Historia

El pecio del San José, el “Santo Grial de los naufragios” que Colombia disputa a España

El buque español, hundido a cañonazos por navíos ingleses en 1708, se llevó consigo un tesoro de entre 5.000 y 10.000 millones de dólares actuales

logo
El pecio del San José, el “Santo Grial de los naufragios” que Colombia disputa a España
Recreación del ataque inglés sobre el San José

Recreación del ataque inglés sobre el San José

Resumen:

El estruendo de los 64 cañones de bronce del San José cesaron para siempre el 8 de junio de 1708 en la Batalla de Barú, enmarcada en plena Guerra de Sucesión. El buque insignia de la Armada española en el siglo XVIII fue abatido a cañonazos por los ingleses cerca de la costa de Cartagena de Indias en 1708.

Junto a los cuerpos de 600 tripulantes españoles, desapareció también el tesoro que cargaba el San José. Impuestos recaudados en tierras extranjeras para Felipe V, primer Borbón que gobernó España: cerca de 11.000 millones de monedas de oro y plata, además de lingotes, joyas y ejemplos de arte de la época cuya cantidad asciende a 200 toneladas, el equivalente a entre 5.000 y 10.000 millones de dólares actuales. Pero la Barú no fue la última batalla del San José. Hoy su cargamento es motivo de disputa entre el Colombia y España.

Durante siglos desaparecido, objeto de cazatesoros y empresas privadas alrededor del mundo y tumba de centenares de marinos españoles. El codiciado galeón español San José fue encontrado el 27 de noviembre de 2015 en costas cercanas a Cartagena de Indias gracias al uso de la más avanzada tecnología y a la presencia de expertos llegados de todos los rincones del mundo, incluido el equipo responsable del descubrimiento de los restos del Titanic.

Todos los medios eran pocos para hallar el tesoro submarino español, no solo para terminar de comprender -y salvaguardar- su valor histórico, sino para recuperar un botín valorado en unos 10.000 millones de dólares actuales que terminaron, junto a él, en el fondo del mar. Esta suma tan singular le ha granjeado un merecido apodo no menos llamativo: “el Santo Grial de los naufragios”.

El imponente navío español partió de Cádiz exactamente el 10 de marzo de 1706, cuyo destino era el mar Caribe. Pero no lo hizo solo. La nave partió acompañada de la Flota de Tierra Firme compuesto por otros 11 buques, entre los que destacaba el San Joaquín.

Juntos llegarían a Cartagena de Indias, desde donde el capitán Fernández comandaría una partida de dos años hacia Portobelo (Panamá) cargados de un jugoso botín obtenido en el Virreinato de Perú. Conocían el riesgo, y, aún así, los españoles subestimaron el poderío de los navíos ingleses.

La flota española se blindó ante la expedición que tenían por delante, una protección nada despreciable compuesta por 26 navíos, ofrecida, en parte, por el general francés Abraham Duquesne, entre los que destacaban el anteriormente mencionado San Joaquín (64 cañones); y el Santa Cruz (con 44).

Charles Wager fracasó en uno de sus objetivos: junto a los cuerpos de 600 marinos desapareció, también en el mar, el tesoro que codiciaba

Pero no fue suficiente. La estela de la expedición española la siguió el capitán inglés Charles Wager por la información obtenida de espías clandestinos que se colaban en las colonias españolas y, con el Expedition en primera línea, derrotó a cañonazos a la flota española durante el combate naval.

Pero el almirante británico fracasó en uno de los objetivos finales del ataque: junto a los cuerpos sin vida de 600 marinos españoles desapareció, también en el mar, el tesoro que cargaba el San José, que alojaba en sus bodegas la gran mayoría de los impuestos recaudados: un montante de cerca de 11.000 millones de monedas de oro y plata, y de lingotes, joyas y ejemplos de arte de la época de 200 toneladas en total, el equivalente a entre 5.000 y 10.000 millones de dólares actuales.

¿Quién ostenta el galeón San José?

El hallazgo ha traído consigo un enfrentamiento diplomático para ostentar la titularidad del navío entre España y Colombia, aún en ciernes. El martes, el Gobierno español, en palabras de Josep Borrell, defendió que es mejor llegar a “un buen acuerdo” antes que “a un mal pleito” con Colombia, por lo que aboga por acometer una acción conjunta con el país para “asumir de manera equitativa los costes de la operación y los beneficios económicos” de la sustracción.

La respuesta de Bogotá no fue, en un primer momento, del agrado del Ministerio de Exteriores, puesto que la intención inicial pasó por adjudicar el hallazgo a una empresa privada que “quería el vil metal, sacarlo y venderlo al mercado sin respetar el valor histórico” del pecio.

Poco después de que el presidente Iván Duque asumiese el cargo, el único acuerdo al que llegaron ambos países y que aún se conserva fue, precisamente, el aprovechamiento del descubrimiento como “bien cultural de la humanidad” y “salir de la conversación del dinero”.

A España le amparan las normas de la Unesco, por las que ningún país puede tomar parte del navío sin la conformidad del “Estado de bandera”

El Gobierno español aduce que, por tratarse de “un barco de Estado”, con su bandera, le amparan las normas de la Unesco sobre el principio de inmunidad soberana, esto es, que ningún Estado puede tomar parte sobre lo que afecte al navío sin la conformidad del “Estado de bandera”, especialmente si han sido hundidos en combate. Además, apela al significado moral que supone para el país un descubrimiento en el que murieron cientos de marinos de nacionalidad española.

Por tanto, a nuestro país le ampara en su objetivo la Ley de Patrimonio Histórico y la Convención de la Unesco sobre Patrimonio Subacuático. El conflicto viene porque Colombia no es parte de esa convención y, por tanto, no está obligada a respetar la soberanía española, entendiendo el barco como suyo por encontrarse en su territorio.

Ahora, la pelota se encuentra sobre tejado colombiano. Según anunció la vicepresidenta del país, Marta Lucía Ramírez, darán una respuesta el próximo 10 de febrero sobre la “suerte del proceso de extracción”, aunque reiteró nuevamente que el navío no saldrá de su nación, para lo que usará “todos los recursos técnicos, jurídicos y humanos”.