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De muralla a epicentro de protestas: así ha cambiado la Puerta del Sol

Fue antes una puerta que una plaza. Y de ahí su nombre. La Puerta del Sol, convertida hoy en centro neurálgico de Madrid, ha sido testigo del alzamiento contra las tropas francesas en 1808, la proclamación de la Primera República en 1931 y hasta de concentraciones del movimiento 15M en 2011. Pero fue originalmente, la Calle Ancha y una de las entradas de la muralla que rodeaba Madrid en el siglo XV.

Y es que el enclave madrileño era un punto exterior de la ciudad que debido al crecimiento de la Villa y Corte hacia el este, que entonces contaba con 15.000 habitantes, fue convirtiéndose, poco a poco, en la encrucijada para la salida hacia los alrededores. En apenas unas décadas, Madrid se convertía en la capital del Imperio de los Austrias, desbordando los antiguos límites de la villa y convirtiendo ese cruce de caminos, en el centro geográfico de una ciudad y de continuas reformas en cada mandato. Y es tal su antigüedad, que documentos históricos ya citan «la Puerta del Sol» a finales del siglo XV en un pleito popular relativo a las parroquias de San Ginés y de San Martín que, en 1498, se refieren a la pavimentación de la zona, y en 1501, refiriéndose al «empiedre de la calle grande de la Puerta del Sol para la entrada de los príncipes».

La Puerta del Sol tras su pavimentación e iluminación de 1848 y antes de su reforma. Memoriademadrid.es

Los primeros edificios alrededor de la Puerta del Sol se construyeron en el siglo XVI, aunque no fue hasta los años 1766 y 1768, con la construcción de la Casa de Correos en manos del arquitecto francés, Jaime Marquet (1710-1782), cuando este enclave adquirió la importancia que tiene hoy día. El edificio ha ocupado diversas funciones, como sede del Ministerio de la Gobernación (Interior), Dirección General de Seguridad del Estado, durante la dictadura franquista, o Sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid. «El edificio que proyectó Marquet es de planta rectangular, está organizado en torno a dos patios interiores separados por una crujía y consta de cuatro fachadas, puesto que pudo construirse exento al abrirse en su parte trasera una nueva vía pública, que es la actual calle de San Ricardo. Visto en alzado, sus cuatro fachadas son de estilo clásico francés, compuestas por un zócalo, piso bajo, entresuelo y piso principal, destacando los tres vanos, la balconada y el portal de acceso del cuerpo central, así como el frontón que lo remata con esculturas de Antonio Primo», detallan desde el Museo Postal y Telegráfico.

Y nada queda ahí. En 1858, los edificios situados al norte de la plaza fueron derruidos, como la iglesia del Buen Suceso, que ocupaba lo que hoy es la tienda de Apple, y que a su vez, ocupó el espacio del renombrado Grand Hotel de París, uno de los primeros hoteles en la capital. Se construyeron entonces los que continúan en pie hoy en día y que se distribuyen en forma semielíptica, e instalaron el famoso reloj de Losado y la escultura del Oso y el Madroño, cerca de su ubicación actual. La nueva plaza empezaba a acoger las primeras innovaciones urbanas, desde el alumbrado público, primero de gas y, después, eléctrico, y hasta el bullicio de los tranvías y coches que después molestaron. Y es que si algo se ha pretendido reforma tras reforma desde entonces, es que turistas y madrileños puedan disfrutar del corazón de la ciudad con menos ruidos y contaminación, restringiendo así el paso de los coches a ella.

La última remodelación conocida de la Puerta del Sol se sitúa en el año 2009, bajo la alcaldía de Alberto Ruíz-Gallardón, con unas obras que incluyeron la aparición del actual acceso a Metro y Cercanías, y que peatonalizaron la calle Montera y Arenal. Después, con la llegada de Manuela Carmena al Ayuntamiento se peatonalizó otro de sus accesos, la calle Carretas, y además, se ampliaron en las aceras del acceso desde la calle Alcalá y la salida desde la carrera de San Jerónimo.

Sin ‘ballena’ y cien por cien peatonal

La Puerta del Sol no ha dejado atrás la centralidad que supone, aunque su aspecto no ha dejado de cambiar. Y es que ya lo dijo el historiador Pedro Navascués: «lo único que ha permanecido inalterable a través de los siglos, es su nombre». Tras una larga lista de intervenciones, el enclave madrileño afronta ahora una nueva reforma, no exenta de polémica.

El macroproyecto que dará paso a la nueva plaza madrileña ha recibido numerosas críticas en los últimos días, principalmente, como consecuencia de las elevadísimas temperaturas que se han dado en la capital y que ponen en tela de juicio que la nueva Puerta del Sol no vaya a tener árboles, según la delegada de Obras y Equipamientos, Paloma García Romero, porque «es un Bien de Interés Cultural (BIC) y pese a que se han intentado incorporar el mayor número de árboles, la Comisión Local de Patrimonio no lo ha permitido».

La remodelación, que arrancó el pasado mes de marzo y está previsto que se inaugure en la primavera del próximo año, supone una inversión de 10,7 millones de euros y plantea la peatonalización total y definitiva de la plaza y de todas las calles que convergen en ella. Asimismo, pondrá fin a la conocida como «ballena de cristal», que se sustituirá por un recinto de vidrio con forma oval para dar paso a una estructura «más liviana»; y a las dos fuentes actuales, que pasaran a ser una sola que acoja en su interior la estatua ecuestre de Carlos III. En cuanto a la placa que señala el kilómetro 0 de las carreteras nacionales, se verá realzada alrededor por una serie de losas que formarán una gran rosa de los vientos, y se recuperará la luminaria que tuvo la plaza durante la primera mitad del siglo XX. Los quioscos de prensa, así como, el puesto de lotería y el estanco también cambiarán de ubicación. Ahora estarán en los extremos de la plaza, concretamente, próximo a la tienda Apple y la pastelería La Mallorquina.

La nueva Puerta del Sol busca ser un espacio «estancial», ya que «no ha sido una auténtica plaza». «En el siglo XX, el desorden de la plaza cada vez ha sido más manifiesto, hay de todo, una serie de obstáculos que hace que sea poco accesible y muy poco limpia. Es una zona emblemática de Madrid y para ello aprovechamos un proyecto que fue aprobado y ganado por el COAM en el 2014».

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