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Cultura

García-Alix, a la 'caza' de lo que esconden los cuadros del Museo del Prado

El legendario fotógrafo leonés recrea con su cámara algunas de las obras maestras de la pinacoteca madrileña

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Como en un mundo onírico y fantasmagórico donde la Gioconda renace bajo «una mancha terrorista de pintura blanca», y el frenesí de Rubens en un collage que revela «lo que él no se atrevió a pintar». Aunque da igual si son sus cuadros, los de Velázquez o el aguafuerte de Goya si cuelgan del Museo del Prado, porque con todos, el retratista español, Alberto García-Alix (León, 1956), mezcla la poesía de la pintura con la fotografía en Fantasías en el Prado, la exposición encargada de abrir las puertas del Pabellón Villanueva e inaugurar la XXV edición de PhotoEspaña, el festival de la imagen que celebra sus 25 años.

«Las fotografías de García-Alix hacen que al entrar en el Prado veamos con sus ojos unos cuadros o esculturas que llevan a veces más de cuatrocientos años entre nosotros, que fueron creadas en un pasado muy distinto del tiempo actual y que, sin embargo, sus imágenes nos resultan cercanas, como de nuestros días, como si el tiempo no hubiera pasado», resume la historiadora de arte Manuela Mena, ex subdirectora de Conservación e Investigación del Museo del Prado, sobre la serie fotográfica.

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Y es que resultado de cuatro años de trabajo, el legendario fotógrafo leonés ha conseguido crear su propio imaginario de las obras que alberga la pinacoteca, utilizando la técnica de la múltiple exposición sobre película analógica. «Es como un gran metaverso de la fotografía y del Prado donde otorgar misterio, tensión y movimiento a la pintura, y dotar de carne y respiración a las esculturas». Así, entre los trampantojos analógicos y anacrónicos, la superposición de imágenes, el enfoque y desenfoque, y una pequeña linterna de movimiento vibratorio, están las obras de Goya para repintar su perro semienterrado, las de Velázquez para rehacer Las Meninas, la Gioconda o un autorretrato con máscara de fiera «con ayuda» de Rosa Bonheur. «Nada es valorable, ni comparable con la emoción que he sentido trabajando con los cuadros. Cada cuadro es un mundo y, como tal, lo he tomado para inventar y construir uno nuevo. El Prado es una gran escuela de retratos», ha admitido el fotógrafo, Premio Nacional de Fotografía.

«Para crear la serie de fotografías he estado en comunicación con la historia, la política y el arte. Me he apropiado de tiempo, luz y pinceladas. He tomado las de sus autores. Ha habido mucha prueba y error y había días en los que era descorazonador porque no salía nada. Pero quien la sigue la consigue».

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La muestra reúne un total de 35 fotografías reveladas en papel de gelatinobromuro de plata, y podrá visitarse hasta el próximo 28 de agosto en el Real Jardín Botánico. Sin embargo, la idea empezó a gestarse en 2017 con el encargo de dos fotografías por parte de la Fundación de Amigos del Museo del Prado para conmemorar el Bicentenario del museo. «Nos encomendaron a doce fotógrafos nuestra propia interpretación, una mirada en íntima comunicación visual con el Prado, y una vez finalizado el trabajo, seguía fascinado por el diálogo fotográfico que podía encontrar en muchas de las obras. Decidí continuar, a título personal y con permiso del museo, mi caza fotográfica por el Prado».

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El Pabellón Villanueva también será el escenario en el que se expondrán las obras agasajadas con los Premios de Fotografía de la Fundación Enaire: Sin título. La tierra inculta, de Miguel Ángel Tornero; BRG-019. Serie BRG, de José Guerrero; Rito XIX, de Soledad Córdoba; Muséum 01. Serie Muséum, de Mendía Echeverría; Villaggio ENI/Serie A/Nº 3, de Begoña Zubero Apodaca o Memoria de un espacio. La Pagoda de Fisac, de Amaya Hernández, entre otras. La Fundación ha reconocido el trabajo de Miguel Ángel Tornero, por su obra Sin título. La Tierra inculta (2019), con el primer premio.

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