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La historia oculta de Gauguin, sífilis y pederastia tras el pincel

Paul Gaugin, Retrato del artista con Cristo amarillo (1890-1891)

Paul Gaugin, Retrato del artista con Cristo amarillo (1890-1891) Museo de Orsay, Paris.

La capacidad para dotar de expresividad al color y de poder a lo más primitivo, así como de sumergirse en diferentes ramificaciones artísticas, son algunos de los rasgos que dibujan la impronta de Paul Gauguin (París, 1848 – Atuona, 1903), una de las figuras más influyentes del arte de finales del siglo XIX. Sin embargo, cuando se cumplen 174 años de su nacimiento, además de las idas y venidas de Gauguin, de su éxito inicial como empresario y su carrera en el mundo del arte y posterior caída en desgracia, cabe recordar cómo tras su virtuosa pincelada se esconde la propagación de la sífilis y una relación con una adolescente de 13 años cuando él tenía más de 40.

Es reconocida por el público la influencia de Gauguin en el arte moderno y en figuras como Pablo Picasso, André Derain, Georges Braque o Henri Matisse, que señaló al parisino como uno de los culpables – junto a Eugène Delacroix, Vincent Van Gogh y Paul Cézanne – de despejar el camino para la «rehabilitación del papel del color y la restitución de su poder emotivo”. También pertenece al saber popular su condición de postimpresionista, ese estilo que no está ceñido a unas normas estrictas pero que hace referencia a una generación que encontró sus orígenes en el impresionismo y desarrolló una visión más subjetiva del mundo. Lo que ha tenido menor repercusión es las andanzas de Gauguin, especialmente en sus estancias en Tahití y las islas Marquesas.

Las mujeres tahitianas sirvieron de numen para Gauguin, que encontró a sus musas sin hacer discriminación en lo que a edad se refiere. Tehura, fuente de inspiración de Gauguin, tenía solamente 13 años cuando mantuvo relaciones con el francés, alojado ya en la década de los 40. Además, Gauguin padecía sífilis, enfermedad de transmisión sexual y que el pintor «omitió» en su estancia polinesia, en la cual compartió cama con numerosas adolescentes de unos 14 años.

Nafea Faa Ipoipo, 1892 (¿Cuándo te casarás conmigo?), Paul Gauguin
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Su producción artística en los enclaves paradisiacos, donde acudió motivado por el interés en el primitivismo, es la más importante de su legado. Gauguin vivió en Tahití prácticamente sin interrupción entre 1891 y 1901. Allí, un año después de su llegada, pintó Nafea Faa Ipoipo (¿Cuándo te casarás conmigo?), obra que fue adjudicada en 2015 por 265 millones de euros y que llegó a situarse un tiempo como la obra de arte más cara jamás subastada.

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También de 1892 es el famoso Mata Mua, propiedad de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. La obra muestra un paisaje idílico en el que varias mujeres adoran a Hina, deidad de la luna. Se trata de un canto a la vida originaria que tanto ansiaba encontrar el pintor francés en su estancia en Tahití. Pintada en vivos colores planos, al margen de cualquier pretensión naturalista, supone un canto a la edad de oro perdida.

Las Islas Marquesas fueron el destino elegido por Gauguin para apagarse. En 1901 dejó Tahití por el archipiélago. Acorralado por la sífilis, la depresión y la morfina Gauguin murió a los 54 años (8 de mayo de 1903) en Hiva Oa, principal isla de las Islas Marquesas, donde Gauguin buscaba su yo más salvaje y primitivo.

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