Los reyes Felipe y Letizia siguen de viaje oficial por Alemania, a donde llegaron hace dos días y en donde ayer ya tuvieron un día repleto de eventos de los que dimos debidamente cuenta.

Hoy por la mañana, el rey ha comenzado la jornada con un desayuno de trabajo con una representación de empresarios alemanes y españoles, en la que, por cierto, había poquísimas mujeres. Luego, el monarca se ha trasladado a un encuentro con empresarios dentro del Foro Hispano-Alemán organizado por la Fundación Bertelsmann. Estos Foros se inauguraron hace diez años, cuando en el 2002 el entonces presidente alemán visitó España e impulsó esta iniciativa para acercar proyectos comerciales de interés común. Desde entonces, los encuentros se han celebrado regularmente cada dos o tres años y solo fueron interrumpidos durante la pandemia. Felipe ya había acudido varias veces en el pasado a sus sesiones, pero esta vez ha sido la primera que lo ha presidido como monarca.

El discurso del rey con los empresarios

El rey les ha dirigido unas breves palabras –de nuevo, ni rastro de alguna frase en alemán–. Las ideas eran buenas: que estamos en un momento de incertidumbre por la guerra en Ucrania, los problemas derivados de la inflación, la importancia de asegurar el suministro energético de Europa, lo mucho que pueden aportar las empresas españolas en materia de sostenibilidad.

Ha estado especialmente bien que destacara que España está haciendo mucho en el campo de la digitalización y que, junto con Alemania, ha suscrito un documento proponiendo la creación del euro digital. Sin embargo, el redactado era denso, con frases rebuscadas que parecían no acabarse nunca. Además, habría que haber dado más peso al papel de la innovación. Personalmente, me ha faltado poner en valor el papel de los científicos españoles en Alemania y las aportaciones tecnológicas que están haciendo nuestros investigadores en el país germánico.

Una exposición sobre mujeres vanguardistas

Mientras el rey estaba con los empresarios, Letizia ha ido a visitar una exposición junto con la primera dama de Alemania, Elka Büdenbender. Se titulaba «Escribir todos sus nombres» y estaba organizada por la colección Helga de Alvear (una de las mejores galeristas afincadas en España, descendiente de una familia de industriales alemanes) en el Palais Populaire de Berlín. La muestra quería homenajear a mujeres creadoras españolas que desarrollaron una obra muy potente dentro de los movimientos más vanguardistas del siglo XX, sobre todo a partir de la década de los sesenta, pero que no siempre han sido reconocidas. Nombres como Aurèlia Muñoz o Dora García son desgraciadamente desconocidos para el gran público, pero fueron artistas consumadas.

Letizia ha recorrido la muestra y ha estado atenta a las explicaciones, pero no ha hecho ni una sola declaración, ni un discurso, ni comentario a la prensa, ni mensaje en ningún vídeo, por lo que mediáticamente solo se está destacando su vestido (fucsia, del creador Moisés Nieto). Dicho lo cual, hay que reconocer que la reina está apostando estos días por estilismos que están muy bien, pero que está completamente deslucida en este viaje, totalmente apagada, arrinconada, sin papel destacable más allá de lucir ropa. Zarzuela se ha equivocado totalmente con la agenda y el rol de Letizia en Alemania. Lo dije respecto al viaje de estado a Suecia y lo repito: esta manía que tiene Casa Real de que ella no abra la boca cuando van los dos juntos al extranjero me parece ridícula e injustificable.

La inauguración de la Feria del Libro

Después de tener agendas por la mañana por separado, los reyes se han reunido para ir juntos al ayuntamiento de Berlín, donde los ha recibido la alcaldesa, Franziska Giffey. Por la tarde han puesto rumbo a Frankfurt, donde han estado presentes en el plato fuerte de su visita: la inauguración de la Feria del Libro, la feria editorial más importante del mundo.

La Casa Real ha puesto un vídeo en su cuenta de Twitter para seguir la inauguración en streaming, lo cual ha estado muy bien. Así hemos podido ver al rey participar en la inauguración y pronunciar su discurso (donde ha dicho alguna cosa en alemán, por fin). El parlamento ha tenido un par de cosas buenas y otras bastante malas. Ha estado muy bien reconocer que España ha avanzado mucho desde que fue invitada por primera vez a la Feria del Libro (a principios de los años noventa) y ha estado también muy bien el párrafo final, con las referencias a Goethe y los hispanistas alemanes (Arthur Schopenhauer tradujo el «Oráculo Manual y arte de la prudencia», de Gracián).

Pero ha habido fallos. Es verdad que ha saludado a los escritores españoles presentes en la sala, pero no ha hecho ninguna referencia, ni tan sólo genérica, a los escritores españoles de las últimas décadas. Y eso que hay nombres que son bastante famosos, comenzando por los de Arturo Pérez-Reverte o Javier Marías. Además, hubiese estado bien que nombrase a algún nombre de autor o autora jóvenes, y que hubiese puesto en valor el extraordinario trabajo y esfuerzo de los traductores españoles (algunos están entre los mejores del mundo). Por no decir que España tiene el tejido de editoriales independientes más potente de Europa y que la gran mayoría han sido impulsadas por gente joven (y muchos, durante la crisis del 2008). Pero no lo ha dicho.

Tampoco hizo ningún guiño a la literatura alemana. El presidente alemán, en su discurso, dijo que estaba deseando leer los libros que se iba a comprar en la feria y que, entre ellos, habría títulos españoles. El rey tendría que haber dicho algo parecido. Y ya hubiese sido para nota si hubiese dicho algún libro alemán que se hubiera leído y le hubiera gustado. Hay algunos buenísimos, de La montaña mágica de Thomas Mann, a las obras de teatro de Bertold Brecht.