Tendencias ENTREVISTA | CARMEN POSADAS

"Los servicios secretos de todos los países pagan a peluqueras y 'bartenders' para que hagan de espías"

La escritora presenta su nueva obra 'Licencia para espiar', que repasa la historia de las mujeres que se dedicaron al "peligroso" arte del espionaje

Carmen Posadas. Carolina Roca

La primera misión de espionaje de la que se tiene noticia en el mundo occidental acabó en fiasco. Fue en el siglo XIV antes de Cristo, cuando Moisés envió espías a la Tierra Prometida para informarse de cómo era. A su regreso, contaron que estaba llena de gigantes y era inhóspita y agreste, y el pueblo se rebeló contra el profeta, hasta que Rahab la Larga propició la caída de las murallas de Jericó y la llegada del pueblo de Israel a su tan ansiada tierra. Los dos tuvieron mucho en común después con la Balteira, una juglaresa gallega envuelta en mil y una intrigas durante el reinado de Alfonso X; o con Julio César, las doncellas venenosas o Isabel I de Inglaterra, Catalina de Médici y María Estuardo, las reinas que hicieron del espionaje su mejor aliado, como James Bond.

Todas desfilan por las páginas de la nueva novela de Carmen Posadas (Montevideo, 1953), Licencia para espiar (Espasa) que, tras el éxito de La leyenda de la Peregrina, elige «la fascinante y desconocida vida de las mujeres que a lo largo de la historia, y desde la noche de los tiempos, se han dedicado a las labores de espionaje». «La razón de este libro es mi fascinación por aquellos que eligen ver sin ser vistos. Sin ser vistas, habría que decir, porque buena parte de las vidas que he recreado son femeninas. No porque quiera contribuir a la agotadora lista de novelas de mujeres, para mujeres, sobre mujeres, sino porque pienso que aquellas que a lo largo de la historia se han dedicado a estos menesteres lo han hecho de modo más discreto que los hombres y, por tanto, son menos conocidos sus logros», explica la autora en palabras para El Independiente.

«Las vidas que recreo en Licencia para espiar son las de personas que, a lo largo de la historia, consiguieron convertir el espionaje en una de las bellas artes. Con inteligencia, astucia, tesón. Pero también con arrojo y temeridad y valiéndose de métodos no necesariamente ortodoxos. El lector se topará con mujeres idealistas, abnegadas, grandes patriotas y heroínas. Y, como mi intención es retratar la realidad y no una visión romántica ni ventajista del sexo femenino, las hay también que fueron ambiciosas, implacables e incluso malvadas», añade.

Pero el interés de la ganadora de un Premio Planeta y galardonada con el Premio Apel·les Mestres de literatura infantil y el Premio de Cultura que otorga la Comunidad de Madrid, por escribir sobre el mundo del espionaje se debe también a que ella misma lo es, o al menos, confiesa, siempre se ha sentido como tal. «Siempre me he considerado una espía. Cuando a mis padres los destinaron a Moscú, tuve la suerte de conocer a algunas practicantes de este antiquísimo oficio. De hecho, un par de ellas vivían en casa, porque en aquel entonces, hablo del año 1973, en plena era soviética, las embajadas extranjeras, incluso la de un país tan poco estratégico como Uruguay, eran un nido de espías. La estancia de mis padres en la capital rusa contribuyó mucho a aumentar mi interés por eso que llaman los servicios de inteligencia».

De 428 páginas, lo nuevo de Carmen Posadas es así un «agende doble» donde cada capítulo se estructura en dos partes. En la primera, la escritora explica la evolución del espionaje en paralelo al de la sociedad, desde los tiempos bíblicos hasta la actualidad; y la segunda, es un relato cuya cuma -una docena en total-, conforma en sí misma una novela episódica donde Carmen incluye pinceladas situadas en otras épocas, relacionándolas a partir de algún tema común, como sucede con el uso del sexo como arma de espionaje.

Cuando un espía hombre utiliza el sexo se convierte en James Bond, si lo hace una mujer ya sabemos»

carmen posadas

«El sexo siempre ha servido como arma para obtener información. Se sabe que en algunos países existen escuelas secretas en las que se enseña a usar el amor como trampa, como en la India con las conocidas como visha kanya o doncellas venenosas. A estas mujeres se les administraba desde niñas pequeñas dosis de sustancias letales hasta que se inmunizaban. Al mismo tiempo, esas sustancias convertían sus fluidos corporales en auténticas bombas de relojería para cualquiera que mantuviese relacione sexuales con ellas. En la historia del espionaje el sexo es una arma importantísima, pero que claro, cuando la utiliza un hombre se convierte en James Bond y cuando quien lo hace es una mujer, ya sabemos qué nombre tiene».

De entre las más conocidas, como Mata Hari, Josephine Baker o Hedy Lamarr, u otras que fueron secretas como Gloria Guinnes, amiga íntima de Truman Capote o la princesa Stephanie von Hohenlohe, Carmes Posadas destaca a ‘La Reina de corazones’, que actuó como agente doble en el Estrecho de Gibraltar durante la guerra mundial, primero al servicio de los alemanes, pero luego, al tener conocimiento de las atrocidades de los nazis, se ofreció a los servicios secretos de los aliados. «La labor de muchas espías que operaron durante la Segunda Guerra Mundial no ha llegado a conocerse, a pesar de que sirvieron a su país con más eficacia que diez mil hombres, en palabras de Roosevelt».

En la actualidad, Carmen Posadas cree que estamos rodeados de espías «no solamente de altos vuelos, sino por todas partes», y comparte las declaraciones de una agente en activo, anónima, a la que entrevista al final del libro. «La entrevisté para conocer el lado humano de esta profesión y ver qué precio hay que pagar por convertirse en una espía, qué lleva a alguien a elegir este oficio y, sobre todo, cómo vive callando siempre. Estamos rodeados de espías por todas partes, Alexa es la primera, pero también me contó la forma en que los servicios secretos de todos los países pagan a peluqueras y bartenders para obtener información».

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