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Andrés Conde Laya, mejor sumiller de España: "Ningún vino vale 500 euros"

Andrés Conde Laya en el bar La Vinya del Senyor (Barcelona).

Andrés Conde Laya en el bar La Vinya del Senyor (Barcelona). Real Academia de la Gastronomía

Apostando por vinos de precios medios, proyectos locales y huyendo del esnobismo de su mundo, Andrés Conde Laya ha convertido el restaurante que fundó su abuelo en los años 40 en Santander, La Cigaleña, en un «santuario para los amantes del vino», que le ha valido el premio a Mejor Sumiller de España.

Conde Laya se define como un “anticlasista” de los vinos, una idea que plasma en su carta, compuesta en su mayoría de precios medios -entre 20 a 30 euros-, entre las más de 41.000 botellas de su bodega.

«Por ese precio se pueden tomar vinos extraordinarios y que posiblemente, bajo mi punto de vista personal, son mejores que los que valen 200 y 300 euros», apunta en una entrevista a Efe.

Por eso opina que “ningún vino vale 500 euros, aunque la uva cueste 100”, unos precios que achaca a que las zonas de las que provienen son caras de por sí o, incluso, al uso del vino como activo financiero, un negocio que es muy rentable y ofrece grandes retornos.

Asegura que le interesa más “el cliente que viene a disfrutar con un presupuesto limitado de 20 euros”, frente a aquellos que van a tomar vinos caros “por estatus social”. “Los grandes vinos no significan grandes precios”, reitera.

Aun así admite que esa concepción del vino no es siempre del agrado del público. ”Cuando le dices a alguien que un súper Borgoña y por el que ha pagado mucho dinero está pasado de madera y no tiene alma, no lo entienden, no entienden que digas directamente que algo que es caro o reconocido a nivel internacional no merece la pena ni está bueno”, argumenta.

Por ello, Conde Laya ha diseñado un lugar donde los amantes del vino vuelvan, con precios asequibles que ofrecen “un viaje con una copa de vino” a aquellos lugares donde él viaja para conocer las bodegas y los métodos de elaboración.

Proyectos locales

En La Cigaleña se rehúsa de “las grandes etiquetas de vino más globalizado” y se apuesta por los proyectos personales, de vinos poco intervenidos, explica el sumiller, quien señala que esta apuesta por los pequeños productores y vinos naturales ha supuesto «nadar contracorriente» durante muchos años hasta que el viento ha soplado a su favor.

“Ahora todo el mundo habla de vinos bio, poco solicitados, pero eso aquí lo hacíamos hace muchos años, aunque nunca hemos sido partidarios de promocionarlo”, afirma.

Conde Laya subraya que como aficionado al vino, lo que más le realiza es poder conocer a las personas que están detrás de la elaboración, la intencionalidad inherente a cada cosecha o las condiciones climatológicas que influyen en el resultado final.

Una historia que aspira a transmitir a sus clientes, puesto que él tiene la “suerte” de poder vivir ese relato de cerca, hablando con los productores y visitando sus bodegas.

Incluir todo lo que rodea al proceso de elaboración del vino en una cata es mucho más estimulante que el sabor en sí, ya que reconoce que “el gusto es subjetivo” y por ese tipo de consideraciones rechaza lo que define como “mitificaciones”, como la de que el vino mejora con los años.

Mejor sumiller de España

La Real Academia de Gastronomía ha nombrado el pasado 4 de noviembre a Conde Laya mejor sumiller de España, un premio que nunca ha buscado y que es fruto del trabajo «de muchas generaciones» y muchas personas, empezando por su abuelo.

El reconocimiento llega en un año muy complicado para la hostelería, en el que admite que ha “sufrido mucho a nivel personal” por la incertidumbre y tras el que vaticina que el consumidor se ha vuelto “más exigente a la hora de invertir su dinero”.

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