Historia

Los Borbones que abandonaron España antes que Juan Carlos I

Creative Commons

La decisión de Juan Carlos I de trasladar su residencia al extranjero confirma un patrón que llevan siguiendo los Borbones que han reinado en España desde que la dinastía se estableciese en nuestro país con Felipe V a principios del siglo XVIII. La gran diferencia del rey emérito con sus predecesores es que esta decisión no conlleva un exilio definitivo, ya que se ha anunciado por parte de la Casa Real, que Don Juan Carlos está dispuesto a volver para colaborar con las instancias judiciales, si ello fuera necesario.

Con motivo del anuncio hecho este lunes, desde El Independiente se quiere hacer un repaso de quiénes fueron los monarcas que abandonaron España antes que el padre de Felipe VI.

Carlos IV

Carlos IV de España (Nápoles 1748- Roma 1819) reinó desde el 14 de diciembre de 1788 hasta el 19 de marzo de 1808, y era hijo y sucesor de Carlos III y de María Amalia de Sajonia. Su reinado estuvo marcado por los acontecimientos revolucionarios en Francia, al comienzo del mismo, y por la dependencia del rey de su ambicioso favorito, Manuel Godoy. El ascenso al poder de Napoleón Bonaparte en 1799, complicó más la situación, ya que España pasó a ser aliada de Francia y enemiga de Inglaterra, lo que tendría consecuencias desastrosas para la nación.

En 1807, se firma el Tratado de Fontainebleau en el que España dejó vía libre a Francia para invadir Portugal y repartirse el país, aunque los españoles consideraron este acto como una ocupación del mismo. A ello hay que sumar la ambición del hijo de Carlos IV, Fernando VII, quien, en un levantamiento conocido como el Motín de Aranjuez, preparado por él mismo y los nobles opuestos a Godoy, provocara que, en marzo de 1808, el protegido de Carlos IV acabara preso y que el monarca abdicara en favor de su hijo Fernando.

Abdicaciones de Bayona (1808)

A Napoleón no le gustó este cambio de monarca, y convocó a la familia real española a un encuentro en la localidad francesa de Bayona. Carlos IV y María Luisa partieron hacia Francia, precedidos por Godoy, que ya había sido liberado por los franceses. Una vez reunidos padre e hijo en Bayona, Napoleón animó a Carlos a que exigiese a Fernando la devolución de la corona, lo que hizo bajo la presión del emperador y de sus padres, el 6 de mayo, sin saber que el día antes Carlos IV había pactado la cesión de sus derechos a la corona en favor de Bonaparte, quien finalmente designó como nuevo rey de España a su hermano José. Esta sucesión de traspasos de la corona española se conoce como las «abdicaciones de Bayona».

Con el levantamiento del pueblo de Madrid el 2 de mayo de 1808, dio comienzo la Guerra de Independencia, que duraría hasta 1814. Mientras Fernando VII pasó cómodamente sus seis años de exilio en el castillo de Valençay, Napoleón dispuso el traslado de Carlos IV al palacio de Compiègne, a 80 km al norte de París. Al poco tiempo, el rey solicitó establecerse en Niza, pero, agobiados por las deudas, él y María Luisa se dirigieron a Marsella. Finalmente, en el verano de 1812 marcharon a Italia, donde se instalaron en el Palacio Borghese de Roma.

Tras la caída de Napoleón en 1814, Carlos y María Luisa se fueron al palacio Barberini, donde permanecieron casi cuatro años viviendo de la pensión que les enviaba su hijo Fernando, quien ya repuesto en el trono de España, negó a sus padres el retorno. En el mes de enero de 1819, murieron los dos progenitores en Roma, en un lapso de tiempo de varios días, primero María Luisa de Parma, y posteriomente Carlos IV.

Su hijo Fernando VII recuperó el trono de España en 1814, momento en que inició un tormentoso reinado que acabó con su muerte en Madrid en 1833.

Isabel II

Hija primogénita del último matrimonio del rey Fernando VII con María Cristina de Borbón, su nacimiento supuso un problema sucesorio por el hecho de ser mujer. El heredero natural al trono era su tío, Carlos María Isidro pero, en marzo de 1830, unos meses antes del nacimiento de Isabel, el rey Fernando publicó en la Gazeta de Madrid la Pragmática Sanción de Carlos IV aprobada por las Cortes de 1789, que dejaba sin efecto el Auto Acordado de 1713 que, a imitación de la Ley Sálica francesa, excluía a las mujeres del trono. Se volvía así el derecho sucesorio tradicional castellano de Las Partidas, según el cual podían reinar las mujeres en caso de morir el monarca sin descendencia masculina.

Este hecho provocó el inicio de los primeros enfrentamientos civiles en la España del siglo XIX, como fueron la Primera Guerra Carlista (1833-1840) y la Segunda Guerra Carlista (1846-49), lo que, unido a la lucha política encarnizada entre moderados y progresistas (las dos Españas), dio lugar a un reinado difícil, para el que no estaba preparada Isabel II, ya que se inclinó sistemáticamente hacia los moderados, obligando a los progresistas a recurrir a la fuerza para tener opción de gobernar; de ahí la sucesión de pronunciamientos militares, frecuentemente combinada con algaradas callejeras, para forzar un cambio político.

Sin embargo, tras el Pacto de Ostende de 1866, los progresistas, nuevamente excluidos del poder, se inclinaron otra vez por la vía insurreccional, pero, en esta ocasión, exigieron el destronamiento de Isabel, a la que acusaban de intervencionismo partidista y deslealtad.

La Reina de los tristes destinos, como también ha sido llamada, tuvo que hacer frente a la Revolución de 1868 (conocida como La Gloriosa), que la obligó a abandonar España en tren desde San Sebastián, donde veraneaba. Isabel II se exilió en Francia, acogida por Napoleón III y Eugenia de Montijo, y estableció su residencia en el parisino Palacio de Castilla hasta su muerte acaecida en París en 1904.

Alfonso XIII

Es el último monarca de la dinastía borbónica que tuvo que fijar su residencia fuera de España antes del rey emérito Juan Carlos I. Nacido en 1886, su madre, María Cristina de Habsburgo-Lorena, ejerció como regente hasta 1902, cuando Alfonso alcanzó la mayoría de edad. En su intento de regenerar España tras el desastre de 1898, intervino en demasiados asuntos políticos. Además, su reinado se vio dificultado por los problemas causados por las guerras de Marruecos, el movimiento obrero y el nacionalismo vasco y catalán.

La neutralidad española durante la I Guerra Mundial favoreció el crecimiento económico, pero también supuso el aumento de la agitación social. El reajuste económico posterior al conflicto bélico, los fracasos militares en Marruecos, las revueltas sociales y los problemas regionales aumentaron las dificultades internas y la debilidad de los gobiernos, incapaces de afrontar la situación. El golpe militar de Miguel Primo de Rivera en 1923, llevado a cabo con el consentimiento del monarca, fue la solución de fuerza que intentaba solucionar la crisis.

Pero, tras una aceptación inicial del mismo, la experiencia autoritaria fracasó y el rey intentó en 1930 restaurar el orden constitucional. Sin embargo, los partidos republicanos, socialistas y el nacionalismo se unieron contra la Monarquía. La victoria de estos en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, hizo que el monarca abandonara el país, pensando que así podría evitar una lucha civil, que solamente sería aplazada con la proclamación de la II República, el 14 de abril de 1931.

Alfonso XIII fijó su exilio en Roma, desde donde hacía numerosos viajes por Europa, alojándose en hoteles de lujo que pudo costearse con dinero que ingresó previamente en cuentas bancarias suizas e inglesas. Al poco tiempo se separó de su esposa, Victoria Eugenia de Battenberg.

El 15 de enero de 1941 abdicó en favor de su hijo Juan y, a penas un mes después, murió en el Gran Hotel de Roma, ciudad en la que permanecieron sus restos hasta que su nieto, el rey Juan Carlos I, ordenó que fueran enviados al Panteón Real del Monasterio de El Escorial.

Por su parte, su hijo Juan, conde de Barcelona, renunció a sus derechos al trono en 1977, en favor de su hijo Juan Carlos, que había sido nombrado rey en 1975, a la muerte de Francisco Franco Franco, en virtud de la ley de sucesión a la jefatura del estado de 1947.

Comentar ()