En Italia tuvieron que partir la película en dos y estrenarla con dos semanas de distancia la una de la otra. Ni los italianos – que le votaron durante 20 años – habrían podido aguantar las casi tres horas de Silvio (y los otros), la comedia sobre Silvio Berlusconi de Paolo Sorrentino, ganador del Oscar en 2014 con La gran belleza.

A Sorrentino le gusta retratar el lado desagradable, cómico y sórdido de los grandes líderes. Empezó en 2008 con El Divo, sobre Giulio Andreotti, el político más longevo de la política italiana, acusado de estrechas conexiones con la mafia.

Toni Servillo, el actor fetiche de Sorrentino, interpreta a Silvio Berlusconi. Genio del ladrillo, inventor de la “telebasura”, presidente bromista, amante de las chicas guapas, díscolo de las cumbres internacionales. Berlusconi fue el gobernador que dejó la octava economía mundial en la ruina e intervenida por la Troika a través del gobierno “técnico” de Mario Monti.

Un ex presidente condenado, expulsado del Parlamento y todavía enmarañado en un juicio por inducir a la prostitución

Es sorprendente que Sorrentino haya tardado casi 8 años desde la caída de Berlusconi para hacer esta película sobre una figura tan anómala en el panorama político europeo. Un ex presidente condenado, expulsado del Parlamento y todavía enmarañado en un juicio por inducir a la prostitución. Sorrentino cuenta el declive del último “emperador” de Italia a través de la miserable corte que le rodeó: personajes cuyo único objetivo era venerar al viejo líder para sacar provecho de su poder y su dinero.

Dos horas y media son apenas suficientes a Sorrentino para resumir tres años de la era Berlusconi, desde 2006 a 2009. El punto álgido de su trayectoria antes de la caída final. La película recoge el terremoto de los Abruzzos, su último gran momento de popularidad antes de acabar sepultado por las investigaciones judiciales sobre su vida sexual. Los encuentros con menores, el circo de modelos que vivían a sus anchas, las revelaciones de sus ex amantes, el divorcio de su mujer, la actriz de teatro Verónica Lario.

Sus encuentros con menores, las revelaciones de sus ex amantes, el divorcio de su mujer

Silvio y los otros es una película nostálgica. Es imposible entender bien por qué hoy la Liga y los 5 Estrellas gobiernan en Italia sin mirar al fracaso de casi 20 años de imperio berlusconiano. Forza Italia, el partido que el empresario fundó en 1993, ha obtenido apenas el 14% en las elecciones del pasado marzo de 2018.

Es imposible no reírse con amargas carcajadas durante toda la película, aunque Sorrentino peca de moralizante. Su crítica al berlusconismo es una recopilación de las críticas que la izquierda ha vertido durante 20 años y que nunca le han valido para ganar las elecciones en contra de Berlusconi. De hecho la película costó 20 millones de euros pero a dos meses del estreno doble en Italia, recaudó apenas 7 millones. Berlusconi ya es el pasado y los italianos no quieren volver a acordarse de él.