El cine romántico, en la gran mayoría de casos, sigue una fórmula casi inquebrantable. Dos personas se conocen, atraviesan un conflicto, lo solucionan y terminan juntas. Ese esquema tan repetido ha construido una idea del amor como destino inevitable, donde el final feliz deja de ser una posibilidad para ser una expectativa. Sin embargo, esa narrativa está cambiando.
En los últimos años ha empezado a circular un término cada vez más presente en redes sociales, críticas culturales y conversaciones sobre cine: las "doom-roms" (doomed romances/romance condenado). Historias donde el romance sigue siendo el centro emocional, pero el final feliz no está tan garantizado.
Más que un nuevo género formal, las doom-roms funcionan como una sensibilidad narrativa. Se convierten así en una forma de contar el amor desde la incertidumbre, la incomodidad y el realismo emocional.
Amor sí pero final feliz no garantizado: la base de las 'doom-roms'
Las doom-roms no se centran tanto en cómo dos personas se enamoran, sino en qué ocurre cuando el amor no puede sostenerlo todo. Son historias donde las relaciones son intensas, significativas e incluso transformadoras, pero chocan con factores más complejos. Hay momentos vitales incompatibles, ambiciones personales, diferencias emocionales o secretos que alteran la percepción del otro.
Películas como La La Land (2016), 500 días juntos (2009), o Vidas pasadas se han convertido en referencias clave de esta tendencia. También títulos como Antes del amanecer (1995) o Ha nacido una estrella (2018) muestran ese mismo patrón: vínculos profundos que pueden no traducirse en permanencia. A diferencia del romance clásico, aquí el desenlace es una consecuencia emocional.
De las 'chick flicks' a las 'romcoms'
Para entender el auge de las doom-roms, hay que mirar hacia atrás. El cine romántico estaba dominado por dos grandes formas de contar el amor: las comedias románticas (romcoms) y las llamadas chick flicks. Aunque en muchos casos se solapan, ambas han sido fundamentales en la construcción del imaginario romántico contemporáneo.
Las comedias románticas, o romcoms, siguen una estructura muy reconocible. Los personajes se conocen, atraviesan un conflicto -normalmente ligado a malentendidos o diferencias personales- y terminan encontrando una forma de estar juntos. El humor actúa como motor narrativo, pero siempre al servicio de una resolución clara que tiene el amor como destino final.
Películas como Notting Hill, Love Actually, The Wedding Planner, Cómo perder a un chico en 10 días, 27 Vestidos o 10 razones para odiarte han definido el género y consolidado la idea de que el amor, pese a los obstáculos, siempre encuentra su camino.
Por otro lado, las chick flicks se refieren un término más amplio y a menudo asociado a una audiencia femenina joven. Giran en torno a la experiencia emocional del amor, la identidad y la transformación personal. Aunque muchas incluyen romance, su foco también se extiende a la amistad, la autoestima y la construcción de identidad en contextos sociales y culturales específicos. Dentro de este grupo destacan títulos como Pretty Woman, Clueless, Chicas Malas, Princesa por sorpresa o Crepúsculo, que han marcado a distintas generaciones de espectadores.
En ambos casos, el patrón es el mismo. El amor está como eje narrativo central y el final feliz como cierre esperado. Con el tiempo, este modelo ha sido tanto celebrado por su capacidad de escapismo como criticado por su tendencia a simplificar las relaciones y presentarlas como procesos lineales con resolución garantizada.
Por qué ahora: cultura, redes y cambio de mirada
La cultura contemporánea ha ido incorporando una mirada más compleja sobre las relaciones. Conceptos como compatibilidad emocional, salud mental o independencia afectiva forman ya parte del lenguaje cotidiano con el que se interpretan los vínculos románticos. Las redes sociales han transformado así la forma en la que se interpretan las relaciones, incorporando discursos más analíticos sobre dinámicas emocionales o red flags -concepto muy usado por los jóvenes para referirse a una señal de alerta, comportamiento o patrón tóxico que indica peligro, inmadurez o incompatibilidad con una persona-.
En este contexto, las doom-roms emergen como una respuesta natural. Son historias que no niegan el amor, pero cuestionan su capacidad para resolverlo todo. Por tanto, frente a la lógica de "el amor todo lo puede", proponen que el amor puede ser real, intenso y transformador, y aun así no funcionar, lo que es una realidad bastante más incómoda.
No es casualidad, en ese sentido, que algunos de los estrenos más comentados del momento apunten precisamente en esa dirección. Películas como One Day (Siempre el mismo día), Los imprevistos del amor, o The Drama, protagonizada por Zendaya y Robert Pattinson, desplazan la trama tradicional para centrarse en dinámicas más complejas.
'The Drama', la película que ha reactivado el uso del concepto
Uno de los títulos que más conversación ha generado recientemente en torno a este fenómeno es The Drama. Su estreno en Estados Unidos ha vuelto a situar en el centro del debate las relaciones románticas contemporáneas en pantalla.
La película parte de una premisa aparentemente clásica, pero rápidamente se aleja del modelo de comedia romántica tradicional para adentrarse en dinámicas más incómodas, donde los secretos, la confianza y la percepción del otro juegan un papel central. Sin necesidad de apoyarse en grandes giros espectaculares, la historia ha generado conversación por su enfoque en la fragilidad de las relaciones y por cómo reinterpreta la idea de pareja desde la tensión emocional más que desde el romance idealizado.
Más que una historia cerrada, The Drama ha funcionado como detonante cultural del término doom-rom, al poner sobre la mesa una pregunta clave: qué ocurre cuando el amor existe, pero la relación puede dejar de ser sostenible.
Una evolución del romance, no su desaparición
El atractivo de las doom-roms reside precisamente en la tensión. No ofrecen consuelo absoluto, pero sí reconocimiento emocional. No garantizan un final feliz, pero tampoco niegan la importancia del vínculo. Frente a la estructura cerrada de las comedias románticas clásicas, proponen finales abiertos, ambiguos o directamente rotos. Y en esa falta de resolución hay algo profundamente contemporáneo.
Este género (o subgénero) no sustituye a las comedias románticas ni a las chick flicks. Coexiste con ellas, tensionando sus códigos y ampliando las formas de narrar el amor. Si antes el cine romántico preguntaba "¿acaban juntos?", hace que se pregunte algo distinto: ¿qué significa cuando no lo hacen, pero aun así ha sido importante -y bonito-? En esa pregunta parece estar el nuevo foco del romance en pantalla. El amor en el cine ya no busca solo un final feliz, sino mostrar la otra realidad que se da en numerosas ocasiones.
Te puede interesar
Lo más visto
Comentarios
Normas ›Para comentar necesitas registrarte a El Independiente. El registro es gratuito y te permitirá comentar en los artículos de El Independiente y recibir por email el boletin diario con las noticias más detacadas.
Regístrate para comentar Ya me he registrado