena pandemia le ha colocado en la diana de la crítica

Un enorme mural de Djokovic en un edificio de Belgrado

Un enorme mural de Djokovic en un edificio de Belgrado EFE/EPA/ANDREJ CUKIC

La vida de Novak Djokovic cambió en el verano de 2010 cuando entró en la consulta del doctor Igor Cetojevic. El serbio tenía 23 años y ya había ganado un Grand Slam, pero todavía le faltaba algo para convertirse en una leyenda. O más bien le sobraba. Cuentan que Cetojevic le colocó una rebanada de pan sobre el estómago y que el tenista sintió de repente su brazo derecho más débil. El doctor quería demostrarle que era el gluten el culpable de su cansancio en los partidos largos.

Cuando con 11 años pasas 78 días en un búnker protegiéndote de las bombas, es normal que en algún momento de tu vida busques paz interior»

Sebastián Fest, periodista argentino

Djokovic salió fascinado del despacho del doctor Cetojevic. Dejó de tomar gluten y 12 meses después, con cinco kilos menos, ascendió al número uno del mundo para iniciar una década en la que celebró otros 16 títulos de Grand Slam y colocó su nombre entre los más grandes de todos los tiempos. Djokovic se transformó en un atleta prodigioso, un súper hombre. Pero Cetojevic no le cambió solo el estómago: además de nutricionista, el doctor es una persona que tiene una aproximación alternativa hacia la vida y la propia medicina.

«Ahí fue cuando Djokovic se acercó a la espiritualidad. Fue un punto de inflexión en su vida», explica a El Independiente el periodista serbio Sasa Ozmo, de Sport Klub. Ozmo lleva años viajando por el mundo siguiendo a «Nole» y le conoce como pocos. «Es una persona con una vida espiritual muy profunda, que medita mucho».

Amor y paz de otro gurú español

En Wimbledon, por ejemplo, se escabulle a veces del ruido del All England Lawn Tennis & Croquet Club para refugiarse en el templo budista Buddhapadipa, escondido entre los frondosos árboles del sur de Londres. Además, practica yoga y sigue consejos de homeópatas. No cree, de hecho, en las vacunas. «Personalmente, me opongo a la vacunación y no quisiera ser obligado por alguien a vacunarme para poder viajar», dijo recientemente a raíz del coronavirus. «Siempre he estado interesado en el metabolismo humano y en estar en la mejor forma posible para combatir el virus».

Otra persona que marcó el camino de Djokovic fue Pepe Imaz, un gurú español afincado en Marbella con el que Marko Djokovic, hermano del tenista, había escapado de una depresión. «Nole» había visto a su hermano tan mal, que él también se entregó a los brazos de Imaz. «A partir de entonces él notó el bienestar», contó Imaz a El País en 2017. «Seguía compitiendo y jugando, pero en lugar de verlo como una competición agresiva lo veía de un modo armónico. Su carácter se comenzó a armonizar, su juego comenzó a evolucionar… Todo esto le aportó muchísimo». La relación sigue ahí, pero el gurú ya no forma parte del grupo que acompaña al tenista tras sus roces con prácticamente cada miembro del equipo.

Un patriota serbio

Para comprender la espiritualidad de Djokovic hay que rebobinar también más allá de 2010. Concretamente a la década de los 90 con la Guerra de los Balcanes. Djokovic, nacido en Belgrado en 1987, era uno de los muchos niños que crecieron entre bombas fratricidas. «Cuando tenés 11 años y pasaste 78 días consecutivos en un búnker protegiéndote de las bombas, es normal que en algún momento de tu vida busques paz interior y meditación», cuenta el periodista argentino Sebastián Fest, autor del libro Sin Red y un veterano del circuito de tenis.

«Recuerdo perfectamente los bombardeos… tener que salir corriendo a refugiarme en sótanos», recordó el propio Djokovic en 2014. «Son imágenes que perduran en mi mente y que me ayudaron mucho a entender la vida como la entiendo ahora. Soy más generoso, más agradecido y resistente, al haber podido superar situaciones críticas como las que vivió mi país».

Djokovic es un patriota serbio y sueña con una «Gran Serbia» en los Balcanes. Es, posiblemente, el serbio más famoso del mundo. Y eso, según analiza Sasa Ozmo, molesta a determinada gente del mundo occidental. «Viene de un país pequeño sin tradición en el tenis. Con sus éxitos ha cambiado la narrativa y la percepción que hay en el mundo sobre la gente de Serbia», explica el periodista. «Sin embargo, hay gente que le tiene ganas. Por ejemplo, con todo esto que ha pasado se han escrito muchas críticas cuando hay que responsabilizar al Gobierno, no a Djokovic. El otro día hubo un partido de fútbol con 20.000 personas».

Las comparaciones con Federer y Nadal

Ozmo tiene la sensación de que muchos aficionados y parte de la prensa internacional no tratan igual a Djokovic que a Roger Federer y Rafael Nadal, sus dos grandes rivales. El suizo y el español tienen un aura de perfección de la que carece el serbio. También es cierto que han tenido ninguna -o muy pocas- salidas de tono. Djokovic, con un carácter más marcado, se ha enfrentado a veces a la grada y ha dedicado algún gesto que cuesta imaginar a Federer y Nadal.

Cuando hace un mal gesto, en la rueda de prensa hay tres preguntas. Si lo hace Roger, no hay preguntas»

Sasa Ozmo, periodista serbio

Para tratar de compensarlo, muchas veces ha exagerado su simpatía y ha sobreactuado para meterse a la gente en el bolsillo. «Ha hecho muchas cosas para tratar de ganarse al público, pero también es verdad que el público es ladino y astuto y percibe cuando alguien exagera. Es muy difícil ganarle a la, digamos perfección, de Nadal y Federer», comenta Sebastián Fest.

Para Ozmo, eso es injusto. «Djokovic es una persona normal, directa y honesta. Hay gente que no entiende que puedas estar enfadado y a los pocos minutos hagas una broma con un recogepelotas», señala. «Hay mucha presión en una pista y a todos nos gusta ser queridos. Pero cuando Novak hace un mal gesto en la pista, en la rueda de prensa hay tres preguntas sobre eso. Si lo hace Roger, no hay preguntas».

Cuando Djokovic empezó a ganar y a ser el gran rival para Federer y Nadal sí se sentía molesto por no tener el mismo reconocimiento. Pero una vez que lo asumió, lo utilizó a su favor, para encender ese fuego interno. Nunca es el favorito del público cuando se enfrenta a Federer y Nadal. En la final de Wimbledon 2019, ante Federer, tuvo a casi toda la pista central en su contra. Pero eso le genera más hambre.

Lo explica muy bien con palabras el tenista francés Gilles Simon: «Cuando están todos contra él, es imbatible, lo ves en sus ojos». Y lo explican muy bien los números: ha jugado 50 partidos ante Federer y ha ganado 27; a Nadal se ha enfrentado 55 veces, logrando 29 victorias. «Hay que vivir con eso», dijo «Nole» este año en Australia cuando le preguntaron si era injusto que le dejaran siempre fuera de la ecuación Federer-Nadal.

«Va a acabar saliendo más fuerte»

El esperpento del Adria Tour, donde ya hay más de diez contagiados entre jugadores, familiares y entrenadores, ha colocado de nuevo a Djokovic en la diana de la crítica. Djokovic quiso aprovechar la pandemia para organizar un evento benéfico y recaudar fondos. Convocó a varios de los mejores tenistas del mundo, pero lo que parecía una gran idea acabó volviéndose contra él.

Ha sido reprobado por compañeros y organismos cuando es precisamente el presidente del Consejo de Jugadores de la ATP, es decir, el hombre que tiene que defender los intereses del resto de tenistas. «Esto le va a afectar en el día a día del circuito y no tiene mucho futuro como presidente del Consejo», señala Sebastián Fest. «Además, va a tener que responder a la prensa un millón de veces la misma pregunta durante muchos años y va a tener conversaciones agitadas y tensas con varios jugadores».

«De los muchos jugadores extranjeros a los que Novak ha ayudado ninguno ha salido a defenderle ahora que está en un problema internacional», añade Ozmo.

Con 33 años cumplidos el 22 de mayo, a Djokovic aún le queda cuerda. En su mano está poder superar en Grand Slam a Federer y Nadal y convertirse, al menos en el libro de estadísticas, en el más grande de todos los tiempos. Lo ocurrido en los últimos días le habrá generado algún enemigo más, pero él siempre ha sabido canalizar ese tipo de situaciones.

«Esto va a ser seguro un nuevo punto de inflexión en su vida y le va a hacer reflexionar bastante. Pero estoy seguro de que va a acabar saliendo más fuerte», concluye Sebastián Fest.

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