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¿Por qué los europeos somos las personas más raras del mundo?

Peatones en un paso de cebra.

Peatones en un paso de cebra. Pixabay

Si eres una persona criada en una sociedad occidental, con estudios, industrializada, adinerada y democrática, eres un WEIRD, en inglés, y, probablemente, alguien bastante peculiar psicológicamente. O raro. Así lo define al menos Joseph Henrich (Pensilvania, 1968), director del Departamento de Biología Evolucionista Humana en la Universidad de Harvard, que publica Las personas más raras del mundo (Capitán Swing), un ensayo de 800 páginas que plantea cómo Occidente ha llegado a ser «psicológicamente tan peculiar y particularmente próspero», y responde a cómo la cultura, las instituciones y la psicología se moldean mutuamente y lo que esto significa tanto para saber quiénes somos como individuos, como para las fuerzas sociales, políticas y económicas que, a gran escala, impulsan la historia.

«Las personas raras son muy individualistas, obsesionadas con sí mismas, orientadas al control, inconformistas y analíticas. Se centran en sí mismas por encima de sus relaciones y roles sociales. Las personas WEIRD aspiramos a ser ‘nosotros’ en todos los contextos y vemos las contradicciones en otros como hipocresía, antes que como flexibilidad. Al igual que ocurre con cualquiera, sentimos inclinación a seguir los pasos de nuestros iguales y de las figuras de autoridad, pero no estamos tan dispuestos a adaptarnos a otros cuando se trata de entrar en conflicto con sus creencias, observaciones y preferencias. Nos vemos como seres únicos, no como nudos de una red social que se extiende por el espacio y hacia atrás en el tiempo».

Portada del libro 'Las personas más raras del mundo', de Joseph Henrich

Sobre esa idea Henrich, que se califica como tal, explica los orígenes y la evolución de las estructuras familiares, el matrimonio y la religión, así como el profundo impacto de estas transformaciones culturales en la psicología humana. Para ello recurre a los estudios más avanzados de biología, antropología, psicología social y economía, según los cuales las instituciones más fundamentales del parentesco y el matrimonio, fueron las que cambiaron bajo la presión de la Iglesia Católica Romana, dando lugar a una psicología que coevolucionaría con los mercados, la especialización laboral y la
libre competencia, y sentaron las bases del mundo moderno.

Así, todo empezó con la intención del Papa Gregorio I (Gregorio Magno), de reordenar el marco legal del matrimonio cristiano de acuerdo con un nuevo conjunto de normas que impedían el matrimonio entre primos, el divorcio o la poligamia, entre otras. «Las raíces de las familias WEIRD pueden encontrarse en un paquete de doctrinas, prohibiciones y prescripciones que se fue dilatando poco a poco y que la Iglesia, de manera gradual, adoptó y promovió enérgicamente, ya desde antes de la caída del Imperio romano de Occidente. Durante siglos, desde el periodo de la Antigüedad Tardía y hasta bien entrada la Edad Media, las políticas matrimoniales y familiares de la Iglesia formaron parte de un proceso evolutivo cultural mayor, en el que las creencias y las prácticas de aquella estuvieron en competencia con muchos otros dioses, espíritus, rituales y formas institucionales por los corazones, las mentes y las almas de los europeos», reza el libro.

Este proceso de reforma debilitó las alianzas por parentesco e introdujo cambios en la dinámica social. Esos cambios experimentaron un notable impulso a partir del siglo XVI debido a factores como la fe protestante, que intensificó la deriva individualista y promovió la alfabetización como medio de acceso a las Sagradas Escrituras, el desarrollo de las ciudades, los gremios profesionales o el método científico. «Este ensayo aborda la diversidad psicológica humana como efecto de la interacción entre la plasticidad natural de nuestra especie y la cultura, al mismo tiempo que desmonta la pretendida universalidad de ciertos rasgos de nuestra psicología», señala por su parte la editorial.

Para el autor, la descripción de WEIRD, el acrónimo de Western
(Occidental), Educated (con estudios), Industrialized (industrializado), Rich (adinerado) y Democratic (democrático), no es fiel, sin embargo, a la mayoría de las sociedad del mundo. Y es que según Henrich, hay naciones donde prima el bienestar colectivo y «creen en los dictados de la tradición como normas de conducta, de manera que los individuos se identifican más fuertemente con la familia, la tribu, el clan y el grupo étnico». Así, si bien hay aspectos que toda la humanidad compartimos, como el miedo a la muerte o el rechazo a las relaciones sexuales entre padres e hijos, hay otros que hacen evidentes las diferencias entre una cultura u otra. «La civilización occidental comparte una misma historia y una evolución similar, pero presenta muchas divergencias entre sus componentes».

Ejemplo de ello es el llamado dilema del pasajero, con el que el antropólogo plantea la siguiente situación: Usted va dentro de un coche con su amigo, y su amigo es quien conduce. Atropella a un transeúnte, y usted sabe que su amigo conducía al menos a 35 millas por hora, cuando la máxima velocidad permitida es 20mph. Es el único testigo, y el abogado de su amigo le dice que si testifica que su amigo conducía a 20mph le puede salvar de consecuencias legales severas. ¿Qué piensa?

a. Su amigo tiene derecho a esperar que testifique, como buen amigo, y usted diría que iba a 20km/h

b. Su amigo no tiene derecho a esperar que testifique, y usted no diría que iba a 20km/h

Según Joseph, cada país respondería a esta pregunta de manera muy diferente. En países europeos, Canadá, o EEUU, por ejemplo, la mayoría de los ciudadanos dirían la verdad en el banquillo mientras que en países como Nepal, Venezuela o Corea del Sur, sucedería al revés «porque la amistad está por encima. Unos anteponen su deber ante una institución impersonal». «En los lugares donde es más probable que elijan la respuesta a, también es más probable que las personas den a sus amigos información reservada de una compañía, mientan sobre un examen médico a un amigo para rebajar la prima de su seguro, o exageren la calidad culinaria del restaurante de un amigo en una crítica publicada».

El comercio y el mercado son otras de las grandes fuerzas transformadoras de los ‘raros’ que Joseph Henrich abarca en el libro. Y es que históricamente, los negocios y el tráfico comercial se han visto influidos por las relaciones interpersonales. En este sentido, resalta el autor, el problema de las personas WEIRD es que tienden a pensar en el tráfico comercial como algo simple. «Los humanos hemos comerciado durante siglos. Pero la gente no se da cuenta de que la mayoría de esos intercambios fueron entre personas que se conocían entre sí, que tenían relaciones. Lo que surge en Europa durante la Alta Edad Media son lo que yo llamo mercados impersonales. Son lugares en los que puedes ir al mercado y hacer tratos con extraños bajo unas ciertas normas. Firmas un contrato para entregar una serie de bienes y, cuando lo haces, normalmente esos bienes se entregan. La exposición a los mercados hace que las personas estén más dispuestas a cooperar con extraños, a que sean más moralmente universales», explica el propio autor en una entrevista para El Confidencial.

En este sentido el profesor estadounidense considera que los mercados eliminan una parte de nuestra identidad social, «algo que podría estar detrás de la sensación de vacío» que muchos pensadores marxistas señalan; y augura que cada vez más, serán los robos y la Inteligencia Artificial, quienes se encarguen del trabajo manual y de gran parte de las tareas cognitivas más exigentes del ser humano. «El comercio en línea y una seguridad más estricta en las transacciones financieras puede estar reduciendo nuestra necesidad de mantener una reputación impecable y diluyendo las motivaciones que tenemos internalizadas para la confianza y la cooperación con los extraños».


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