A Sol Salama (Madrid, 1986) la conocimos hace algo más de un año con La azotea, de Fernanda Trías. Ella era la mujer detrás de la edición, la distribución y la prensa de la novela. La que acababa de montar la editorial Tránsito con un firme propósito: «Publicar lo que pudiese defender con uñas y dientes». Trías funcionó incluso mejor de lo esperado y Salama cogió impulso.

Ahora, ya cuenta con seis títulos, con su email repleto de manuscritos, con autoras deseando que las publique. Porque Sol Salama tiene el claro convencimiento de que por ahora solo sacará libros firmados en femenino y lo hace «en un acto reivindicativo y político». Gracias a ella hemos leído a Caroline Larmarche, a Margarita García Robayo o a Katixa Agirre. Todas mujeres y todas con libros que entran dentro de lo que su editora denomina como «literatura descarnada».

En el mes de las autoras, en un octubre reivindicativo, hablamos con la mujer que les sirve de altavoz.

Pregunta. Con 31 años te atreves a montar una editorial, en un momento complejo para todos pero más aún para este sector. ¿Por qué? Y, lo más importante, ¿cómo?

Respuesta. No creo que haya una razón del todo lógica para los atrevimientos. Lo que sé es que si no hubiese creado Tránsito, me habría arrepentido mucho porque esto, ahora no tengo duda, es mi pasión. Me doy cuenta porque en el pasado hice muchas otras cosas antes de meterme en la edición y en ninguna me llegué a volcar. En cuanto al cómo, con una pequeña herencia porque mi padre acababa de morir y, en ese sentido, Tránsito ha sido un homenaje, porque él era mi vínculo más fuerte con la literatura. Además, con el consejo y apoyo de personas queridas del ámbito, con cursos y más cursos, y luego, simplemente, diciéndome ya está, no lo pienses más, hazlo ahora o nunca. 

P. ¿Es Tránsito un lugar de paso? ¿De dónde y a dónde nos lleva?

R. Quiero que Tránsito sea como una casa grande que siempre se pueda visitar. No estoy haciendo nada más aparte de esto, así que no pretendo que dure poco. Me gustaría que los libros que publico lleven a algún lugar en el que no estuviésemos antes, que no dejen igual, que hagan pensar, que revuelvan las emociones, que nos lleven más adentro de nosotros. Que azoten, que crispen, que revuelvan, que den ganas. Cada vez me parece más complejo y cruel el mundo, y creo que la literatura, como la fotografía, la música…, es un arma muy poderosa para ayudarnos a estar en él.

P. Tanto las portadas como el nombre de la editorial, incluso los títulos de los libros tienen un toque onírico, nebuloso…

R. El nombre de la editorial tiene mucho que ver con el momento en el que yo estaba cuando me embarqué en el proyecto, de cambio vital y catarsis. Aunque también está el concepto del que hablaba antes de que la buena literatura siempre produce un cambio, siempre mueve por dentro, transforma.

La buena literatura siempre produce un cambio, siempre mueve por dentro, transforma»

En cuanto al diseño, nos esforzamos en crear una marca reconocible. La diseñadora, Donna Salama, es además fotógrafa, y yo, por otro lado, me dediqué mucho a la fotografía en el pasado y lo hago en la intimidad todavía, así que nos costó renunciar a esta técnica en portada. Elegimos el collage precisamente por la diversidad que ofrece: permite crear imágenes que no se ajustan a la realidad, que se sitúan en un limbo entre lo cotidiano y lo delirante. Imágenes que, como los libros que publicamos, apelan brutalmente a lo emocional. Nos interesa mucho sugerir, no mostrar.

P. Todas tus autoras son mujeres, está claro que esta línea ya es un símbolo de Tránsito. ¿Publicas lo que echabas de menos leer?

R. Publico lo que me entusiasma, lo que me fascina, lo que quiero que no se quede sin leer, lo que puedo defender con uñas y dientes. Ahora que tengo mi proyecto propio, estoy publicando por ahora sólo a autoras como un gesto casi hacia mí misma, personal, que se convierte, claro, en un acto reivindicativo y político. Soy consciente de que Tránsito nace en un momento de auge de literatura feminista, y habrá entonces quien me tilde de oportunista. Las editoriales y la industria están más atentas a las escritoras, a la paridad en los catálogos, pero ¿desde qué lugar? El #MeToo no ha arrasado con el patriarcado, lo sabemos bien; y en el mundo literario, como en los demás, sí, hay desigualdad hoy en día. Pero ahora somos más conscientes, tenemos más voz y somos muchas mujeres combatiéndola. El boom del feminismo en la literatura sólo será tal cuando en los catálogos estén mujeres indígenas, trans, lesbianas. Y si no, no será.

P. ¿Cuántos manuscritos te pueden llegar en un mes y sobre qué temas?

Tengo una editorial, y una editorial es un negocio. No me apetece arruinarme»

R. Mucho sobre la vida íntima, enfermedades, la familia. Y también mucha distopía. Me llegan una media de dos manuscritos al día. Si no me los envían directamente por correo, me los presentan por Twitter o Instagram. Tengo claro que me tengo que enamorar del libro, que tiene que ser un flechazo a primera vista, y también que tengo que vender libros, así que trato de separarme de la Sol lectora y de acercarme al texto como la Sol editora que ahora soy. Me cuesta, claro. Me estoy «formando» como empresaria cada día. Soy una chica de letras y tengo una editorial, y una editorial es un negocio. No puedo perder de vista eso por un segundo. No me apetece arruinarme.  

P. Estás tú sola llevando la editorial. Donde otros tienen gente para todo, para redes, lectores, diseñadores, prensa… Tú solo te tienes a ti. ¿Cómo ha sido a nivel personal?

R. Hace muy poco me preguntó mi hermana : «¿Tú te acuerdas de cómo era nuestra vida antes de Tránsito»? No contesté nada. Nos morimos de risa ese día. Haber levantado Tránsito yo sola es una locura, preciosa, pero una locura. No puedo mentir. Ahora me acuerdo mucho de mi estancia en en PRH y de toda la gente que conocí allí; fue algo precioso para mí y ahora pienso: claro, esto lo llevaba tal persona. Supongo que cuando empecé no sabía del todo la magnitud de lo que tenía entre manos. Lo he ido descubriendo después. La parte de la distribución, por ejemplo, o la prensa.

P. ¿Merece la pena?

R. Ha sido y está siendo un trabajo muy arduo, de muchísimas horas todos los días de la semana. Pero sí, tajantemente digo sí, merece la pena. No me bajaría del carro porque me apasiona; ya aprenderé a lidiar mejor con el estrés. La Sol de antes de Tránsito es la Sol de cuando mi padre estaba vivo. Soy esa y no lo soy. Estoy convirtiéndome en otra cosa; para mí el mundo ahora es distinto.

P. ¿Cómo sobrevive una editorial nueva y pequeñita ante los transatlánticos editoriales? 

Para mí, todos y cada uno de los libros que publico son un hito laboral y personal

R. Ya lo veré. Pero pienso que no somos competencia. Yo no tengo la estructura ni la capacidad que tienen los grandes grupos editoriales, así que no puedo invertir en promoción como lo hacen ellos ni ofrecer los mismos anticipos ahora mismo. Las editoriales pequeñas (y digo pequeñas en vez de independientes porque la aplicación de esta última palabra se nos ha ido de las manos, creo) tenemos otro sistema: mucho trato directo con pequeñas librerías, gran presencia en redes sociales (porque es allí donde nos damos a conocer y donde mejor anunciamos nuestras novedades). Yo he publicado cinco libros el primer año de Tránsito. Subiré, pero no tanto. Eso quiere decir que en cada libro me vuelco por completo. Eso también nos diferencia. Para mí, todos y cada uno de los libros que publico son un hito laboral y personal, un acontecimiento; me dejo la piel en el proceso, en el trato con la autora y en la promoción. No me vuelco más con un libro que con otro.

P. He leído que tenías a una autora y se fue a otra editorial porque le ofrecían un adelanto mayor. ¿Te ha pasado esto más de una vez? 

R. No fue así del todo. Una agencia literaria me ofreció un libro, yo me enamoré de él, hice una oferta, a la agente le pareció perfecta y, cuando ya casi íbamos a firmar, otro editor «independiente» ofreció un adelanto mucho más alto. Es lo primero que me dolió mucho desde que empecé esta aventura. Estoy intentando prepararme, porque sé que me va a pasar de todo…

P. En el mes de las autoras, ¿quién te falta con ansia en tu catálogo? ¿Por qué escritoras ‘pelearías’?

R. Uf, demasiadas. Annie Ernaux o Unica Zürn, por decir dos. ¡Pero yo no voy a pelearme con nadie! Me fascina que convivamos tantas editoriales, que nos nutramos, que nos enriquezcamos. Malas Tierras, Altamarea, Dos Bigotes y muchas más están haciendo un trabajo excelente. Ojalá tuviera tiempo para leer. Bueno, la verdad es que siempre le tiraré los trastos a Aixa de la Cruz para que me haga una autoficción. Y también, esta semana escuché a Delphine de Vigan en el Instituto Francés y me fui pensando cómo sería raptarla.