«Estar con él me brinda protección, ahora todos vienen a por mi». Esta es una de las primeras frases de Harley Quinn en su película como protagonista, poco después de romper la relación con Joker, su «peluchito». El maestro del mal tenía una novia a la que nadie podía tocar. Gozaba de una seguridad que muchos envidiaban, protección que se esfumó cuando el vínculo que les unía llegó a su fin.

En cuanto anuncia públicamente -quemando una industria de fuegos artificiales y lanzando al suelo su abalorio con la letra J como prueba del delito- que su relación con el Joker es historia, todos los enemigos que no podían atacarla van a por ella. De entre todos sus némesis, el peor es Máscara Negra, el álter ego de un magnate de Gotham que quiere tener en su poder a la ciudad y, en especial, un diamante que tiene encriptada la clave de la fortuna de una familia italiana.

Por su parte, Quinn solo quiere que no la maten. Su día a día se basa en la lucha por la vida y pasárselo bien sembrando el caos. No tarda en llamar la atención de la detective Renée Montoya, la primera mujer lesbiana de DC, que no duda en ir a por esta villana que vive al margen de la ley. Esa malvada psiquiatra que se bañó en ácido llamada Harley se enternece con la aparición de una adolescente cleptómana que roba por error el diamante que Máscara Negra tanto ansía.

Pese a que ahora necesita un nuevo protector, a Harley no parece irle demasiado mal, aunque necesita ayuda: una banda de chicas, unas compañeras de crimen. La unión hace la fuerza y, además de ella, hay otras mujeres emancipadas que tienen un objetivo que cumplir y para el que necesitan apoyo. Ese diamante encierra venganza más allá de poder. Es el legado de una familia masacrada a la que pertenece Huntress, una mujer ataviada con una ballesta.

En definitiva, esta es la historia de Harley, con sus fortalezas y debilidades. Margot Robbie es capaz de presentar los aspectos de este personaje y su directora deja que la voz en off guíe al espectador en una línea de tiempo llena de flasbacks y flas fowards. A la hora de contar la historia, muestra animación y gráficos en pantalla que exageran la trama.

El personaje de la protagonista es una persona en plena ruptura sentimental que puso su vida patas arriba tras bañarse en ácido y abrazar el caos. Sería interesante que se mostrara más esa decadencia, pues, aparentemente, Harley está en su salsa. Podrían haber profundizado más allá de la violencia. Por suerte, esta Harley no es como el sombrío objeto fetiche que se vio en su anterior aparición en la gran pantalla. La cámara no muestra de forma lasciva su cuerpo.