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La historia de Aaron Lee, el violinista al que llevaron a una isla para "curarse" la homosexualidad

Su relato de luces y sombras será representado en el madrileño Pavón Teatro Kamikaze con una posterior gira nacional

Aaron Lee, en el sofá de su salón con su violín

Aaron Lee, en el sofá de su salón con su violín Ignacio Encabo

La música es algo que siempre ha estado presente en Aroon Lee. Desde los primeros pasos con sus padres, cuando escuchaba a escondidas Mónica Naranjo o cuando tocó el violín en la madrileña Calle de Postas. Le ayudó a sortear los mayores obstáculos, pero sin llegar a ser un salvavidas: Aroon se salvó a sí mismo. El violinista afirma que casi todos sus amigos conocían su historia «por encima». Pero llevaba varios años pensando en publicar ‘Yo soy el que soy’ ya que no encontraba motivación. Con la ayuda de los diarios que escribía de pequeño escribió las últimas líneas en el confinamiento.

Además del libro, su relato de luces y sombras será llevado al escenario en forma de musical que verá la luz próximamente en el madrileño Pavón Teatro Kamikaze con una posterior gira nacional. Gracias a la interpretación de Verónica Ronda —quién narrará en primera persona la historia del violinista—, la dirección de Zenón Recalde, y las manos de Gaby Goldman al piano, Aaron Lee interpretará con su violín varias de las piezas de su autobiografía.

Con un padre director de orquesta, una madre pianista, su hermano un profesional del violonchelo, a Aaron le tocó adentrarse dentro del mundo de violín. Sus días giraban en torno a la música y a las diferentes actividades de la iglesia. En su familia además son fervientes devotos, concretamente cristianos protestantes. Además, a una edad muy temprana empezó a darse cuenta de que era gay. También era un alumno excelente y al sufrir bullying no contaba con muchos amigos.

«El trauma lo llevo yo, no ellos, muchas veces los niños no saben lo que dicen: repiten lo que ven en casa»

AARON LEE

«No es lo mismo las chiquilladas que te hacen los niños de 7, 8 o 9 años a gente mucho más mayor», afirma. «El trauma lo llevo yo, no ellos. Muchas veces no saben lo que dicen, repiten lo que ven en casa». Una tarde, por un accidente, sus padres le forzaron a confesar su homosexualidad. Según expone en su libro autobiográfico ‘Yo soy el que soy’, decidieron controlar cada uno de sus pasos. La noche en la que salió del armario su padre blandió un cuchillo de cocina haciendo presión sobre sus testículos diciendo «si eres marica, esto te sobra». Tras este momento, sus padres decidieron llevarlo a un psiquiatra para iniciar una terapia de conversión. El profesional le dijo literalmente que allí «no había nada que curar». «No sé como habría sido mi vida si el psiquiatra me hubiese dicho lo contrario», reflexiona.

Engañado por sus padres

El violinista recuerda que en ese momento se encontraba en una situación «muy frágil y vulnerable». Desarrolló un trastorno de alimentación muy severo durante un corto periodo de tiempo. «Para un adolescente todo se puede convertir en un mundo, hasta una gota de agua te puede ahogar. La música no fue un arte suficiente como para salvarme de todas aquellas situaciones», confiesa. Cuando terminó el curso escolar sus padres decidieron llevarle de vuelta a su país de origen.

Con el pretexto de recibir clases magistrales por parte de una maestra del violín, le engañaron para encerrarle en una iglesia de la isla de UlleungDo ubicada entre la península de Corea y Japón. Allí permaneció en una habitación de 3×2 metros, sin cama, sin sillas ni mesa.  Únicamente acompañado de un televisor al fondo en el suelo, su violín, y la una diminuta ventana que daba a un muro gris de hormigón. Su padre le dijo que «hasta que no cambiase» no saldría de allí.

Aaron Lee tocando el violín. Foto: Ignacio Encabo. Ignacio Encabo

Era difícil sobreponerse a todo aquello, me evadía mucho tocando el violín, era mi manera de no pensar

Aaron Lee

Tras varios meses retenido, sin pasaporte ni teléfono, engañó a los feligreses y al párroco para que lo ayudasen en su «pecado mortal». En ese tiempo intentó desesperadamente fugarse de allí. Incluso llegó a pensar en suicidarse. «Era difícil sobreponerse a todo aquello, me evadía mucho tocando el violín, era mi manera de no pensar», rememora emocionado a El Independiente. «Eso hacía que no me comiese mucho la cabeza. La música no fue lo que me salvó, pero fue un bálsamo, un consuelo». Aaron recuerda ver a través de las noticias de la CNN la aprobación del matrimonio homosexual en España en 2005, algo que le dio muchas fuerzas y ánimo.

Finalmente logró volver a Madrid enmascarado en su propia farsa. Todo volvió a la normalidad hasta que su madre recibió unas fotos del violinista celebrando el Europride de 2007, lo que supuso que sus padres le obligasen a irse de su casa y empezar de cero con apenas 19 años recién cumplidos. Tras concatenar empleos de camarero o dependiente en una tienda de ropa, consiguió formar parte de la orquesta de ‘El Conciertazo’. Pero la crisis de 2008 le hizo perder su empleo, algo que le empujó a sacar su violín a las calles del centro de Madrid.

Entre la Calle de Postas y Calle Arenal

Aroon Lee recuerda esta época de su vida como una «bonita experiencia» ya que desde el principio no se trató a sí mismo como un músico callejero. «Me habían formado en el Conservatorio grandes maestros, mi gran temor era que alguno de ellos me reconociese», confiesa. «En caso de que me encontrasen tenía la excusa de estar ensayando para un concurso». El músico tocó en la Calle de Postas y la Calle Arenal. Lo que más llamaba la atención de los transeúntes, más allá de su calidad sonora de su violín, era el repertorio de canciones que había seleccionado para estas actuaciones.

Muchas de ellas, según sus propias palabras, no se suelen tocar en la calle nunca. En este abanico figuran piezas tan célebres como ‘Los caprichos’ de Niccolò Paganini o piezas de Chaikovski. «Hubo una vez que llegué a atascar la Calle Arenal tocando delante de la Parroquia de San Ginés, se arremolinó tanta gente ante mí que la Policía Nacional tuvo que pedirle a la gente que se moviese», recuerda con cariño. Muchas de estas canciones se incluyen en una playlist de Spotify creada a raíz de la publicación de ‘Yo soy el que soy’.

Tras una temporada decidió cambiar el rumbo de su vida y se presento a un concurso nacional de violín donde ganó el primer premio. Meses después logró un puesto en la orquesta de Radio Televisión Española. Apenas tres meses después, se presentó a las pruebas para la Orquesta Nacional de España donde se presentaron más de 350 aspirantes para dos plazas. Él obtuvo una de ellas. Esta, a grandes rasgos, es la historia de superación donde Aaron se convirtió en el miembro mas joven de la Orquesta Nacional Española.

A día de hoy, Aaron confiesa no tener mucha relación con su familia. Sin embargo su faceta más filantrópica es algo que le «da sentido» a su vida. Por ello decidió crear la Fundación Arte que Alimenta en 2015 para ayudar a los más desfavorecidos. En la organización se dan desde becas comedor a niños y otras ayudas a jóvenes del colectivo LGTB expulsados de sus hogares. Asimismo, todos los beneficios del libro serán para la creación de la vivienda/refugio para mujeres trans ‘Silvia Rivera’, en honor a una de las muchas que se enfrentaron a la policía en los disturbios de Stonewall.

En último lugar, el violinista opina que hoy en día el auge del discurso de odio en sectores ultraconservadores es el reflejo de la «polarización social» . «Todas las crisis económicas siempre acaban incidiendo en miedos que sufren los colectivos más vulnerables», espeta. Además, confiesa que «se ha dejado muchas cosas en el tintero», algo con lo que entre risas podría hacer una versión extendida en un futuro. Por el momento, Aaron quiere seguir luchando y aportar su granito de arena en la conquista de derechos de la comunidad LGTB.

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