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Sissi no tenía nada que ver con la película: 30 cosas que no sabías de la emperatriz de Austria

Collage de Sissi con el palacio de Schönbrunn de fondo y Shakespeare

Carmen Vivas

En 1955, una jovencísima actriz llamada Romy Schneider, de tan sólo 16 años, dio vida en las pantallas a la emperatriz Elizabeth de Austria, la mítica Sissi

El director Ernst Marischka quería crear una película romántica y agradable que ayudara a los alemanes a olvidar su aciago día a día: por aquel entonces, el país aún sufría las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. Aparte, en Austria perduraba un gran estigma por haber apoyado formalmente al Tercer Reich, por lo que el filme buscaba limpiar la imagen de Austria y rehacer el orgullo patriótico perdido. 

Sin embargo, la película tuvo mucho más éxito del esperado. Tanto que consiguió lo que parecía imposible: desbancar en la taquilla a la mismísima Lo que el viento se llevó. Viendo el fenómeno, Ernst Marischka rodó dos obras más (en 1956 y 1957). En poco tiempo, la trilogía se convirtió en un auténtico fenómeno. 

Ahora bien, ¿qué hay de cierto en lo que contaban? La verdad es que bastante poco. Sissi es la versión edulcorada de una vida que, en realidad, estuvo marcada por las tragedias. La Sissi de las pantallas apenas se parecía a la de verdad, aunque hoy en día sea más conocido el personaje cinematográfico que la auténtica emperatriz de Austria. 

Repasamos aquí algunas de las anécdotas y datos más curiosos de Sissi. 

1. Malos augurios en el nacimiento

Sissi nació el 24 de diciembre de 1837 en el palacete que sus padres tenían en Múnich. Lo de nacer en Nochebuena se consideró un mal agüero. También que naciera con un diente fuera, como también le había ocurrido, curiosamente, a Napoleón. Todo ello hizo que la corte de Baviera pensara que la pequeña duquesa tendría una vida gafada. Sin embargo, como aquel 24 de diciembre también era domingo, día del Señor en la tradición católica y símbolo de la luz eterna, algunos creyeron que su mala suerte podría ser contrarrestada. 

2. Sus padres no se soportaban

Sissi se llamaba en realidad Elizabeth Amalie Eugenie von Wittelsbach y era hija de la duquesa Ludovika de Baviera y del duque Maximiliano. Ludovika era una de las hijas del rey de Baviera y, en su juventud, fue considerada una gran belleza. Él también era muy atractivo, aunque su rango social era bastante inferior: era tan solo un duque de una rama secundaria de la familia real. 

El matrimonio fue un desastre. Cuando se comprometieron, ella estaba enamorada del príncipe Miguel de Braganza, futuro rey de Portugal, pero su familia no aprobaba la unión por motivos políticos. Él, por su parte, estaba profundamente enamorado de una mujer no aristocrática con la que no podría casarse por una cuestión de rango social. Cuando se anunció su enlace, Max le dijo abiertamente a Ludovika que no la quería y que sólo aceptaba aquella boda porque le daba miedo enfrentarse a su familia. 

3. Su padre tuvo multitud de hijos ilegítimos

El matrimonio vivía prácticamente separado (él estaba de viaje constantemente), aunque cada dos o tres años aproximadamente conseguían tener descendencia. Sissi tuvo siete hermanos: Ludwig, Hélène (llamada Néné), Karl Theodor (a quien llamaban Gackel, Gallo), Marie, Matilde (apodada Spatz, gorrión), Sofía Carlota y Max Emanuel (apodado Mapperl). También tuvo bastantes hermanastros: su padre tenía tantas amantes que, según varias fotografías, llegó a tener una docena de hijos ilegítimos. Con algunos de ellos estaría muy unido. De hecho, más que con sus hijos con Ludovika. 

4. De joven, Sissi estaba considerada fea 

Según su propia institutriz, la baronesa Luisa Wulffen (años más tarde se convertiría en la condesa von Hundt), de todas las hermanas, Sissi estaba considerada la más fea o, cuando menos, la menos guapa. A los nueve años tenía la cara tan redondeada y sonrojada por el sol (lo que entonces era un pecado estético), que parecía más una campesina que una princesa. Nada en ella hacía presagiar una gran belleza futura: tenía una nariz respingona y un pelo de un color indescriptible, en principio entre castaño y cobrizo, pero que se estaba tornando en un feo rubio pajizo. 

Sin embargo, poseía un gran encanto y un carácter tan sensible que su padres no quisieron castigarla o reprenderla por miedo a que cayera en una pena profunda. Con los años, no obstante, semejante falta de reglas dio como resultado una personalidad tan libre como consentida. Sería muy romántica, pero también testaruda. 

5. Su hermana era la que estaba destinada a triunfar

Si Sissi fue bastante feúcha, Néné fue una gran belleza desde pequeña. También era la más inteligente y tenía una elegantísima compostura. Por ello, todos daban por hecho que haría una muy buena boda (siempre se pensó en ella como futura emperatriz de Austria) y se la formó a conciencia. 

La educación de Sissi, por el contrario, no se consideró prioritaria. Ella se aburría en las lecciones: en cuanto la baronesa Wulffen se giraba, se quedaba mirando por la ventana y se perdía en sus pensamientos. Sissi fue incapaz de aprender francés, el idioma de la realeza por aquel entonces, y se expresaba en el dialecto bávaro del alemán, considerado poco elegante. Tampoco logró tocar nunca bien el piano y sólo en dibujo y, sobre todo en poesía, lograría algún éxito. 

6. Era feliz en la residencia de verano de sus padres

En 1834, Ludovika y Max se compraron el castillo de Possenhoffen como residencia de verano. A unos treinta quilómetros de Múnich, era pequeño y muy primitivo para los estándares reales, aunque contaba con un imponente edificio blanco y cuadrado de estilo medieval y, al lado, había otro pabellón más, de cuatro pisos, también en blanco y con el tejado de tejas rojas. Lo más bonito, sin embargo, era el paisaje, con frondosos bosques y altas montañas a la orilla del lago Starnberg. 

A Sissi le encantaba estar en ese castillo que ella llamaba Possi. Siempre fue una gran apasionada de la naturaleza y de los animales. De pequeña tuvo muchas mascotas: perros, corderos, conejos, gallinas y, por supuesto, ponis. Con el tiempo se convirtió en una amazona fabulosa, capaz incluso de hacer acrobacias encima de un caballo. 

7. De vez en cuando, se iba con su padre a tocar y bailar delante de las cervecerías, como si fueran titiriteros. 

A Sissi le encantaba estar con su padre y, de todos los hijos, era la que estuvo más unida a él. A pesar de que apenas se veían, Sissi lo admiraba profundamente y, de vez en cuando, él le dejaba compartir sus aventuras: iban juntos a hacer excursiones por las montañas, a pescar, a nadar e incluso, algunas veces, se iban a algún pueblo cercano, se ponían a tocar la cítara y a bailar enfrente de las cervecerías. Los lugareños les tiraban monedas, como si fueran titiriteros o, directamente, mendigos. 

8. Cuando se comprometió con Francisco José, Sissi estaba enamorada perdidamente de otro hombre

Con catorce años, Sissi se enamoró de un conde que estaba al servicio de su padre. Sabemos muy pocas cosas sobre él: que se llamaba Ricardo y que no estaba considerado apropiado para desposarse con una princesa, con lo que, cuando se supo que Sissi estaba perdidamente enamorada de él, se decidió enviarlo al extranjero una temporada. Cuando regresó, él estaba enfermo y murió al cabo de poco tiempo. 

Su madre, además, estaba muy interesada en que Sissi se emparentase con algún príncipe de Prusia, de Sajonia o de Dresde, con lo que la llevó a pasar días en esas cortes. Pero el método no funcionó: ningún príncipe se fijó en ella. 

9. ¿Le quitó realmente el novio a su hermana?

La archiduquesa Sofía, hermana de Ludovika y madre del emperador Francisco José, seleccionó personalmente a Néné para comprometerse con su hijo, entonces de 23 años. Se organizó un viaje de Ludovika, Néné y Sissi a la localidad austríaca de Bad Ischl, a donde el emperador se comprometería oficialmente con la princesa bávara. Pero los planes no salieron como Sofía esperaba. 

En cuanto se vieron cara a cara, Francisco José y Néné no sintieron ninguna atracción. Aunque era muy bella, le resultó fría y excesivamente estirada. En cambio, el emperador enseguida se fijó en la bulliciosa y mucho más divertida Sissi. A los pocos días, le comunicó a su madre que prefería casarse con Sissi. Ella estaba aterrada y, en principio, no quería aceptar semejante proposición, pero su madre la obligó a decir que sí. La pareja se casó en la iglesia de los Agustinos en Viena. 

10. Su suegra no era tan mala como la pintaron

La archiduquesa Sofía no era la mala y huraña suegra que pintaron las películas de Sissi. De hecho, era mucho más agradable que el estereotipo y, de joven, había sido considerada una gran belleza y también la más inteligente de todas las hijas del rey de Baviera. En una biografía reciente sobre ella, escrita en francés por el historiador Jean-Paul Bled (Sophie de Habsbourg. L’impératrice de l’ombre), descubrimos a una mujer mucho más interesante de lo que pensábamos: una mujer muy avanzada a su tiempo, políticamente muy activa, increíblemente culta y también bastante cariñosa, incluso pasional. 

11. La archiduquesa Sofía tuvo sus propios amantes

Los rumores de la época —algunos, probablemente ciertos— aseguran que Sofía tuvo como amantes a varios de los hombres más atractivos del momento. Se llegó a decir incluso que Francisco José era, en realidad, hijo del príncipe Gustavo Gustavsson de Vasa, príncipe heredero de Suecia hasta que su padre fue derrocado. También hubo quien apuntó al duque de Reichstag, un hijo de Napoleón II y de la emperatriz María Luisa de Austria. Hay bastantes pruebas de que esta relación entre Sofía y el duque existió de verdad. 

12. Fue una auténtica ‘influencer’ del siglo XIX

A pesar de que durante su infancia no fue considerada excesivamente guapa, de joven se transformó en una mujer de gran atractivo. Incluso se pregonaba en los periódicos que era «la mujer más bella del mundo». Y algo de razón llevaban: Sissi era muy alta para la época (medía 1,72 metros) y era muy esbelta. 

Por aquel entonces, los avances tecnológicos (básicamente, la irrupción de la fotografía) hizo que se multiplicaran el número de publicaciones y comenzaron a aparecer revistas de moda en el sentido moderno del término. Sissi era una habitual de las antiguas páginas del papel cuché. De hecho, le gustaba tanto la moda y estaba considerada tan glamurosa que se llegó a convertir en una especie de creadora de tendencias, una auténtica ‘influencer’ del siglo XIX

13. ¿Tuvo anorexia?

Se sabe que Sissi llegó a estar raquítica: a pesar de medir 1,72 centímetros, no llegaba a los cincuenta kilos de peso. Sissi también mandaba que le apretaran tanto el corsé que éste medía unos cincuenta centímetros de circunferencia. 

Por los documentos que se han conservado, se sabe que Sissi se sometía a dietas enfermizas (la mayoría de los días se alimentaba sólo a base de jugo de carne) y que hacía deporte de manera obsesiva: no sólo montaba regularmente a caballo y daba larguísimas caminatas de horas, sino que mandó instalar un gimnasio dentro de palacio para hacer estiramientos e incluso pesas. Los cosméticos eran otra obsesión: tomaba baños de vapor para abrir los poros y también se sumergía en baños de aceite de oliva para hidratar su piel. 

También sabemos que, a partir de cumplir los 32 años, se negó a seguir posando para los retratos y, cuando salía a pasear, lo hacía con un tupido velo que no dejaba ver que ya no era tan joven como antes. 

14. Le encantaban la cerveza y los dulces

A pesar de que siempre se sometió a dietas excesivas, muy de vez en cuando se dejaba llevar por sus grandes pasiones culinarias: como buena bávara, le encantaban la cerveza y los platos suculentos a base de salchichas. También se sabe que le gustaban los dulces, en especial unos caramelos con sabor a violeta. Si alguien los quiere probar, la famosa pastelería vienesa Demel, en funcionamiento desde 1786, aún los ofrece siguiendo la receta original. 

15. Estaba obsesionada con su pelo, pero sólo se lo lavaba una vez cada tres semanas

Sissi estaba muy orgullosa de su larguísima cabellera. Si de pequeña tenía una cabellera encrespada, de un color indeterminado, con los años se tornó de un bonito color cobrizo y sólo permitía que se lo tocaran las manos más expertas del reino. El pelo llegó a ser tan largo y voluminoso que se necesitaban varias horas cada día para peinarlo y, para lavarlo, se requería prácticamente un día entero. Eso sí, no lo lavaba a diario: normalmente sólo lo hacía una vez cada tres semanas.

Para poder lucirlo a diario, Sissi dejaba que sus doncellas se lo peinasen con elaboradas trenzas y moños. Más tarde, la emperatriz contrató a su propia peluquera personal: una tal Fanny Feifalik, una mujer que había trabajado en el teatro y cuyo fichaje fue un auténtico escándalo (por aquel entonces, cualquier profesión relacionada con los escenarios estaba estrechamente relacionada con la prostitución). Sissi, menos remilgada que sus contemporáneos, no sólo le dio un empleo, sino que se hicieron grandes amigas. 

16. Tuvo una gran amistad con un ancestro de Kate Middleton (sí, la duquesa de Cambridge)

Como hemos comentado, Sissi era una magnífica amazona y, a partir de 1876, comenzó a ir con frecuencia a Gran Bretaña para participar en cacerías. Uno de sus acompañantes británicos más frecuentes era un tal George Middleton, el cual, según la prensa británica, era un ancestro un tanto lejano de otra Middleton muy famosa: Kate, la duquesa de Cambridge

17. Fue clave para solventar los problemas con Hungría

El imperio austriaco incluía muchos países actuales, entre ellos Hungría. La relación de los Habsburgo con el pueblo húngaro fue siempre complicada. Cuando en 1848 los húngaros protestaron por la falta de derechos y llegaron a proclamar brevemente su independencia, los reprimieron sangrientamente. Además, se sabe que la archiduquesa Sofía odiaba profundamente a los húngaros: cuando su hijo Francisco José era joven, un húngaro había intentado asesinarlo. 

La llegada de Sissi fue clave para que la tensión entre Austria y Hungría se calmara. Sissi nunca se sintió a gusto en Austria, pero le encantaba Hungría, llegó a aprender el idioma y se rodeó de damas de compañía de esta nacionalidad. Tanto se involucró en la defensa de la causa húngara, que consiguió que su marido negociara un acuerdo con los líderes húngaros por el cual el imperio pasó a ser «austrohúngaro». Para rubricar el acuerdo, Sissi y Francisco José fueron coronados reyes de Hungría en una gran ceremonia de Budapest el 8 de junio de 1867. 

18. Sissi (probablemente) tuvo de amante al conde húngaro Gyula Andrássy

Después de ser coronada reina de Hungría, Sissi pasaba larguísimas temporadas en su palacio de Gödöllö, un sitio que le encantaba. Allí frecuentaba mucho al que se había convertido en el primer ministro de Hungría, el conde Gyula Andrássy. La leyenda dice que ambos fueron amantes y, aunque nunca se ha podido demostrar, sí que hay suficientes pruebas para decir que él se enamoró perdidamente de ella. Tanto que durante muchos años se dijo que una de las hijas pequeñas de Sissi, la archiduquesa María Valeria, era en realidad hija suya. 

19. No se llevó especialmente bien con sus hijos mayores

Sissi fue madre muy joven. Dada su edad y sus obligaciones protocolarias, su suegra, la archiduquesa, fue la que se encargó de la educación de los pequeños y Sissi apenas los veía. 

Lo peor, sin embargo, llegó cuando Sofía, la mayor de sus hijas, enfermó gravemente y murió con tan sólo dos años. Sissi quedó tan absolutamente destrozada anímicamente que se distanció de toda su familia. Tan sólo cuando se enteró de que su hijo, Rodolfo, un niño muy sensible, estaba sufriendo lo indecible con su formación militar, intercedió para ayudarle. A pesar de ello, la relación entre ellos fue siempre distante y, en realidad, eran grandes desconocidos el uno para el otro. 

Sissi tuvo otra hija, Maria Valeria, diez meses después de ser coronada reina de Hungría. A diferencia de con sus hijos anteriores, con la pequeña Valeria, Sissi fue una madre entregada y muy cercana. 

20. Sissi apenas estaba en Viena y viajaba constantemente

Sissi odiaba su vida en Viena, en especial el riguroso protocolo y se sentía ahogada cuando estaba en el fastuoso palacio real de Austria. Por lo que sabemos, al principio de su vida como emperatriz lloraba con mucha frecuencia y es más que probable que sufriera una aguda depresión. 

También sufrió una aguda enfermedad pulmonar que estuvo a punto de costarle la vida. Los médicos le dijeron que la única manera de salvarse era trasladándose a un clima cálido y seco. Sissi estuvo dos años lejos de Viena, primero en Madeira y luego en Corfú. A partir de ahí, y alegando que debía cuidar su salud, Sissi comenzó a viajar constantemente: además de Hungría, pasaba largas temporadas en el Reino Unido, en Grecia y en la Riviera Francesa. 

21. Su hijo varón se suicidó

Una de las peores tragedias de su vida fue cuando Rodolfo se quitó la vida. Aunque aún no se ha esclarecido del todo el asunto, sí que se sabe que Rodolfo se quitó la vida junto con su amante, Mary Vetsera. Absolutamente traumatizada, Sissi nunca lo superaría y, en señal de pena, vistió de luto el resto de su vida. Aparte, nunca más protagonizó un acto oficial y llenaba sus días con viajes, poesía, el aprendizaje de nuevos idiomas, sobre todo el griego, y excursiones a pie que podían durar ocho horas. 

22. Animó a su marido a que se buscara una amante

Quizás para compensar a su marido por sus constantes ausencias, fue ella misma quien lo animó a que se hiciera amante de una actriz de teatro, una tal Katharina Schratt. Entre el emperador y ella llegó a haber un amor genuino que duró hasta la muerte de él en 1916. 

23. Sissi fue asesinada

Mientras pasaba unos días en Ginebra en 1898, Sissi decidió dar un paseo de incógnito con una de sus damas de compañía, la condesa Irma Sztáray. Sin embargo, un anarquista italiano de nombre Luigi Lucheni la reconoció. Lucheni estaba en la localidad para intentar matar a otra persona (el duque de Orleans), pero cuando éste cambió los planes de su viaje, Lucheni cambió de objetivo. A través de un periódico local supo que la mismísima emperatriz de Austria estaba allí de incógnito. Así que la siguió unos metros y la asesinó con un cuchillo minutos antes de que Sissi cogiera un ferry a Montreaux. 

La emperatriz llegó a tomar el ferry pensando que la herida no era muy profunda. Sin embargo, a los pocos minutos se desvaneció y el barco dio rápidamente media vuelta. Sissi fue llevada a toda prisa al hotel donde se hospedaba pero todos los intentos por salvarla fueron en vano. Cuando murió tenía 60 años. 

24. Romy Schneider llegó a odiar las películas

A pesar del éxito arrollador de la trilogía, Sissi fue una especie de trampa para la propia Romy Schneider, la cual quedó de por vida encasillada en aquel rol. Sus recuerdos de Sissi nunca fueron agradables: no sólo el rodaje fue bastante duro (los trajes daban mucho calor, las pelucas pesaban mucho y le daban dolor de cabeza), sino que la productora le exigía que saliese continuamente en la prensa y las revistas para promocionar las películas. Romy Schneider se acabó sintiendo como una «tarta vienesa» que «todos quieren devorar».

Tanto llegó a odiar a Sissi que se negó en redondo a rodar una cuarta película, a pesar de que le ofrecieron una cantidad de dinero desorbitada. «He vivido mucho tiempo en una cárcel, dorada ciertamente, pero cárcel al fin y al cabo». 

25. La madre de Romy Schneider hizo de madre de Sissi… por un motivo turbio

Magda Schneider, la madre de Romy Schneider, aprovechó el tirón de su hija en beneficio propio. No sólo volvió a salir en las pantallas -se convirtió en la duquesa Ludovika, la madre de Sissi y hermana de la archiduquesa Sofía-, sino que consiguió limpiar su imagen pública. Magda Schneider y su marido, Wolf Albach-Retty, habían triunfado como actores durante el Tercer Reich y, según varias biografías, ambos habían simpatizado con los nazis. Se sabe que Magda fue muy amiga de Hitler y, según su propia hija, quizás algo más. Precisamente por ello, después de la guerra nadie los quería en sus películas y no fue hasta que le llegó la oportunidad de salir en Sissi que Magda Schneider salvó su reputación. 

26. El público quiso ver un romance de verdad

La pareja formada por Romy Schneider y Karlheinz Böhm (el actor que daba vida al emperador Francisco José) se convirtió en la más famosa del cine a mediados de los cincuenta. Tanto gustaban, que el público quiso creer que había una relación sentimental entre ellos en la vida real. Pero era falso: aunque se llevaban muy bien, nunca hubo nada entre ellos. De hecho, como Karlheinz era mucho mayor que Romy, ella lo llamaba «el tío Karl». 

27. Romy Schneider volvió a hacer de Sissi

Muchos años más tarde, en 1973, Romy Schneider volvió a transformarse en Sissi, aunque fue para vengarse del papel. Aceptó participar en la película Ludwig, dirigida por Luchino Visconti, pero esta vez la Sissi que aparecía en pantalla era mucho más oscura, retorcida, triste y melancólica. En realidad, era mucho más parecida a la Sissi de verdad. 

28. Romy Schneider odiaba a Sissi

En mayo de 1981, casi treinta años después de haber interpretado por primera vez a la mítica emperatriz de Austria, Romy Schneider seguía aún encasillada en su papel. Estaba tan harta que, cuando un periodista de la revista Paris Match le preguntó al respecto, ella contestó: «Hace mucho que no soy Sissi. En realidad, no lo he sido jamás. Soy una mujer desgraciada de 42 años y me llamo Romy Schneider”. Y para que quedase claro, añadió: «Quiero mi tranquilidad, detesto el tumulto, la publicidad, el show business«. 

29. Las tragedias de Romy Schneider

Sissi fue asesinada. Romy Schneider se suicidó en su apartamento de París en 1982. Estaba harta de la persecución de los fotógrafos, de haberse convertido en un estereotipo y, sobre todo, no había podido soportar las múltiples tragedias de su vida. Aunque pensemos que, como en el caso de Sissi, Romy tuvo una vida idílica, la verdad no podía ser más distinta, comenzando porque su padrastro abusaba de ella sexualmente. Su madre no hizo nada por detenerlo. 

Harta de su vida en Alemania, la posibilidad de poder grabar en 1958 Christine, junto con un jovencísimo y prácticamente desconocido por entonces Alain Delon, le dio la excusa perfecta para instalarse en Francia. Los alemanes, que la consideraban un icono de su propiedad, lo percibieron como una auténtica traición patriótica y algunos en la prensa la acusaron incluso de pasarse al enemigo.

Pero en Francia las cosas tampoco serían fáciles para ella. Romy y Alain Delon comenzaron un romance que duraría cinco años. La carrera de él fue meteórica; la de ella se estancó. Según ella misma reconoció, los celos la carcomían. Él la dejó por otra: un día, cuando ella regresó a casa tras un viaje, se encontró un ramo de rosas Baccara (las que parecen marchitas de tan negras que son) y una nota que decía: «Me he ido a México con Nathalie». 

30. Ambas tuvieron un final trágico

Romy se casó en 1966 con el director teatral alemán Harry Meyen, con el que tuvo a su hijo David. Se separarían al cabo de pocos años. Ella comenzó relaciones con otros hombres, pero ninguno llegaría a satisfacerla. «Los hombres no me comprenden», se lamentaba. Pero lo peor estaba por llegar. En 1981, llegó la gran tragedia: su hijo David murió en un accidente. Romy nunca lo superaría. El 29 de mayo de 1982 la encontraron muerta en su apartamento de París. Según uno de sus allegados: «No se suicidó, pero hizo todo lo posible para dejar de vivir».

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