Todos recordamos aquel vídeo de la ceja. Cantantes, escritores, actores… los artistas españoles levantaban el brazo y arqueaban el dedo en favor de José Luis Rodríguez Zapatero. Aquella promoción llenó al PSOE de adeptos, los intelectuales se posicionaban a favor no solo de la izquierda de manera general, sino de un candidato en concreto.

Entre ellos, en aquel 2008, un ya conocidísimo Miguel Bosé salía en primer plano para que las urnas se llenasen de votos con el símbolo del Partido Socialista. También formó parte, junto a artistas como Boris Izaguirre, Jesús Vázquez, Joaquín Sabina, Ana Belén, Victor Manuel y Pedro Almodóvar, entre otros, de la Plataforma Apoyo a Zapatero (PAZ). Mucho ha cambiado el panorama desde entonces. Tanto, que el cantante de Bandido ha dejado de apoyar al PSOE para arremeter contra él con fuerza.

Ayer fue su último ataque. Llamó a Sánchez, Pedro Sánchez «El Salvador» y «supremacista». Confesó en un hilo de Twitter su absoluta disconformidad con el presidente del Gobierno, con el partido que representa y que antes tan fervientemente apoyó, Y también con las medidas que está tomando contra el coronavirus; una pandemia que, según aseguró hace unos días el propio cantante, es «la gran mentira de los gobiernos».

El artista siempre ha dejado claras sus opiniones políticas. Sus padres, que eran torero y actriz, compartían los ratos libres entre cacerías con el Caudillo y charlas con Pablo Picasso. En un ambiente tan amplio, el joven Miguel Bosé tiro por la música y por la corriente de izquierdas que se generó tranquila y fuerte durante la Transición, pero no sería hasta la llegada de Zapatero cuando mostró claramente cuál era el partido al que apoyaba.

Además de ser uno de los promotores de la Plataforma Apoyo a Zapatero, interpretó junto a Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat la canción Defender la alegría en honor al presidente del Gobierno, en el marco de la celebración de un acto electoral que tuvo lugar un mes antes de los comicios. Durante la actuación, los asistentes vieron un vídeo en el que aparecían los tres artistas formando una V invertida con sus dedos sobre una ceja, que en lengua de signos quiere decir zapatero.

Zapatero quiso mostrar su gratitud a Miguel Bosé, y pensó en nombrar al cantante como sucesor de César Antonio Molina en el Ministerio de Cultura, oferta que fue rechazada de inmediato. Finalmente, el relevo lo tomaría Ángeles González-Sinde.

Lo que ninguno de los candidatos sabía, es que se barajó la posible desaparición del Ministerio, fruto de los recortes derivados la crisis económica. Sin embargo, el presidente del Gobierno prefirió conservar el ministerio, y colocar al frente a una persona mediática de tintes progresistas, y por ello el nombre de Miguel Bosé fue uno de los primeros en surgir.

Finalmente, fuentes cercanas al cantante informaron que Bosé se hallaba en La Habana, en un concierto por la paz fomentado por el cantante colombiano Juanes. Sus representantes señalaron simplemente que él «no quiere hablar de ese asunto». Además, ni confirmaron ni desmintieron que el presidente del Gobierno hubiera planteado la posibilidad a Miguel Bosé de que fuera a convertirse en ministro de Cultura.

Pese al apoyo que brindaba Miguel Bosé al presidente socialista, en una entrevista que concedió el artista a La Vanguardia en 2016, mostró ya su descontento en unas declaraciones en las que hacía referencia a la campaña que protagonizó a favor de Zapatero en las elecciones nacionales y regionales, y confesó que había votado al PSOE. Sin embargo, en ese momento reconoció que le costaba distinguir al PP y al PSOE, y que los consideraba una especie de corporación.

También contó en esa conversación que añoraba los tiempos en que las siglas eran sinónimo de una ideología, e indicó que descargaba su furia exclusivamente en la clase política, aunque también dijo sentirse decepcionado por haber confiado en el partido de izquierdas. Se culpaba a sí mismo y al resto de los votantes de que hubieran permitido la situación en la que estaba España.

Ahora, Miguel Bosé radicaliza sus criticas al partido que gobierna y, concretamente, a su presidente, con unos mensajes a través de redes sociales, en los que emplea unos términos que se asemejan más a los que lanzan los partidos de la oposición, que a cualquier ciudadano que se considere de ideología progresista, como es su caso.

«La gran mentira» de la pandemia

La semana pasada, el artista ya levantó una enorme polémica en las redes sociales al afirmar que la pandemia del coronavirus es «la gran mentira de los gobiernos, el de España incluido». El comentario fue colgado en su perfil de Twitter e iba acompañado de un vídeo grabado, probablemente, el 1 de junio en Ginebra, donde se encuentra la sede de la Organización Mundial de la Salud (OMS)

Las imágenes muestran un ambiente de tranquilidad y normalidad en la ciudad suiza. Además, las personas que aparecen en el vídeo no llevan mascarilla ni guardan la distancia de seguridad.