Cultura

Tutankamón da la cara: la primera reconstrucción facial del faraón

Proceso de reconstrucción del rostro de Tutankamón. Christian Corbet

Ponerle rostro por fin al faraón que, tres milenios después de su muerte, sigue suscitando un furor sin parangón en la Egiptología y su legión de seguidores. Un equipo de científicos canadienses y egipcios ha logrado la primera reconstrucción facial de Tutankamón, el monarca cuya tumba intacta le catapultó al estrellato.

“Lo que me sorprendió del resultado final fue una agradable y para mí innegable sorpresa sobre lo parecidos que son los rasgos de Tutankamón a los de Nefertiti, su madrastra”, reconoce a El Independiente Christian Corbet, escultor de la Royal Canadian Navy y la University of Western Ontario y responsable forense en el proceso de dotar de cara al monarca, a partir de sus restos óseos. “Su semblante es regio y proporciona una sensación de serena calma que no fue intencionada en la escultura de la obra de arte”, advierte quien asegura que no hubo, en ninguna fase, ninguna licencia creativa.

Corbet ha trabajado en las últimas semanas en la misión de presentar en sociedad a Tutankamón, más allá de la ensoñación de la máscara dorada hallada hace un siglo por Howard Carter en su enterramiento en el Valle de los Reyes, en la ciudad sureña egipcia de Luxor. El investigador ha empleado un modelo en 3D diseñado a partir de los escaneados por tomografía computarizada a los que fue sometido el esqueleto del monarca por el equipo que lidera el mediático Zahi Hawass, que ayudaron a esclarecer las dolencias que causaron su óbito a la edad de 20 años.

En tiempo récord

El fruto de ese trabajo -realizado para el documental “Tutankamón, aliados y enemigos” firmado por Hossam Aboul-Magd- es la reconstrucción más realista lograda hasta la fecha del monarca. “El principal reto al me enfrenté fue el plazo excepcionalmente corto con el que conté para completar mi parte del proyecto. Normalmente dispongo de varios meses para hacer una reconstrucción como ésta, pero en este caso tuve unas tres semanas”, señala Corbet. También firman la iniciativa Andrew Nelson, profesor de Bioarqueología de la Western University de Canadá y la egipcia Sahar Saleem, profesora de Radiología de la Universidad de El Cairo y especialista en Paleoradiología.

“En ese tiempo tuve que esculpir tres obras: la versión forense; la versión creativa; y la corona o khapresh, algo que nunca se había hecho en una reconstrucción”, detalla Corbet. Uno de los desafíos fue enseñar al software empleado en el proceso a hacer la distinción entre el cráneo y el lino empapado en resina que habían utilizado los antiguos egipcios para conservar la forma del rostro del faraón tras la momificación. Una operación, la de retirar digitalmente todos los elementos empleados en la momificación, que efectuó Nelson.

A partir de un modelo en 3D

Al modelo en 3D resultante se le fueron añadiendo capas de músculo hasta que el rostro apareció definitivamente. «La anatomía de su cráneo guió la reconstrucción facial. Es una apariencia mucho más realista que cualquiera de las que hemos visto en el pasado», se jacta Nelson. “Se basó en la ciencia del cráneo y los marcadores de tejido y las medidas de cada uno se basaron en el sujeto egipcio masculino medio”, agrega. Anteriormente se había optado por representar a Tutankamón con rasgos caucásicos.

El busto forense, reconocen sus artífices, tenía los ojos cerrados y carecía de orejas y expresión. La reconstrucción final, sin embargo, le presenta con los ojos abiertos. “Quizá añadí un poco de relleno en los labios, pero, una vez más, los rasgos no se fabricaron: incluso las orejas fueron cuidadosamente pensadas por todos nosotros”, desliza el escultor, que junto a sus dos colegas suma un nuevo capítulo a la pasión desbocada por Tutankamón, cuyo reinado resultó fugaz e intrascendente porque subió al trono a los 12 años y murió cuando rondaba los 20. Todo sea en honor del “faraón niño”.

Uno de los guardianes de la tumba de Tutankamón observa la cámara funeraria. FRANCISCO CARRIÓN

BOB BRIER, EGIPTÓLOGO

“La economía de los museos cambió para siempre gracias a Tutankamón”

Bob Brier (1943) es uno de los egiptólogos más reputados del mundo. Una institución que acaba de publicar “Tutankamón y la tumba que cambió el mundo”, en plenos fastos por el centenario del hallazgo de su sepultura. “Hay varias razones por las que Tutankamón sigue fascinando”, señala el arqueólogo en conversación con El Independiente.

“La primera es la historia hecha para el cine del arqueólogo empobrecido y el señor adinerado que se asocian para buscar a un faraón desaparecido en el Valle de los Reyes. ¡Y lo encuentran! Como los niños con un cuento para dormir, el público no se cansa de oírlo”, arguye. “Luego está la tristeza de la muerte de Tutankamón siendo aún un adolescente, que se combina con la historia de amor de Tutankamón y su novia adolescente, Ankhesenamun. Siempre se muestran conmovedores. Y por si fuera poco, tenemos todo ese oro, los tesoros de un rey”, añade.

Una de las aportaciones de Tutankamón es la invención de la gran exposición museística

“La cuidadosa excavación de la tumba por parte de Carter marcó pautas que los arqueólogos siguen respetando hoy en día”, advierte Brier. “Fotografió todos los objetos antes de sacarlos de la tumba para que quedara un registro completo de la tumba tal y como fue descubierta. Además, reunió a un equipo de conservadores, traductores e ingenieros para que todos los aspectos de la excavación fueran de primera categoría. El propio Carter era un artista y registró con gran detalle y estilo artístico los motivos de las cuentas de los collares, los ataúdes anidados que contenían la momia, los lustres que encerraban los féretros”.

Con el descubrimiento del monarca también se abrió la veda de las grandes exhibiciones que desde entonces han recorrido el planeta. “Una de las aportaciones es la invención de la gran exposición museística. Tutankamón fue el primero en demostrar a los museos, en la década de 1970, que una exposición fabulosa podía atraer a la gente a los museos en grandes números y las tiendas de regalos podían vender suficientes souvenirs como para obtener grandes beneficios”, narra Brier. “Hoy damos todo esto por sentado, pero empezó con el Rey Tut. La economía de los museos cambió para siempre gracias al faraón niño”. Un ejercicio que no se ha detenido aún. “Las constantes exposiciones de Tutankamón le mantienen en el candelero y lo presentan a nuevas generaciones de visitantes. El espectáculo sigue rodando”.

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