¿En qué momento los grandes creadores de historias que interpretan actores, como lo fueron Quevedo o Lope de Vega, pasaron a llamarse “guionistas”? ¿En qué momento pasó a ser una profesión sacrificada? ¿Por qué nos cuesta imaginar que Boris Izaguirre, por ejemplo, salió de las redacciones? ¿Por qué no recordamos que Ben Affleck y Matt Damon se llevaron un Oscar como guionistas? Porque estamos embelesados, deslumbrados por las estrellas que hablan por ellos.

Esos “Cyranos” que hacen triunfar a las caras que conocemos, en ocasiones pueden brillar con luz propia y hacer que los focos cambien de dirección. Sylvester Stallone asegura que escribió el guión de Rocky en 20 horas (nadie del oficio se lo cree), y recorrió Hollywood ofreciéndolo hasta encontrar la compañía que, además, le puso como protagonista. Marta González de Vega, poco después de cumplir 25 años, ya era coordinadora de guión en el club de la comedia, y antes de los 30, creadora de una serie, en la que además de actriz, era coordinadora de guión, y coproductora ejecutiva. Y eso que llegó a Madrid persiguiendo el sueño de ser actriz en la brillante Gran Vía “broadwayana” que tenía fotografiada en su habitación. Pues consiguió incluso pasearse en Unicornio fake por ella. Un sueño cumplido.

Para seguir los pasos de su destino, y una vez hubo cumplido la promesa familiar de terminar la carrera de Derecho, abandonó los escenarios de Tenerife en los que heredó el amor al teatro de su padre dramaturgo. De pronto se ve haciendo guiones para “El Club de la Comedia” durante seis años, los últimos como coordinadora de guión. Pero ella vino para actuar, cantar (no lo hace nada mal) y dar lo que lleva dentro. Tras muchos vaivenes, siete libros, un montón de películas, escribir una serie que fue nominada a mejor serie de comedia internacional en el Festival de la televisión de Montecarlo de 2006, y varias apariciones en programas, series, películas y escenarios, llegó su momento por fin. Escribe “De Caperucita a loba en solo seis tíos” y se acaba convirtiendo en libro (HarperCollins, 2021) Mañana vuelve la obra al Teatro Fígaro de Madrid.

Pregunta.- Sé que practicas el budismo, como Tina Turner, y eso seguro que te da paz mental. Pero, dime la verdad… ¿estás nerviosa?

Respuesta.- Si cuando terminas un guión compartiendo lo que llevas dentro lo sientes como un parto, cuando es tu propia obra ya ni te cuento. Y si actúas… bueno, para mí actuar es como hacer el amor.

P.- ¿Eso convierte en prescindibles a los hombres?

R.- Qué va. ¿De dónde iba yo a sacar las experiencias que me han servido para poder recrear las situaciones en las que todos nos vemos reflejados? No propongo a las mujeres convertirse en lobas porque prescindan de los hombres, sino porque aprendamos todos a reírnos de un hecho fundamental: somos patéticos en el amor. Nosotras y ellos. Es una obra “para todos los sexos”.

P.- Hay pocas cosas tan sanas como reírse de uno mismo. Crear e interpretar esta obra ¿ha sido terapéutico para ti?

R.- Ya no solamente para mí, sino para todo aquel que se vea reflejado, que somos todos. El humor es el mayor superpoder que existe.

P.- Entonces ¿recomiendas ir a ver la obra con el o la cónyuge?

R.- Me he encontrado con bastantes parejas que han ido a ver la obra “por prescripción facultativa” del terapeuta. También es muy bueno llevar a una primera cita. La conversación que surge seguro después, clarifica mucho.

P.- ¿Es una obra autobiográfica?

R.- Es una visión en la que cabemos todos, yo tampoco me libro. Y hablando de libro, recomiendo tenerlo a mano para llevar bien nuestros propios errores. Tiene un punto de conversación de amiga que da consejos, que es como empezó todo. Por lo visto se me daba bien.

P.- Tiene título de manual de cómo conseguir algo mediante un método.

R.- Sí, el famoso método «prueba – hostión» que todos hemos sufrido. Y mejor vamos a reírnos. Quién ríe el último, pues tiempo que ha perdido. Convertirse en loba siguiendo este método de convierte en una mujer de la que nadie se ríe más fuerte que ella misma.