La imagen que tenemos de los famosos siempre es la de personas perfectas que pueden con todo. Sin embargo, detrás de las cámaras hay una realidad muy distinta. El cuerpo humano tiene límites y, cuando se le exige demasiado, se "apaga". En los últimos años, hablar de ansiedad, depresión o agotamiento ha dejado de ser tabú. Las figuras públicas ya no se esconden si deciden parar. Pero la industria del entretenimiento actual tiene un debate abierto. ¿Están los artistas parando realmente por salud mental o se está usando este argumento como una excusa cuando las cosas no van bien?
Jennifer Lopez y su episodio de ceguera: "No podía ver y tampoco podía moverme. No me di cuenta de que llevaba 98 días seguidos trabajando"
El debate sobre los límites del cuerpo ha vuelto tras unas declaraciones de Jennifer Lopez en el pódcast SmartLess. La artista, que acaba de estrenar en Netflix una nueva comedia romántica, Turbulencia en la oficina, recordó una crisis de salud muy grave que sufrió a principios de los 2000. Lopez admitió que en esa época no sabía ponerse límites. Enlazar el rodaje de cuatro películas seguidas con la grabación de su disco J.Lo la llevó a una situación extrema: "No me di cuenta de que había trabajado 98 días seguidos sin tomarme un solo día libre".
El colapso definitivo llegó en 2002, en el rodaje de la película Nunca más. Jennifer empezó a notar que el corazón se le aceleraba de forma extraña antes de entrar al set. Un día, al volver a su caravana, su cuerpo se detuvo por completo. Perdió la vista de repente: "Era como si algo me hubiera tapado los ojos y no pudiera moverme", explicó sobre la parálisis. Su asistente la llevó de urgencia al hospital, donde Jennifer, tal y como ha explicado, le preguntó al médico si se estaba volviendo loca. Este le contestó que su cuerpo se había apagado por agotamiento extremo.
Este agotamiento físico venía acompañado de un gran desgaste mental. En la misma entrevista, la cantante compartió que sus problemas de ansiedad empezaron tras el éxito de la película Selena (1997). Al darse cuenta de que no recuperaría su anonimato y que su vida había cambiado, empezó a sufrir ataques de pánico. El miedo constante a la falta de privacidad, sumado a trabajar día y noche, acabó por romper su sistema nervioso.
Los parones de los famosos por agotamiento o salud mental
A diferencia de lo que le ocurrió a Jennifer Lopez, las estrellas actuales prefieren frenar antes de que sea tarde. Muchos psicólogos han llamado a esto el "síndrome del famoso agotado". Trabajar sin rutinas o estar expuesto a las críticas en redes sociales hace que las probabilidades de sufrir ansiedad o depresión se disparen.
En la música española se está viviendo un cambio generacional definitivo. Rozalén decidió parar tras 15 años porque necesitaba "silencio", mientras que Dani Fernández también anunció un descanso para no perder el amor por su trabajo, escribir canciones. El caso de Lola Índigo es otro ejemplo claro de cómo la fama puede superar a la persona. Tras años sin parar confesó su agotamiento mental por el acoso en redes y la presión tras tener que posponer su concierto en el Bernabéu. Una situación de colapso por la que también han pasado jóvenes promesas como Valeria Castro, obligada a reubicar su gira tras sufrir una campaña de odio digital.
Esta necesidad de bajarse del escenario para protegerse no es algo aislado. Es una realidad que ya han visibilizado grandes nombres como Pablo Alborán, Dani Martín o Quevedo. En el panorama internacional, estrellas como Miley Cyrus o Lady Gaga también han tenido que frenar al sufrir ataques de pánico y dolores físicos crónicos debido a la presión de la industria.
Este desgaste se extiende a cualquier profesión, y más bajo el escrutinio público. En el cine, la actriz Sandra Bullock anunció un retiro temporal al admitir que sufría un caso grave de burnout (estado de agotamiento físico, mental y emocional provocado por estrés laboral) que no le permitía tomar decisiones saludables. En la televisión, el presentador Andreu Buenafuente tuvo que suspender su agenda por prescripción médica. El fenómeno llega al deporte de élite, con casos como el de la gimnasta Simone Biles, que se retiró un tiempo por un bloqueo mental. También con la tenista Paula Badosa, que confesó la fuerte depresión y ansiedad que le provocaron las enormes expectativas puestas en ella desde muy joven.
¿Salud mental o escudo de protección?: la polémica de Machine Gun Kelly y Yungblud
El hecho de que la salud mental sea ahora un motivo respetado por el público ha provocado un efecto secundario en la industria. Admitir que un proyecto ha fracasado, que una estrategia de lanzamiento ha salido mal, que hay problemas de organización internos o que el interés del público ha bajado es un golpe duro para la marca de cualquier famoso.
En cambio, achacar el frenazo a la ansiedad o al agotamiento desvía la atención, genera apoyo inmediato y protege la reputación. Es una red de seguridad de la que ya tiraron figuras como Justin Bieber al suspender conciertos o el propio Alejandro Sanz cuando confesó que "a veces no quería ni estar". La salud mental se convierte, a veces, en el comodín perfecto para camuflar que las cosas simplemente no van bien.
Este debate saltó por los aires tras una pelea pública entre los cantantes internacionales Machine Gun Kelly y Yungblud. Todo empezó cuando Yungblud subió un vídeo criticando los altos precios de la música en directo y afirmando que la crisis económica de los conciertos obligaba a muchos artistas a suspender sus planes.
La respuesta de Machine Gun Kelly en los comentarios fue un ataque directo que puso el foco en esta sospecha: "Cancelaste una gira porque no vendías entradas, le echaste la culpa a la salud mental y al día siguiente te fotografiaron cenando en un restaurante de lujo. Las entradas de tu gira siguen teniendo el mismo precio que las de cualquier otro. Cállate".
Muchos usuarios le dieron la razón a MGK al ver que las entradas VIP para el propio festival de Yungblud (Bludfest) costaban más de 450 euros. Pero la duda ya quedó en el público, ¿se utiliza a veces el bienestar emocional como una cortina de humo para ocultar que un proyecto está fallando?
La desconfianza por parte del público
Si el público empieza a desconfiar de cada comunicado y a pensar que es solo una estrategia de marketing, nos volveremos insensibles ante el sufrimiento real. No es lo mismo un comunicado escrito por una agencia de publicidad para justificar un bache profesional, que las crisis que hemos visto en la industria. El riesgo de dudar de todo es que terminaremos por no creer a personas que de verdad sufran, como Lewis Capaldi perdiendo la voz por sus tics en pleno concierto, Justin Bieber sufriendo una parálisis facial por un sistema inmune destruido por el estrés, o el alarmante momento en que Jennifer Lopez se quedó ciega en su camerino por trabajar tres meses sin parar.
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