«Después de Altamira, todo es decadencia», decía Picasso, apasionado confeso de lo primitivo y admirador de la inocencia artística de aquellos que se lanzaron a pintar fauna. Inocencia, alucinación o consciencia, se cuestiona ahora.

Y es que una investigación de la Universidad de Tel Aviv, publicada en The Journal of Archaeology, Consciousness and Culture, sugiere que la mayor y más temprana representación de creatividad humana fue fruto de un estado alterado de la conciencia de los artistas o, lo que es lo mismo, de trances alucinógenos.

Los científicos autores de la investigación, Yafit Kedar, Gil Kedar y Ran Barkai, sostienen que los hombres que pintaron las cavernas en el Paleolítico Superior lo hacían sumergidos en fantasía, y no por haberse drogado deliberadamente con alguna sustancia psicotrópica, sino por hacer uso del fuego.

El exceso de dopamina se asocia con experiencias cercanas a la muerte, que involucran a su vez, experiencias extracorpóreas tales como mudarse a otros mundos»

Yafit Kedar, Gil Kedar y Ran Barkai

El mismo fuego que utilizaban para ver lo que tenían delante, parece ser que les impedía ver las cosas tal como eran. Las antorchas con las que iluminaban los estrechos y ahogados pasillos de las cuevas, reducían el porcentaje de oxígeno del ambiente hasta un 11%, provocando hipoxia, y con ello, una perturbación sensitiva.

«La hipoxia afecta los tejidos nerviosos particularmente en la corteza frontal y el hemisferio derecho del cerebro, áreas que se cree, están relacionadas con la creatividad asociada con las emociones. La hipoxia causa cambios fisiológicos o de comportamiento, como somnolencia, euforia, errores de juicio y pérdida de la autocrítica» dicen en la investigación. Además, la deficiencia de oxígeno, pasa también por la liberación de dopamina en el cerebro, que produce alucinaciones y experiencias extracorporales como flotar, volar o sentirse en otros mundos.

Imágenes de archivo del Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira

Entrar en estas profundas y oscuras cuevas fue una elección consciente»

Yafit Kedar

En otros mundos ergo el inframundo o mundo superior. Porque el estudio recalca la idea de que los autores de las pinturas buscaban deliberadamente ese exceso de dopamina. Kedar, principal autor de la investigación, sostiene que las sociedades primitivas pudieron haber encontrado en esa sensación sobrenatural y consciente, su relación con el cosmos y el más allá: «Al interpretar el uso de cuevas profundas como la de Altamira, debemos considerar cómo esos primeros humanos pudieron haber concebido huecos subterráneos en el suelo o dentro de montañas como parte de su cosmología mundial. Para muchas cosmologías indígenas pasadas y presentes, el universo está dividido en tres niveles, que consisten en el inframundo, el mundo del ‘aquí y ahora’, y el de arriba o mundo superior» y añade, «no fue la decoración lo que hizo que las cuevas fueran significativas, sino todo lo contrario: la importancia de las cuevas elegidas, fue el motivo de su decoración».

La conocida como ‘capilla sixtina’ del arte rupestre, en Cantabria, ha sido objeto de esta investigación junto con otras cuevas como la de Rouffignac, en Francia. En todas ellas, se han realizado simulaciones virtuales que han detectado que, en algunos sectores de las cuevas, la densidad del oxígeno varía. Cuanto más corto y estrecho es el lugar, menos oxígenos hay en él.

En este sentido, y tomando la casualidad (o no) de que las mayores obras de arte rupestre se encuentran en los espacios más angostos de esas cuevas, los investigadores concluyen: «entrar en estas profundas y oscuras cuevas fue una elección consciente, motivada por la comprensión de la naturaleza transformadora de un espacio subterráneo sin oxígeno».